Tras una intensa jornada en el Tribunal Penal N°37 de Río de Janeiro, la situación judicial de Agostina Páez dio un giro determinante. La abogada argentina de 29 años, que permanecía detenida bajo la acusación de “injuria racial”, recibió una condena de dos años de cumplimiento efectivo, pero bajo una modalidad que le permitirá retornar a su hogar en Santiago del Estero para cumplir con tareas comunitarias.
La audiencia de instrucción y juzgamiento, que se extendió por más de tres horas bajo la dirección del magistrado Guilherme Schilling Pollo Duarte, concluyó con un acuerdo que trae alivio a la joven.
Según explicó su defensora, Carla Junqueira, la fiscalía no se opuso al regreso de Páez al país luego de que la acusada ofreciera disculpas formales y demostrara haber comprendido la gravedad del racismo en la legislación brasileña.
El veredicto y los próximos pasos legales
El fallo establece que la pena de dos años sea cumplida en territorio argentino. “Fue una etapa exitosa de la defensa; ahora restan trámites administrativos que llevarán unos tres días para hacer efectivo el retorno”, señaló Junqueira.
Entre los puntos pendientes, el juez debe definir la caución y determinar el momento exacto en que se le retirará la tobillera electrónica que la joven porta desde el inicio del proceso.
Durante el debate, del cual fueron retirados el padre de la acusada y los medios de comunicación, declararon los empleados del bar donde ocurrieron los hechos. La defensa logró que el proceso continuara en Argentina, evitando una permanencia prolongada en el sistema carcelario brasileño, caracterizado por su rigurosidad en delitos de odio y discriminación.
“La peor experiencia de mi vida”
Al finalizar la audiencia, Páez compartió sus sensaciones con los medios, visiblemente afectada por el proceso. “Me siento aliviada, pero hasta que no esté en la Argentina no voy a estar en paz”, confesó. La abogada describió lo sucedido como la experiencia más traumática de su vida y admitió que, aunque Brasil es un destino que siempre le gustó, hoy siente temor de regresar. Incluso antes del fallo deslizó que “se iba a matar” si debía cumplir la eventual condena en una cárcel de mujeres de Brasil.
Conocida la sentencia, sostuvo que su prioridad ahora es el reencuentro con su entorno cercano. “Lo único que me importa es estar en Santiago y con mi gente”, concluyó, a la espera de que los trámites consulares y judiciales le permitan abordar el avión de regreso en las próximas 72 horas.
