Cada 13 de abril se conmemora el Día Internacional del Beso, una fecha que invita a reflexionar sobre uno de los gestos más simples y, a la vez, más profundos en las relaciones humanas. Lejos de ser solo una expresión romántica, besar implica una conexión emocional y biológica que fortalece vínculos. Sin embargo, en la Argentina actual, ese gesto parece haber perdido fuerza dentro de muchas parejas.
Según un reciente informe de la aplicación de encuentros no monógamos Gleeden, el beso se transformó en un termómetro de la vida afectiva. Los datos son contundentes: el 88% de las usuarias afirma que sus besos más intensos ocurren fuera de la relación formal, mientras que un 45% reconoce que la intimidad cotidiana ha dejado de incluir este tipo de contacto.
La explicación, de acuerdo al relevamiento, no se vincula únicamente con lo físico. El deseo femenino muestra un cambio de paradigma: el 55% de las mujeres asegura que la atracción nace hoy de la conexión intelectual, en lo que se define como una tendencia hacia la sapiosexualidad. En este contexto, el beso deja de ser un acto automático y pasa a ser la consecuencia de un intercambio significativo, capaz de romper con la rutina.
El informe también advierte sobre un desgaste emocional dentro de las parejas estables. Cuatro de cada diez mujeres reconocen que la pasión en el hogar se ha diluido, impulsándolas a buscar experiencias que reactiven la sensación de ser vistas y deseadas. Factores como el estrés, la monotonía y las exigencias diarias aparecen como elementos que erosionan la intimidad.
“Cuando desaparece el beso en la convivencia, no solo se pierde la pasión, sino también el reconocimiento emocional”, explicó Silvia Rubies, vocera de Gleeden en Latinoamérica. En esa línea, el estudio indica que siete de cada diez mujeres buscan fuera de la pareja una validación personal que ya no encuentran en su vida cotidiana.
En paralelo, las nuevas dinámicas de encuentro se adaptan a los ritmos actuales. Predomina el llamado “dating de cercanía”, con citas organizadas en un radio reducido y en plazos breves: seis de cada diez usuarias prefieren concretar un encuentro físico en menos de una semana, evitando las largas conversaciones virtuales.
En este escenario, el beso adquiere un valor simbólico aún más fuerte. Para el 93% de los argentinos, besar a un tercero implica una transgresión mayor que un intercambio virtual, debido a la carga emocional y biológica que conlleva.
La efeméride también tiene un origen singular. Se celebra en esta fecha en homenaje a una pareja tailandesa, Ekkachai y Laksana Tiranarat, que en 2013 batió el récord del beso más largo de la historia al permanecer unidos durante más de 58 horas. Desde entonces, el día quedó instalado como una celebración global del afecto.
Más allá de los datos y las tendencias, especialistas coinciden en que besar activa la liberación de endorfinas y oxitocina, hormonas asociadas al bienestar y al fortalecimiento de los vínculos. En tiempos donde las relaciones se redefinen, el beso sigue siendo un lenguaje universal que, cuando falta, deja en evidencia aquello que muchas veces no se dice.
En este 2026, el Día Internacional del Beso no solo celebra el amor, sino que también expone las transformaciones en la forma de vincularse: menos automatismo, más búsqueda de conexión real, y un gesto que, lejos de perder vigencia, se vuelve cada vez más significativo.
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