La historia de «Tero» Valverde Suárez deja de ser una incógnita

A 48 años de su secuestro, el abogado y militante cordobés fue identificado junto a otros 12 cuerpos en el ex centro clandestino. La noticia, cargada de alivio y dolor, vuelve a poner en evidencia la lentitud de la justicia y la persistencia de la memoria.

La historia de "Tero" Valverde Suárez deja de ser una incógnita

Tras casi cinco décadas de incertidumbre, la identificación de Eduardo “Tero” Valverde Suárez en La Perla devuelve su nombre a la historia y expone, una vez más, la persistente deuda de verdad y justicia.

En el mismo calendario que marcó su desaparición, la historia de Eduardo Jorge “Tero” Valverde Suárez encontró finalmente una respuesta. A casi medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, sus restos fueron identificados junto a otros 12 en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio La Perla, uno de los engranajes más brutales del terrorismo de Estado en Córdoba.

La confirmación llegó como un golpe inesperado para su familia. En diálogo con este medio, a través del columnista Vasalo, su madre relató que la noticia la tomó por sorpresa, aunque no dejó de señalar el largo y sinuoso camino judicial: “La justicia trabajó muy lento”, resumió con la contundencia de quien esperó décadas por una respuesta.

Valverde Suárez había sido secuestrado la misma tarde del golpe, cuando se presentó, como abogado defensor, en un puesto de Guardia Militar a cargo de la Fuerza Aérea Argentina, ubicado en la esquina de Jujuy y avenida Colón, a metros del Hospital Aeronáutico. Había acudido junto a dos colegas, en respuesta a una intimación previa que incluso había llegado hasta su domicilio. Nunca volvió.

La madre de Eduardo Jorge Valverde Suarez.

Tenía 36 años

Nacido el 26 de octubre de 1939 en Mendoza, “Tero” construyó su vida en Córdoba. Cursó el secundario en el Colegio Nacional Deán Funes y se graduó como abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Durante sus años universitarios fue delegado en la Federación Universitaria de Córdoba y en la Federación Universitaria Argentina, participando activamente en la vida política estudiantil.

Ya recibido, se dedicó a la defensa de presos políticos y fue uno de los fundadores de la Agrupación de Abogados de Córdoba (ADA), en una época donde ejercer el derecho implicaba, muchas veces, poner el cuerpo frente a la persecución estatal.

Comprometido con el peronismo, también ocupó funciones públicas como secretario durante la gobernación de Ricardo Obregón Cano y la vicegobernación de Atilio López, en los años previos al golpe. Su militancia y su trabajo lo convirtieron en un blanco directo de la represión.

Tras su secuestro, permaneció cautivo en los centros clandestinos La Ribera y La Perla, donde miles de detenidos-desaparecidos fueron torturados y asesinados. Recién en 2016, en el marco de la megacausa La Perla-La Ribera-D2, los responsables de su desaparición fueron condenados, en uno de los juicios más importantes por crímenes de lesa humanidad en Argentina.

Sin embargo, la condena no alcanzó para cerrar su historia. Durante años, su familia siguió buscándolo .

En medio de ese proceso, el Archivo Provincial de la Memoria impulsó la intervención urbana “Los Árboles de la Vida”, colocando un árbol en su homenaje en la Plaza de los Niños, cerca del lugar donde fue secuestrado. Un símbolo de memoria en una ciudad atravesada por ausencias.

Hoy, ese árbol tiene un nombre que vuelve a pronunciarse con otra fuerza.

La identificación de sus restos no es solo un avance judicial o policial: es un acto político y humano. Porque cada cuerpo recuperado es también una historia que se rescata del olvido, una identidad y una familia que puede completar su historia y conciliar un duelo.

Pero también expone, una vez más, la deuda del Estado con las víctimas y sus familias. La demora en los procesos, las décadas de incertidumbre y la necesidad de sostener la memoria desde la lucha colectiva siguen siendo parte de una historia que no termina de cerrarse.

Eduardo “Tero” Valverde Suárez ya no es solo un desaparecido. Es un nombre recuperado. Un rostro que vuelve. Y una ausencia que, aunque persiste, ahora tiene un lugar donde ser llorada.

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