En Argentina, se estima que unas 100.000 personas conviven con la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurológico crónico y progresivo que impacta principalmente en el control del movimiento.
Qué es el Parkinson y cómo se manifiesta
El Parkinson se produce por la pérdida de neuronas que generan dopamina, una sustancia esencial para la coordinación motora. A medida que avanza, puede afectar la autonomía de las personas y generar complicaciones asociadas.
Los síntomas suelen aparecer de forma gradual. Entre los primeros signos se encuentran:
- Temblor leve en una mano, pie o mandíbula
- Rigidez muscular
- Lentitud en los movimientos
- Problemas de equilibrio, con mayor riesgo de caídas
Además de los síntomas motores, también pueden presentarse alteraciones del sueño y del estado de ánimo.
Evolución y tratamiento
En las etapas iniciales, los síntomas suelen responder favorablemente al tratamiento médico. Sin embargo, con el tiempo pueden aparecer fluctuaciones en la respuesta a la medicación, conocidas como períodos “ON” y “OFF”.
El abordaje requiere un seguimiento integral, que contemple tanto los aspectos físicos como emocionales de la enfermedad.
El rol clave de la actividad física
La actividad física regular es considerada una herramienta terapéutica fundamental. Entre sus beneficios se destacan:
- Mejora de la marcha, fuerza y equilibrio
- Impacto positivo en el ánimo y el descanso
- Contribución a sostener la independencia funcional
Se recomienda realizar ejercicios aeróbicos, de fuerza y equilibrio, adaptados a cada persona y en los momentos del día en que la medicación tiene mayor efecto.
Información y acompañamiento
El acceso a la información y el acompañamiento resultan centrales para quienes transitan la enfermedad. En este contexto, la organización Parkinson Argentina trabaja en la difusión de recursos, investigación y apoyo a pacientes.
Desde la entidad advierten que, aunque existe un estereotipo asociado a personas mayores, el Parkinson también puede afectar a personas jóvenes, lo que implica desafíos adicionales, especialmente en ámbitos como el laboral.
Asimismo, se estima que entre un 10% y un 15% de los casos tienen un componente genético, y en el país se impulsan estudios que permiten investigar estos factores con participación voluntaria.
El diagnóstico temprano, el acceso a tratamientos y el acompañamiento del entorno son factores clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad.
