Las comidas copiosas que acumulamos dificultan la eliminación correcta de toxinas. Cuando esto ocurre, el cuerpo se «queja» y envía señales.
Veamos las principales.
1- Digestiones difíciles. Este síntoma puede manifestarse de diversas maneras. Algunas de las más habituales son: sensación de pesadez, gases, digestiones lentas y molestias intestinales. En ocasiones, especialmente después de una comida grasa, es posible sentir náuseas.
2- Cansancio. El hígado es el principal responsable de la obtención de energía del organismo, ya que interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas. Si se sobrecarga por el exceso de toxinas, los niveles de energía descienden. También puede ocasionar dolores de cabeza.
3- Estreñimiento. Una de las señales que acompañan a un hígado con problemas es la aparición de irregularidad a la hora de ir al baño. También es posible tener mal aliento (halitosis) y la lengua “sucia” (blanca o amarillenta).
4- Aumento de peso. La acumulación excesiva de toxinas en el hígado interfiere en su capacidad para ayudar a digerir las grasas. Por lo tanto, afecta a los procesos que ayudan a removerlas del organismo. Esta situación dificulta mantener un peso saludable, incluso cuando se sigue una dieta controlada en calorías.
5- Sudoración y mal olor corporal. Las dificultades que se producen por la retención de toxinas pueden causar sudoración excesiva y olores desagradables. La razón es que el cuerpo trata de regular la temperatura, ya que la temperatura del organismo sube debido a su lucha contra los agentes tóxicos y bacterias.
6- Acné quístico. La aparición repentina de granos de acné puede indicar un problema hormonal o con origen en el hígado. Si los granos son grandes, inflamados y tienden a dejar cicatrices en la piel, es probable que su origen tenga que ver con el mal funcionamiento de este órgano.
7- Reflujo gastroesofágico. El reflujo podría indicar que el hígado está lleno de toxinas. Tras comprometerse las funciones de este órgano, el pH de la sangre se altera y provoca exceso de acidez.
8- Cambios en el estado de ánimo. Además de los efectos fisiológicos, cuando el hígado se sobrecarga, también pueden detectarse cambios a nivel emocional. En este sentido, aumenta la irritabilidad, el nerviosismo o el decaimiento.
