Un equipo de científicos de Israel y Estados Unidos dio un paso clave en la medicina del futuro al desarrollar un implante biológico que funciona como un páncreas artificial y que, en el mediano plazo, podría poner fin a la dependencia de las inyecciones diarias de insulina para millones de personas con diabetes.
El avance fue anunciado por el Instituto Tecnológico de Israel (Technion) tras la publicación de los resultados en la revista científica Science Translational Medicine. Se trata de un sistema basado en células vivas que actúa como una “farmacia integrada” dentro del cuerpo: monitorea de manera constante los niveles de glucosa en sangre y produce y libera automáticamente la cantidad exacta de insulina que el organismo necesita.
A diferencia de las tecnologías actuales, el implante no requiere bombas externas ni dispositivos de control permanente por parte del paciente, lo que representa un cambio sustancial en la calidad de vida de quienes padecen la enfermedad.
Uno de los principales desafíos históricos de este tipo de desarrollos ha sido la respuesta del sistema inmunológico, que suele atacar los tejidos implantados. Para superar este obstáculo, los investigadores diseñaron un innovador “escudo cristalino” que protege al implante del rechazo, permitiéndole funcionar de manera estable y prolongada.
Hasta el momento, la tecnología demostró resultados exitosos en el control de la glucosa en estudios realizados con ratones y primates no humanos, manteniendo niveles estables durante largos períodos.
Si bien el foco inicial está puesto en la diabetes, los científicos señalaron que la plataforma podría adaptarse a otras patologías crónicas. Mediante la modificación de las células, el implante podría producir de forma continua proteínas específicas para tratar enfermedades como la hemofilia u otros trastornos genéticos y metabólicos.
De confirmarse su eficacia y seguridad en ensayos clínicos con seres humanos, este desarrollo marcaría un cambio de paradigma en la medicina, al reemplazar la administración manual y de por vida de medicamentos por una “terapia viva” capaz de autorregularse dentro del cuerpo humano.
