Meta debe cambiar sus reglas, pero los límites «no alcanzan» por sí solos

El acuerdo judicial que obliga a la empresa a restringir el uso de Instagram y Facebook por parte de menores reabre el debate sobre el vínculo entre tecnología, adolescencia y educación.

Meta debe cambiar sus reglas, pero los límites "no alcanzan" por sí solos

Una especialista cuestiona cómo se educa a los adolescentes frente a las redes.

Meta aceptó pagar hasta 18.000 millones de dólares para poner fin a una demanda colectiva presentada por 29 estados de Estados Unidos, en la que la empresa fue acusada de vulnerar leyes de protección de niños y adolescentes a través de Facebook e Instagram.

Las nuevas restricciones que Meta deberá implementar para protegerlos vuelven a poner en discusión una problemática que excede los límites horarios: cómo se construye un vínculo saludable con las redes sociales cuando un caso de tanta gravedad como este confirma los elementos adictivos de las plataformas.

El acuerdo judicial alcanzado en Estados Unidos contempla, entre otras medidas, un límite predeterminado de dos horas diarias para los menores de 18 años, bloqueos nocturnos y restricciones de notificaciones durante el horario escolar. También establece cambios vinculados con los “me gusta”, los filtros de imagen y los mecanismos de denuncia de contenido potencialmente dañino.

En diálogo con Hoy Día Córdoba, Mariana Savid, psicopedagoga y especialista en educación digital, destacó que las medidas representan un avance, pero deben ser tomadas como un punto de partida y no como una solución ya alcanzada. “Cuando leo noticias como esta, siento un alivio cauteloso. Por fin, una regulación estructural que pone el foco donde debe estar: no en el ‘mal uso de redes sociales’ por parte de los adolescentes, sino en el diseño de las plataformas que durante años han explotado su vulnerabilidad”, sostuvo.

Desde su experiencia en Fundación Lea, Savid apunta a un aspecto que considera central: las plataformas no son espacios neutrales. Su funcionamiento está atravesado por algoritmos y herramientas diseñadas para captar y retener la atención de los usuarios. “Que Meta tenga que eliminar los ‘me gusta’ públicos, limitar el uso a dos horas diarias o silenciar notificaciones en horario escolar y nocturno no es un capricho. Es un reconocimiento judicial de que el scroll infinito y los algoritmos de recomendación no son neutrales: son máquinas de secuestro atencional”, afirmó.

Sin embargo, la especialista advierte que reducir la discusión al tiempo de exposición puede conducir a una mirada incompleta de la problemática, y señaló: “Como psicopedagoga y desde la trinchera de Fundación Lea debo decir con claridad: los límites ayudan, pero no educan”.

Para ella, la pregunta no debería ser únicamente cuánto tiempo pasa un adolescente frente a una pantalla, sino qué experiencia tiene durante ese tiempo. En ese sentido, considera que establecer una cantidad determinada de horas no permite, por sí solo, distinguir entre diferentes usos de la tecnología. “La noticia nos da una oportunidad única: dejar de mirar el tiempo de pantallas y empezar a mirar la experiencia”, planteó. Y agregó: “Dos horas pueden ser un viaje de exploración y creación, y veinte minutos pueden ser una espiral de comparación y ansiedad. La cantidad no es el problema; la calidad y la autonomía sí lo son”.

Entender qué hay detrás de la pantalla

La mirada de Savid también apunta a la necesidad de cambiar el concepto de alfabetización digital, porque saber utilizar una aplicación o manejar un dispositivo no significa necesariamente comprender el entorno digital. “Hay quienes piensan que enseñar a usar una aplicación es educar en digital. Error”, afirmó tajante.

“Necesitan entender que los algoritmos no son neutrales, que los sistemas de recomendación responden a intereses económicos y que la validación externa, esos ‘me gusta’ que ahora se ocultan, es un mecanismo de control, no de reconocimiento”, explicó.

En este punto aparece uno de los conceptos que ella trabaja desde Fundación Lea e incluso promovió antes de su incorporación a la organización: el “Reseteo Digital”. La propuesta no apunta simplemente a quitar el celular de las manos de los adolescentes, sino a desarrollar la capacidad de establecer pausas conscientes. “No se trata de apagar el celular y ya; se trata de practicar pausas intencionales para reconectar con el mundo analógico, con el aburrimiento fértil, con la conversación sin filtros”, explicó.

Para la especialista, el objetivo final es que la decisión de desconectarse pueda surgir de la propia persona y no únicamente de una prohibición externa. “Resetear es recuperar la capacidad de decir ‘hasta aquí’ por decisión propia, y no porque la plataforma me lo imponga”, sostuvo.

Pero esa construcción de autonomía, advierte, también interpela a los adultos: “No podemos pedir a los adolescentes que desarrollen una relación consciente con la tecnología si nosotros, los adultos, vivimos secuestrados por nuestras propias pantallas”.

“Meta puede cambiar las reglas del juego. Las familias pueden establecer límites. Las escuelas pueden incorporar competencias digitales. Los gobiernos pueden regular. Pero ninguna de estas acciones, por separado, construye autonomía”, afirmó.

“La verdadera innovación consiste en formar personas capaces de habitar el mundo digital con criterio propio. Personas que sepan cuándo entrar, cuándo salir y, sobre todo, por qué”, concluyó Savid.

Congreso Internacional de Ciudadanía Digital

La discusión sobre el vínculo entre tecnología, educación y ciudadanía también tendrá un espacio de debate en Córdoba. Los días 10, 11 y 12 de septiembre se realizará en Tanti el II Congreso Internacional de Ciudadanía Digital, una propuesta que reunirá distintas miradas sobre los desafíos que plantea el entorno digital.

Flyer del Congreso.

La agenda pondrá en discusión temas vinculados con la ciudadanía, la educación y el uso responsable de las tecnologías, en un escenario en el que las nuevas regulaciones sobre las plataformas vuelven a poner en primer plano una pregunta que va mucho más allá con lo que hoy pasa con Meta: cómo lograr que niños, niñas y adolescentes no solo utilicen la tecnología, sino que puedan comprenderla y tomar decisiones autónomas frente a ella.

Un mapa interactivo con propuestas para desconectar de las pantallas y volver al juego

Salir de la versión móvil