Afortunadamente, en 1985 Argentina se convirtió en el único país del mundo, en juzgar con jueces naturales propios a los jefes de las Juntas genocidas. Y muchos juicios se pudieron hacer, a pesar de los contratiempos que todavía los obstruyen. En Córdoba ya se concretaron 19 juicios y en casi todos ellos participó como abogado querellante (representante de las víctimas) el Dr. Claudio Orosz, alumno del Belgrano, víctima de la dictadura y exiliado sobreviviente.
Jorge Vasalo: ¿Qué recordás de aquellos años de tu adolescencia?
Claudio Orosz: Yo ingresé al Belgrano en los primeros años de los 70 y justo cuando se implementaba el revolucionario Plan Nuevo de la escuela, que propendía al estudio “en grupos” (lo cual era subversivo para los militares), con mucha lectura hogareña y discusión en las aulas, y con el fin de desarrollar un espíritu crítico. Recuerdo que eran años de mucha participación en los centros de estudiantes, con una politización creciente y con manifestaciones en favor del regreso de Perón al país con el “luche y vuelve”. La verdad es que estábamos impresionados por lo que vivíamos en aquel momento, y personalmente me sumé a la militancia en agrupaciones de Izquierda. Además los alumnos más grandes del Belgrano, ubicado en la zona del Clínicas, en barrio Alberdi, ya habían sido reprimidos en el Cordobazo y era habitual que hubiera muchos policías en el lugar. Recuerdo que fue la Masacre de Trelew, en agosto de 1972 y el fusilamiento de 19 jóvenes presos políticos, lo que nos marcó fuertemente y de hecho participamos de una gigantesca asamblea general. Y después todo se intensificó con el Golpe a Salvador Allende en Chile, en septiembre del 1973.
J.V: ¿Y cómo era la relación entre tantas organizaciones políticas y gremiales?
C. O: Por supuesto que había diferencias y mucho debate, pero todos queríamos una Argentina más equitativa, inclusiva socialmente y libre. En ese momento todavía teníamos una industria nacional protegida y entonces luchábamos por una mejor distribución de los recursos. Por ejemplo, los militantes de la Izquierda teníamos muy buena relación con la Juventud Peronista y de lo que Perón llamaba la Tendencia. Porque además desde su exilio en España, hablaba públicamente de construir el socialismo en Argentina, trazando una perspectiva de una nación más justa y soberana. Por supuesto, después cuando vimos la Masacre de Ezeiza en junio del 73, nos dimos cuenta que Perón no venía a hacer lo que había dicho, sino a recostarse sobre sectores de la Derecha que querían otro país. Para colmo, en el 74 condecoró al Presidente de facto Pinochet de Chile, y ni hablar cuando trató de imberbes a los montoneros y a muchos que lo habían dado todo para hacer posible su vuelta.
J.V: ¿Cuándo se dan cuenta que la situación se ponía fea y de alto riesgo para ustedes?
C. O: Recordemos que Córdoba fue un anticipo del horror que se vendría, a partir de un increíble Golpe de Estado Policial -el Navarrazo- apoyado por Perón y ya con la Triple A y el Comando Libertadores persiguiendo, secuestrando y matando a compañeros. Muchos militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) empezaron a militar con nosotros. Y en el Belgrano desembarcó Tránsito Rigatuso, quien junto a su secretario académico Hugo Lafranconi (quien ya en Democracia fue nombrado juez del Superior Tribunal de Justicia por el gobernador Mestre), confeccionaron listas de muchos estudiantes que luego fueron secuestrados y continúan desparecidos.
J.V: ¿Usted recibió amenazas y se tuvo que exiliar?
C. O: Así fue. Las amenazas eran permanentes y las persecuciones a los centros de estudiantes eran moneda corriente. Nos advertían que si no nos íbamos del país, nos iban a matar. En mi caso particular, fue el propio interventor provincial que mediante un familiar nos hizo saber que si no me iba en 3 días, me matarían. Entonces mi padre -no sé cómo hizo-, logró sacarme y así salvar mi vida. En el exilio terminé el secundario y finalmente regresé al país a finales del 77.
J.V: ¿Cómo fue que una parte de la gente “apoyó” el golpe?
