Una semana de reacciones
A diferencia de Llaryora, el intendente de la ciudad decidió rápido y pidió reacción política a su mesa de colaboradores más cercanos ante el caso Agostina.
Desplazar a Ricardo Moreno del Concejo le costó caro ya que tuvo que sacrificar a uno de sus mejores funcionarios al bajarlo al recinto. “Si lo hizo con un cuadro fuerte como La Cava para mostrar reacción, imaginate lo que se viene para los que están abajo” dijo una fuente durante la mañana del miércoles.
El anticipo no era errado y tuvo como correlato el pedido de renuncias a todos los funcionarios de la Subsecretaría de Tránsito y Movilidad, que es encabezada por Eduardo Ramírez. De él depende la Escuela de Tránsito donde trabajaba Barrelier y, si bien se desconoce si le costará el puesto al ex director de la Tamse, se le atribuye el antecedente de la detención de un empleado del área y el allanamiento por la supuesta venta de licencias de conducir.
“Si tenes el área bajo control, no puede ocurrir que alguien falte 20 días por estar preso y que no salte ninguna alarma. Alguien debió avisar o, al menos, llamarle la atención. Lo segundo es que nadie repasó la lista con los candidatos a pasar a planta de contratados: siempre hay que puntear uno por uno. Si lo hicieron y se les pasó, es porque son inútiles. Y si no lo hicieron, son irresponsables” bramó un funcionario de llegada directa al intendente.
Ni una menos con cordobesistas
Liliana Montero, que ocupa una secretaría en el ministeriode Salud, fue la cara más conocida del cordobesismo en la Marcha de Ni Una Menos por las calles de la ciudad. También Victoria Flores, quien mantiene responsabilidades en el área de Ambiente. El resto del oficialismo siguió en sus despachos -y con silencio en redes- la manifestación que este año llevó como una consigna predominante a Agostina. Llaryora prefirió bajar mucho el perfil por estos días y continuó reuniéndose con su ministro de seguridad Juan Pablo Quinteros, que lo actualiza sobre los avances de la investigación y con quien acordó que la marcha sea custodiada por 400 policías mujeres.
Quienes lo frecuentan aseguran que respeta la decisión del intendente de excluir del Concejo al cuestionado Moreno, pero que no comparte el modo ni el tiempo. Desplazarlo implica admitir responsabilidades y exponerse en momentos de alta sensibilidad social.
Pero una de las preocupaciones centrales del gobernador es cuánto golpea a su imagen el escándalo nacional del caso. Un estudio, de una consultora que trabaja para el Panal, señaló el alto impacto del caso en el común de la gente: los posteos no están concentrados en pocas cuentas como ocurre cuando hay operaciones, sino que se producen espontáneamente como opinión de los ciudadanos. Pero lo que más afecta es el cambio de humor social de la conversación digital a partir de la conferencia del fiscal Raúl Garzón: pasó de neutra o preocupada, a negativa e indignada, con foco en la labor judicial y gubernamental.
Todo lo que está mal
“La conferencia del sábado es todo lo que está mal en comunicación de crisis, por el desacople total entre lo que creía Garzón (que la investigación era un éxito y porque resolvieron el caso) y lo que esperaba la gente (autocrítica por haber llegado tarde)”, explica un consultor en la materia.
Pero, al margen de la estrategia que se debe seguir en estos casos, hubo errores gruesos y mucha improvisación en momentos en que todos los canales de noticias del país seguían el tema en vivo y directo.
Con el fiscal general de vacaciones en una playa del Caribe y un adjunto de viaje de placer, la coordinación estuvo repartida entre Alejandro Pérez Moreno y José Gómez Demmel, ya que Bettina Croppi se aprestaba a asumir en la Procuración Penitenciaria.
“Para que te des una idea del grado de improvisación la conferencia fue organizada por el área de intendencia del edificio de Tribunales II. Son muy competentes en lo suyo, pero desconocen cómo se trabaja un evento que concentraba a todos los medios nacionales. Si hubiera estado presente un responsable de prensa no se le colaba entre los periodistas la ex concejala de izquierda Laura Vilches, que le hizo pasar el peor momento al fiscal Garzón” resumía un abogado que conoce a la perfección la labor con los periodistas.
