La política argentina se parece, a veces, a una partida de truco donde todos esconden el ancho de espadas hasta el último minuto. La intención del Gobierno Nacional de borrar del mapa las Paso sacudió el avispero y dejó a la vista que, dentro de la Unión Cívica Radical, el consenso es un bien que escasea. En el Senado, los 10 votos radicales valen oro puro para el oficialismo, que necesita llegar a la cifra mágica de 37 voluntades para avanzar con su reforma electoral. Pero la tropa roja y blanca está partida al medio.
Por un lado camina Eduardo Vischi. El jefe del bloque radical presentó un proyecto que busca quitarle el peso de la obligación al ciudadano. Para él, votar en las primarias debería ser un derecho, no una carga pública con amenaza de sanción. Propuso que, si un partido no tiene competencia interna, se saltee esa instancia. «Buscamos un equilibrio», dijo, cuidando el bolsillo de todos pero sin matar la herramienta.
📻💻 @979Now @paulinor76: Debemos debatir sobre las PASO y la forma en la que elegimos candidatos despojados de conveniencias políticas. Mi proyecto es un aporte en ese sentido: busca mejorar una herramienta que ordena, actualizándola para que sea más eficiente y transparente. pic.twitter.com/zL8YrLRVxp
— Peteco Vischi (@petecovischi) April 27, 2026
Del otro lado del pasillo asoma Maximiliano Abad. El bonaerense no quiere saber nada con que la gente deje de ir a las urnas si hay interna. Solo acepta suspender la elección cuando existe lista única, para evitar gastos estériles, pero sostiene que la democracia es una inversión y no un simple renglón en la planilla de gastos administrativos. Para Abad, la ciudadanía debe seguir como protagonista para evitar que las cúpulas partidarias elijan a dedo, como en las viejas épocas.
Mientras los radicales debaten, apareció Osvaldo Jaldo con los tapones de punta. El gobernador tucumano, que venía jugando de aliado estratégico, se desmarcó y tildó a la reforma como un «traje a medida» para La Libertad Avanza. Jaldo olió un retroceso democrático y avisó que el PJ de su provincia tampoco acompañará la Boleta Única. Para completar el cuadro, Cristian Ritondo lamentó que el Gobierno mandara el proyecto al Congreso sin tomarse un café antes con el PRO. El jefe de la bancada amarilla también pidió un término medio y avisó que, en política, no todo es blanco o negro. El tablero se mueve y el oficialismo tendrá que sudar la gota gorda para que su traje no quede guardado en el ropero.
