Hace un tiempo nos sumergimos en un proceso de cambios, con el objetivo de convertir la cantidad de lectores que estaban del otro lado de nuestras páginas o de la pantalla, en una comunidad con la que podamos dialogar, a quienes podamos preguntarles sobre sus problemas y ayudarlos a encontrar soluciones. A informarlos permanentemente, distraerlos cuando lo necesiten, contarles historias que aporten a su cultura general, mantenerlos al tanto de las tendencias en redes sociales, entre muchas otras cosas por las que seguimos trabajando diariamente. El sentido de comunidad no es para nosotros algo más. Es conversación, es escucha, es retroalimentación.
Con ese objetivo creamos la sección Hoy Comunidad, que permite a los lectores redactar y publicar una nota como lo hacen los periodistas del medio. Es un espacio para ellos, y para conocer los temas de los que quieren hablar, y que hablemos. No siempre todos abren conversaciones, pero si tienen algo para decir, por eso también incorporamos los comentarios, además de likes a las notas, formas de participación claves para fomentar ese sentido de comunidad.
Como lo dice el nombre del medio, el acento siempre está puesto en Córdoba, pese a que en nuestras páginas dediquen espacios a lo que sucede en el resto del país y el mundo, porque es parte de nuestro trabajo de informar. Los lectores más atentos habrán notado que las temáticas de mayor repercusión, sucedan acá o a miles de kilómetros, tienen la opinión de protagonistas, testigos, funcionarios y profesionales cordobeses.
“Periodismo con agenda propia”, es una de las premisas que nos acompañan hace años, pero que hoy tiene mucha más fuerza: mirar más allá de lo evidente, encontrar historias que merezcan ser contadas y generar contenidos propios que abran nuevas miradas sobre aquello que pasa, incluso cuando todavía no es noticia para el resto.
Son tiempos raros, con cambios permanentes, en el modo de hacer y en el modo de consumir periodismo. Pero igual se debe hacer periodismo del bueno. Puede ser que ahora seamos un multimedio digital que tiene un subproducto que se imprime en papel. Pero los suscriptores tienen ahora más participación. Y usamos cada vez más la inteligencia artificial. Pero para dedicarle más tiempo a esas notas y análisis que la gente necesita leer. Leer, de eso se trata.
Leila Guerriero, sobre la profesión periodística
Para ser periodista hay que ser invisible, tener curiosidad, tener impulsos, tener la fe del pescador —y su paciencia—, y el ascetismo de quien se olvida de sí —de su hambre, de su sed, de sus preocupaciones— para ponerse al servicio de la historia de otro. (…) Atravesar un campo de correcciones infinitas, buscar palabras donde parece que ya no las hubiera. Llegar, después de días, a un texto vivo, sin ripios, sin tics, sin autoplagios, que dude, que diga lo que tiene que decir —que cuente el cuento—, que sea inolvidable. Un texto que deje, en quien lo lea, el rastro que dejan, también, el miedo o el amor, una enfermedad o una catástrofe.
«(Del arte de) contar historias reales», El País, 2010.
Sobre la actualidad de los medios gráficos
Andy: (Sosteniendo una bandeja, mirando las opciones de ensaladas) No puedo creer que sigamos debatiendo esto. Los números no mienten, Nigel. Las suscripciones impresas cayeron otro doce por ciento este trimestre. El papel se está convirtiendo en un artículo de lujo, no en un medio masivo.
Nigel: (Sirviéndose una porción minúscula de salmón, impecablemente vestido) Oh, Andy, por favor. Qué visión tan dolorosamente utilitaria. El papel no está muriendo, se está refinando. Una pantalla jamás podrá replicar el peso táctil de un papel satinado de doscientos gramos, ni el aroma de la tinta fresca de una edición de setecientas páginas. La experiencia digital es un carbohidrato rápido; el papel es alta cocina.
Fragmento de la película El Diablo Viste a La Moda 2, 2026.
