Reforma laboral sin perspectiva de género: las brechas que persisten en el trabajo

Aunque la legislación argentina reconoce la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres, especialistas advierten que persisten desigualdades estructurales vinculadas al cuidado, el acceso al empleo y el diseño del sistema laboral. La reciente reforma laboral dejó fuera debates clave sobre género.

Reforma laboral

Cuidados y licencias: temas ausentes en la reforma laboral.

Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que recuerda las luchas históricas por los derechos laborales y sociales de las mujeres. A más de un siglo de aquellas primeras reivindicaciones, en Argentina el principio de igualdad en el trabajo está reconocido en la legislación, aunque en la práctica persisten brechas significativas.

Para la abogada litigante Constanza Mariasch, miembro del Estudio Mariasch, el marco jurídico argentino reconoce con claridad el principio de igualdad salarial. “La legislación argentina es bastante clara en este punto. El principio de igual remuneración por igual tarea no distingue de géneros. Está reconocido tanto en la Constitución Nacional como en la Ley de Contrato de Trabajo”, explicó.

Además, Argentina ratificó convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que refuerzan este principio.

Sin embargo, la especialista advierte que el principal problema no radica en la falta de normas, sino en que esos derechos, “ya reconocidos en el plano jurídico”, se materialicen efectivamente en la práctica laboral cotidiana.

Las desigualdades se expresan en distintos niveles del mercado laboral: desde los ingresos y el acceso a puestos jerárquicos hasta la posibilidad de sostener trayectorias laborales continuas. Diversos estudios muestran que las mujeres continúan concentrándose en sectores peor remunerados, registran mayores niveles de informalidad y tienen menor presencia en cargos de decisión.

Según datos del Indec, las mujeres perciben en promedio alrededor de un 27-29% menos de ingresos laborales que los varones, una brecha que se amplía en los sectores informales. Especialistas en mercado laboral señalan que esta desigualdad responde a factores estructurales, entre ellos la mayor carga de tareas de cuidado, la concentración de mujeres en sectores históricamente peor remunerados  y las interrupciones en las trayectorias laborales vinculadas a la maternidad.

La reforma laboral y una deuda pendiente

En ese contexto, la reciente reforma laboral reavivó el debate sobre cómo se regulan las condiciones de trabajo y qué lugar ocupa la perspectiva de género en esas discusiones.

Entre los cambios introducidos se encuentra la posibilidad de implementar bancos de horas, que permiten extender la jornada laboral en determinados períodos y compensarla luego con descanso posterior, sin el pago de horas extras. Este tipo de esquemas puede impactar especialmente en las mujeres, que siguen concentrando la mayor parte de las tareas de cuidado y tienen menor margen para flexibilizar o extender sus horarios laborales.

En el debate reciente sobre la reforma laboral, distintos sectores señalaron que la perspectiva de género quedó prácticamente ausente.

“Las reformas laborales suelen concentrarse en cuestiones de costos o modalidades de contratación”, sostuvo Mariasch, y agregó que incorporar la perspectiva de género “no debería ser un tema accesorio, sino un eje central cuando se discuten cambios en la regulación del trabajo”.

Diversas investigaciones sobre mercado laboral advierten que muchas regulaciones fueron diseñadas históricamente tomando como referencia trayectorias laborales continuas y sin interrupciones, un modelo más cercano a la experiencia masculina que a la de muchas mujeres, cuyas carreras suelen verse atravesadas por responsabilidades de cuidado.

La distribución desigual de estas tareas es uno de los factores que más inciden en la brecha laboral de género. Según datos del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), las mujeres argentinas dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios al trabajo de cuidados no remunerado, casi el doble que los hombres. Además, cerca de 1,8 millones de mujeres de entre 25 y 59 años están fuera del mercado laboral porque no logran compatibilizar empleo y responsabilidades de cuidado.

Distintas investigaciones sostienen que este trabajo funciona, en muchos casos, como un sostén invisible del sistema económico. Al realizarse mayoritariamente dentro de los hogares y sin remuneración, permite que una parte importante de la fuerza laboral participe del mercado de trabajo sin que esos costos sean asumidos por el Estado o por las empresas.

Para Mariasch, estas desigualdades impactan directamente en las trayectorias laborales. “Las mujeres cargan de manera desproporcionada con las tareas de cuidado. Eso genera interrupciones en sus carreras, menos oportunidades de capacitación y crecimiento y, como consecuencia, menor acceso a cargos jerárquicos y mayor precarización”, explicó.

Uno de los ejemplos más claros es el régimen de licencias parentales. Actualmente, la legislación argentina establece solo dos días de licencia por paternidad ante el nacimiento de un hijo. “Es una licencia breve y refuerza la idea de que el cuidado es una responsabilidad casi exclusiva de las mujeres”, sostuvo Mariasch. Según explicó, avanzar hacia una mayor igualdad en el mundo del trabajo requiere ampliar las licencias parentales y promover una distribución más equitativa de las tareas de cuidado.

Mariasch también señaló que otros aspectos del sistema laboral fueron diseñados históricamente sin contemplar diferencias de género. Un ejemplo es la normativa de riesgos del trabajo. “Durante décadas se pensaron tomando como referencia el cuerpo masculino”, explicó.

Según sostuvo, incorporar una verdadera perspectiva de género implica revisar esos instrumentos para contemplar cómo impactan las condiciones laborales en la salud de las mujeres y en sectores altamente feminizados.

A más de un siglo de las primeras luchas que dieron origen al 8 de marzo, la igualdad reconocida en la ley continúa conviviendo con brechas estructurales en el mundo del trabajo.

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