Las nuevas guías alimentarias publicadas recientemente en Estados Unidos encendieron el debate sobre los hábitos de alimentación y la calidad nutricional en distintos países.
El documento, elaborado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, plantea un mensaje central: priorizar alimentos reales y reducir el consumo de productos ultraprocesados con alto contenido de calorías, azúcares, sodio y grasas de baja calidad.
A partir de ese enfoque, especialistas argentinos analizaron el contenido del informe y señalaron que varias de sus recomendaciones permiten evidenciar déficits nutricionales en la niñez de Argentina. El análisis fue realizado por integrantes de PROFENI, un grupo de profesionales dedicado al estudio de la nutrición infantil en el país.
Las guías alimentarias suelen presentarse en diferentes formatos, como pirámides, platos o gráficos, pero comparten criterios generales sobre lo que se considera una alimentación saludable. Sin embargo, los especialistas subrayaron que cada país debe interpretarlas teniendo en cuenta su contexto social, cultural y la disponibilidad de alimentos.
Proteínas: clave para el desarrollo infantil
Uno de los ejes del documento es la importancia de asegurar un adecuado consumo de proteínas. Las recomendaciones destacan que este nutriente es fundamental en todas las etapas de la vida, especialmente durante la infancia, cuando cumple un rol decisivo en el crecimiento, el desarrollo muscular y diversas funciones cognitivas.
Las guías señalan que ciertos grupos poblacionales, como adultos mayores o personas con pérdida de masa muscular, pueden requerir ingestas superiores a las habituales, de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal. Estas proteínas pueden provenir tanto de fuentes animales como vegetales, entre ellas carnes, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos y semillas.
Lácteos y calcio: déficits persistentes
Otro de los puntos destacados del documento es la reivindicación del consumo de lácteos. Al igual que las recomendaciones vigentes en Argentina, las guías norteamericanas sugieren tres porciones diarias de alimentos como leche, yogur o queso.
No obstante, los especialistas advierten que en el país existe un marcado déficit en este aspecto. Según datos citados por los expertos, ocho de cada diez personas no alcanzan la cantidad recomendada de lácteos, mientras que el 70 % de los niños no cubre la ingesta diaria aconsejada de calcio. A esto se suma que más del 90 % presenta niveles insuficientes de vitamina D.
La incorporación regular de productos lácteos, remarcan, podría contribuir a revertir estas carencias nutricionales.
El rol de los alimentos fermentados
El documento estadounidense también destaca la importancia de la salud intestinal y de la microbiota, promoviendo el consumo de alimentos fermentados como parte de una dieta equilibrada.
Según explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química e investigador del CONICET en el Instituto de Lactología Industrial, estos alimentos aportan microorganismos vivos beneficiosos que favorecen la diversidad de la microbiota intestinal y contribuyen a la prevención de enfermedades.
Entre los ejemplos más difundidos se encuentra el yogur, considerado una fuente importante de bacterias beneficiosas. De hecho, algunos estudios ya plantean el concepto de una “dosis diaria de microorganismos vivos” como parte de la alimentación habitual.
Frutas, verduras y diversidad alimentaria
Las guías también promueven el consumo cotidiano de frutas y verduras. En concreto, recomiendan tres porciones diarias de vegetales y dos de frutas, una proporción similar a la sugerida en Argentina, donde se aconseja ingerir cinco porciones diarias sin distinción.
Para Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación, este punto abre una oportunidad para fomentar una mayor diversidad alimentaria aprovechando la amplia oferta de productos disponibles en las distintas regiones del país.
Grasas: calidad antes que cantidad
En relación con las grasas, el documento reconoce que algunas pueden utilizarse para cocinar, como la manteca o la grasa vacuna, aunque recomienda limitar las grasas saturadas a menos del 10 % del total de calorías consumidas.
La médica especialista en nutrición Mónica Katz señaló que es importante diferenciar entre tipos de grasas. Según explicó, la clave es priorizar aquellas de mejor calidad nutricional, como las presentes en el aceite de oliva, frutos secos, semillas, palta, pescado, huevos y lácteos.
Un llamado a revisar las políticas alimentarias
Desde PROFENI consideraron que el nuevo documento internacional constituye una oportunidad para repensar las recomendaciones alimentarias locales y fortalecer las políticas públicas orientadas a mejorar la salud nutricional de la población.
Los especialistas remarcaron que las guías deben adaptarse a la cultura alimentaria y a las necesidades reales del país, pero también incorporar la evidencia científica más reciente para enfrentar desafíos como los déficits nutricionales en la infancia.
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