Petróleo por libertad: El silencio de Trump sobre la democracia en Venezuela

En su primer discurso tras la captura de Maduro, el mandatario mencionó 22 veces el crudo y ninguna la palabra "democracia", revelando un plan de intervención directa de petroleras de EE.UU.

Petróleo por libertad: El silencio de Trump sobre la democracia en Venezuela

Nube de palabras del discurso de Donald Trump.

En su primera alocución tras la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro, el discurso de Donald Trump estuvo marcado por un fuerte énfasis en los recursos energéticos. Un análisis de las palabras utilizadas por el mandatario republicano arroja un dato contundente: mencionó los términos «petróleo»«petrolero» o «petroleras» en 22 oportunidades, mientras que la palabra «democracia» no fue pronunciada ni una sola vez.

Si bien Trump habló de «libertad» y «justicia» para los venezolanos, evitó el término democracia, prefiriendo hablar de una «transición segura, adecuada y juiciosa» gestionada por Estados Unidos hasta que se estabilice el país.

El plan: cobrarse la deuda con crudo

El eje central de la intervención no fue la institucionalidad política, sino la recuperación económica a través de la intervención directa de compañías estadounidenses. Trump fue explícito al señalar que las «muy grandes compañías petroleras de Estados Unidos» entrarán a Venezuela para arreglar la infraestructura y «empezar a ganar dinero».

Seguridad y control

Trump justificó la intervención militar no solo por el narcotráfico, sino por la necesidad de asegurar el suministro energético en el hemisferio. «Tenemos que tener energía que sea energía real… Es muy importante que la protejamos», sostuvo, vinculando la seguridad nacional de EE.UU. con el control de los recursos venezolanos.

Según el discurso de Donald Trump, la industria petrolera estatal venezolana será intervenida de facto por las grandes compañías petroleras estadounidenses. El plan no contempla una privatización inmediata en el sentido tradicional, sino una operación controlada donde las empresas de EE.UU. invertirán para reparar la infraestructura «podrida» y se cobrarán esas inversiones y las deudas históricas directamente con el flujo de petróleo que se extraiga, asumiendo la gestión operativa de los yacimientos.

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