Fuerza Mayor es una comunidad artística y social de la ciudad de Córdoba que utiliza el ritmo de los tambores como herramienta de encuentro, empoderamiento y salud para las personas mayores. Este proyecto colectivo funciona como un espacio de resistencia cultural donde la música se convierte en el lenguaje principal para reivindicar un envejecimiento activo, pleno y profundamente vinculado con la alegría compartida.
La iniciativa nació en 2015 bajo la forma de un taller de Círculo de Tambores que se desarrolló en distintos espacios socio-recreativos de la capital provincial. Desde aquella primera convocatoria, la necesidad de fabricar los propios instrumentos se convirtió en un rasgo identitario fundamental que marcó el espíritu autogestivo y colaborativo del grupo. Con el paso del tiempo, este espacio evolucionó hasta transformarse en un proyecto cultural de carácter independiente y autónomo. A lo largo de los años, el grupo atravesó desafíos y transformaciones profundas, incluyendo el periodo de la pandemia, situaciones que no hicieron más que reafirmar su identidad como comunidad sólida.
Ese camino de crecimiento constante llevó a que en 2023 el proyecto se constituyera formalmente como fundación con el propósito de expandir su alcance y seguir impulsando el arte entre los mayores. En la actualidad, más de 100 integrantes participan activamente en el Círculo de Tambores Fuerza Mayor, un espacio que celebra la música de quienes eligieron latir al ritmo de la percusión. Bajo la guía y la pasión del profesor Lukas Esquivel, este sueño colectivo demuestra a diario que la edad no representa un límite, sino que funciona como un nuevo comienzo para el desarrollo personal y colectivo.
La organización impulsa una perspectiva positiva sobre el envejecimiento mediante la generación de oportunidades para el bienestar físico, mental, emocional y social. El objetivo central reside en fortalecer la esperanza de vida saludable y la calidad de la misma, promoviendo una participación activa en la producción cultural y en la transformación de la sociedad. Como organización social innovadora y dinámica, Fuerza Mayor responde con creatividad a los desafíos del presente y aspira a consolidar un espacio inclusivo donde las personas mayores ejerzan plenamente sus derechos con total autonomía.
La base de esta construcción se sostiene en principios irrenunciables como la inclusión y la diversidad, ya que el grupo cree firmemente en la importancia de los espacios accesibles y equitativos. Asimismo, fomentan el empoderamiento y la capacidad de decisión en cada etapa de la vida, desarrollando proyectos que desafían los paradigmas tradicionales sobre la vejez a través de la innovación constante. Este compromiso social busca generar un impacto real en la comunidad y contribuir a una transformación cultural que valore la experiencia y el aporte de los mayores bajo una mirada de respeto y dignidad humana.
En Fuerza Mayor se entiende que toda construcción colectiva necesita cimientos sólidos para fortalecerse. Por este motivo, el espacio promueve el desarrollo individual bajo preceptos que garantizan la participación activa. Este compromiso se fundamenta legal y éticamente en la Convención Interamericana sobre Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, asegurando la valorización de su rol en la sociedad y la igualdad de oportunidades. La comunidad se construye desde la solidaridad y el reconocimiento de la diversidad, lo que fomenta un entorno seguro y participativo para todos los que deciden sumarse a esta experiencia rítmica.
Finalmente, el proyecto de la fundación reivindica el envejecimiento autónomo tomando como soporte de acción los nuevos paradigmas de la vejez. Para lograrlo, el trabajo se despliega en cuatro dimensiones fundamentales que se entrelazan de manera constante. Existe una dimensión social que abraza el envejecimiento con una perspectiva de cuidado y dignidad, la cual se complementa con una dimensión cultural que conecta a los integrantes con la música desde un proceso integral. A esto se suma una dimensión recreativa necesaria para transitar estos espacios con alegría, juego y contención afectiva, y una dimensión artística donde cada participante desarrolla su potencial musical en todas sus formas posibles.
Hoy Día Córdoba habló con Lukas Esquivel, creador y director de Fuerza Mayor para conocer de cerca los procesos creativos que se desarrollaron para convertir un sueño en realidad.
-HDC: ¿Qué fue lo que viste en el formato del Círculo de Tambores que te hizo pensar que era la herramienta perfecta para personas mayores en Córdoba?
-Lukas Esquivel: Si bien lo observamos como un formato, en realidad es una experiencia ancestral donde el tambor y la comunidad se reúnen para que el pulso siga andando. No es un invento mío. Toco desde los 5 años y la mejor experiencia fue siempre tocar con otros. Ese círculo establece un escenario de igualdad y equidad respecto a un centro simbólico. Lleva una esencia que hace que las personas busquen su propia identidad y compartan un espacio donde nadie ocupa un lugar diferente al de los demás. En comunidades como Fuerza Mayor, esto permite vivenciar un escenario para encontrarse a uno mismo y crear colectivamente. No es solo una herramienta para niños o mayores. Es un proceso aplicable a la vida porque está conectado con un sentido profundo de la naturaleza.
