Una reforma que puede tener costos ocultos

La Provincia jugó al despiste en la votación de la reforma laboral pero no podrá evitar pagar algunos de los costos de una ley tan determinante en la vida de la gente. Peronistas enojados y gremialistas que se preguntan cuál será el juego político en un partido que siempre dijo defender trabajadores y derechos.

Reforma

El filósofo francés Jean-Paul Sartre sostenía que somos una mezcla de facticidad y trascendencia y donde lo primero son los hechos que nos condicionan pero que no elegimos como el lugar donde nacimos, el tiempo histórico que nos tocó vivir y las circunstancias del mundo que nos condicionan. La trascendencia es nuestro espacio de construcción vital, de crecimiento. Lo que hacés con esos hechos y la capacidad de asignar significados.

La gestión de Martín Llaryora parece lidiar solamente con el primer término de esta conceptualización afrontando el día a día entre recortes, quitas, podas, motosierras, cajas, fondos que le impone la ola Milei. En segundo plano quedan las buenas intenciones por modificar esos hechos que condicionan o las narrativas que se proponen romper el cerco de la furia libertaria digital. Cualquier iniciativa, por buena que sea, es devorada por una agenda conversacional que tritura un programa de gobierno en un tuit. Todo es un presente perpetuo y los therians no son un fenómeno, son cortinas.

La reforma laboral es una versión de la trascendencia que el gobierno libertario plantea para la sociedad y a futuro, más allá de las valoraciones que cada uno pueda tener. La ley le cambiará la vida a millones de ciudadanos que verán transformado de modo rotundo el órden que alguna vez surgió de los ritmos del trabajo, los horarios, las remuneraciones o el descanso. Las negociaciones dejarán de estar mediadas por gremios y serán por regiones o empresas, las condiciones se fijarán libremente (en el marco de relaciones desiguales) y el cese del vínculo será menos costoso para el empresario.

Ante semejante cambio el gobernador se refugió en el secretismo y eligió esquivar las definiciones y evitar a toda costa la confrontación con el presidente. Aseguran desde el Panal que nunca pudieron recuperar los puntos perdidos en aquellos días en que despuntaban las nuevas gestiones.

Los legisladores nacionales del cordobesismo dejaron de responder mensajes que les pedían reuniones para plantearles posturas que pudieran llevar al Congreso. Varios sindicatos, muy afectados por el proyecto quisieron convencer a diputados o a la senadora Alejandra Vigo ya que Llaryora dijo que cada uno podía votar según su criterio individual. “No conseguimos ni cinco minutos, café de por medio, con algún cordobesista”, se quejaba amargamente un gremialista del rubro industrial.

En el recinto, el bloque de Provincias Unidas estuvo más dividido que nunca con apoyos explícitos a la ley, con rechazos y hasta con ausencias sospechosas a la hora de votar. Lo mismo ocurrió en el sub bloque cordobés que dejó la banca vacía a la hora del tratamiento del ex gobernador Juan Schiaretti entre otros. Lo que se dejó trascender y se anticipó en esta columna la semana pasada es que Córdoba podría conseguir la duplicación de los montos que recibe por la Caja de Jubilaciones pero por ahora no hay nada concreto. Un precio alto por montos escasos.

Responsabilidades compartidas, costos compartidos

Previo al debate en Diputados a la carrera mediática de los días previos la ganó el tema de las licencias médicas al 50 o al 75 por ciento según la responsabilidad del trabajador en la lesión o la enfermedad. La Casa Rosada percibió el impacto y la quitó del texto pero instaló en la discusión social el alcance de las reformas que se vienen. Diversas encuestas sondean un rechazo cercano al 60 por ciento de la gente y con una adhesión positiva a los cambios de un 30 por ciento: el núcleo duro de apoyo libertario.

Con el apoyo menguado en un tema de incidencia palpable en la vida cotidiana de la gente la pregunta que se impone es ¿cómo hará el gobierno para mostrar como un acierto lo que tantos empiezan a interpretar como una regresión en sus derechos? Si se traslada el interrogante a nivel local, ¿se diluyen las responsabilidades del oficialismo provincial por haber votado de manera dispersa? ¿Pagará algún costo por no haber ofrecido una posición política definida y coherente? ¿Alcanzan unos recursos provisorios e insuficientes para definir una postura oscilante ante una ley que determinará las relaciones laborales de millones de argentinos en el futuro?

Un gremialista con tres décadas de militancia en el PJ se lamentaba por el resultado del debate y describe la incómoda posición en la que quedan las bases con contacto directo con la gente y el territorio: “Los que nos odian nos dicen ‘peronista’ como insulto y los que se sienten orgullosos de ser peronistas nos van a odiar por no defender los derechos que nos hicieron un partido histórico”.

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