C. O: De hecho cuando Perón ganó las elecciones del 73, hubo un 38% de la gente que no lo votó y la gran mayoría de esos opositores luego apoyaron el golpe y también lo que los genocidas llamaron Proceso de Reorganización. Pero además, los golpistas “prepararon el terreno” y pusieron bombas y provocaron mucho caos con sabotajes, crímenes (que adjudicaban al ERP, a Montoneros, etc), y entonces mucha gente aterrorizada los apoyó. Y como si fuera poco, impusieron una propaganda muy arrolladora con el “algo habrán hecho”, “por algo será”, “mejor no meterse”. Así y todo, y a pesar del miedo, hubo sectores que resistimos con pintadas, volanteadas, algunas huelgas, y que después de la derrota militar en Malvinas, pudimos recuperar la Democracia, lo cual significó una gran esperanza. Luego, los “capitanes de la Industria” le dieron un golpe económico al presidente Alfonsín y así llegaron la obediencia debida, el punto final y el indulto y con el presidente Menem reinstalando el plan social y económico de la dictadura.
J.V: Durante la dictadura, nos decían que eramos “derechos y humanos” y que en el exterior había una campaña anti-Argentina
C. O: Mucho de lo que pasaba acá se conocía en el extranjero. Sabíamos sobre los campos de concentración y más aún durante el Mundial de Futbol del 78, y ya en el 79 con la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Además algunos sobrevivientes y exiliados ya denunciábamos las atrocidades de la dictadura, y se empezaba a hablar de desapariciones forzadas.
J.V: ¿Cómo fue el trabajo de Abuelas, Familiares, H.I.J.O.S y otras organizaciones para impulsar los juicios?
C. O: A mí me gustaban mucho las matemáticas y la astronomía, pero estudié Derecho porque sabía de la infinidad de delitos que habían cometido en representación del Estado, lo que los convertía de lesa humanidad, o sea imprescriptibles. Y vale reconocer el gran trabajo de la Conadep formada en 1984, y que hizo una impresionante recopilación de información, y la publicación del libro NUNCA MÁS. Y la verdad es que a pesar del Indulto, nunca bajamos los brazos y fuimos siempre buscando posibilidades como la Verdad Histórica y causas que escapaban a la impunidad. Acá en Córdoba por ejemplo, logramos reabrir causas antes que se declarara la inconstitucionalidad de esas leyes infames. Por eso te aseguró que la emoción que sentí el 24 de julio del 2008, cuando logramos la primera perpetua para Menéndez y otros genocidas en el juicio Brandalisis, fue parecida a la que sentí cuando nació mi primera hija. Y permitime destacar también el trabajo de tanta gente y abogados como María Elba Martínez, Luis Reinaudi, Rubén Arroyo, Lylan Luque, Martín Fresneda, Elvio Zanotti, entre otros, y que tuvieron una participación muy importante para lograr los fallos condenatorios. Además desde H.I.J.O.S se construyó una base de datos muy completa, y con un cúmulo de pruebas sobre la cadena de secuestros y los acusados involucrados.
J.V: ¿Qué recordás de aquel juicio en el que Menéndez y Videla fueron condenados ambos a perpetua?
C. O: Fue en el año 2010, en la causa UP1, por el fusilamiento de 30 presos políticos de la ex cárcel de barrio San Martín. Menéndez siempre se mostró parco y tozudo, y repetía que a él no lo podíamos juzgar nosotros, sino sólo Dios o la Justicia Militar. O cuando se molestó porque se supo que junto con Sasiaiñ le querían robar plata al empresario Jaime Lockman, a quien habían detenido y torturaban y extorsionaban. Y de Videla recuerdo su enojo cuando en plena discusión jurídica lo tratábamos de genocida, como si no lo hubiera sido.
J.V: Lo último… ¿Crees que nuestra sociedad tiene cabal conciencia de lo que fue el Terrorismo de Estado en Argentina?
C. O: Creo que hay una parte, cada vez más pequeña, que sí. Es la gente que de algún modo sufrió en carne propia lo que pasó, y que sostiene la Memoria, Verdad y Justicia. Pero lamentablemente veo a muchas otras personas y jóvenes que apoyan, niegan o desconocen aquellas atrocidades, y hoy piensan y se ilusionan con soluciones autoritarias, que se promocionan en las redes y algoritmos, y que tergiversan la verdadera historia y mienten descaradamente sobre las causas y consecuencias de aquellos hechos tan sangrientos y sufrientes que se desencadenaron a partir de 1955. No tengo dudas que incluso a nivel mundial, enfrentamos un grave peligro ante la posibilidad que hechos terribles se puedan repetir. Por eso, y con toda la fuerza posible, tenemos que defender nuestro ¡Nunca Más!