-HDC: ¿Cómo reaccionaron los integrantes cuando les propusiste que ellos mismos debían fabricar sus propios instrumentos?
-LE: Fabricar nuestros instrumentos no fue una decisión consciente, sino una necesidad. El primer taller de Fuerza Mayor superó toda expectativa con más de 70 inscriptos, lo que me obligó a buscar una estrategia para que cada persona tuviera su tambor. Así nació la oportunidad de que cada uno lo construyera para sí mismo. Aunque no estaba planificado, esto terminó transformando nuestra identidad: hoy los instrumentos son fabricados por los propios participantes. Esta experiencia potencia el vínculo y la pertenencia con el espacio. Es algo difícil de explicar porque intervienen factores físicos y emocionales; hay que poner el cuerpo, doblar hierro y luego ejecutar lo que uno mismo creó. Hace 11 años la recepción del grupo fue excelente porque, además de no haber otra opción, resultó una situación totalmente disruptiva. No había memoria previa de haber fabricado un instrumento en la vida, y esa falta de antecedentes convirtió al proceso en una aventura y en una experiencia única.
-HDC: ¿Cuál es el cambio más sorprendente que viste en la actitud o en la salud de un integrante después de unos meses de tocar el tambor?
-LE: Las personas llegan a Fuerza Mayor desde procesos vitales muy distintos: soledad, duelos, o la incertidumbre tras la jubilación. Aunque los puntos de partida varían, el común denominador es la transformación. Poco tiempo después de llegar, quienes estaban bajoneados encuentran un grupo de pertenencia. No es solo el tambor; intervienen factores socio-recreativos y un mensaje que no está infantilizado. Es un espacio de adultos donde se exploran desafíos comunes de forma cuidada. El factor humano es determinante: el proceso no es individual, sino algo que nos sucede. En una sociedad marcada por el individualismo y la grieta, construimos un espacio colectivo donde podés apoyarte en otros y otros pueden apoyarse en vos. No se viene solo a recibir; se establece una situación de soberanía donde nadie le debe nada a nadie. Esa construcción de empatía y escucha atenta lleva tanto tiempo como aprender un ritmo, pero es allí donde se generan los verdaderos cambios.
-HDC: ¿Cómo es tu proceso para coordinar a un grupo grande de personas con realidades tan diversas y lograr que suenen como una sola comunidad?
-LE: Trabajar con más de 100 personas mayores es un desafío que no se hace solo. Cuento con una red de apoyo y un equipo dedicado. Existe un prejuicio clásico que iguala a los viejos con los niños, pero la realidad es totalmente distinta. A diferencia de otras edades, las personas mayores se adueñan del espacio, se apropian de la idea y asumen un rol de protagonismo real. Mi tarea es generar propuestas claras, con objetivos y una visión definida. Cuando la misión es transparente, el participante genera una pertenencia inmediata. Al círculo de tambores llegan personas con diferentes ideologías y miradas del mundo, pero el objetivo común hace que esa diversidad nos nutra; si no, sería un monocultivo de cerebros. En Fuerza Mayor aprendemos de las diferencias bajo el respeto, la empatía y la libertad. La coordinación es un ida y vuelta constante, donde la claridad de lo que proponemos permite que cada persona sea la verdadera protagonista de su propia experiencia.
-HDC: ¿Cuál es el prejuicio sobre la vejez que más te molesta y cómo intenta Fuerza Mayor derribarlo desde el escenario?
-LE: Tengo 45 años: nunca tuve 70 u 80. Quienes trabajamos con personas mayores teorizamos, pero no tenemos idea de qué se siente en esa etapa. Por eso, el desafío en Fuerza Mayor es la escucha atenta. Solo oyendo sus voces podemos desarmar nuestros propios prejuicios y estereotipos negativos sobre la vejez. Existe una mirada donde el arte para los mayores es apenas un subsidio de la salud: hacés percusión o danza ‘porque te hace bien para’ algo médico. Nosotros queremos romper eso y alentar la dimensión artística y de producción cultural. Queremos que la persona mayor sea protagonista de una nueva narrativa y no solo un sujeto pasivo al que se le dice ´tu vida ya concluyó. ¿Quién dictaminó que después de los 60 no podés revelarte como artista? Combatimos ese mandato de que ´el tren ya pasó´. Una persona de 80 años tiene un potencial enorme. Escuchó más música y atravesó más historias que yo. Nuestra tarea es generar un espacio donde el adulto mayor esté al frente del proceso creativo. Allí es donde el relato cambia y ocurre la verdadera transformación social: cuando la persona se apropia del mensaje y lo convierte en su propia bandera.
