Con una trayectoria en Computación de Alto Rendimiento (HPC) e Inteligencia Artificial (IA) que se remonta a 1989, Joaquim Merino, director de HPC e IA para Latinoamérica de Lenovo, sitúa a la Conferencia Latinoamericana de Computación de Alto Rendimiento (CARLA 2026) como el encuentro más trascendental en habla hispana dentro de su especialidad. La dinámica itinerante del evento, que cada año cambia de sede entre los países de la región, constituye una estrategia clave para favorecer el intercambio de experiencias, fortalecer redes de trabajo (networking) y precisar las exigencias técnicas necesarias para sostener el avance tecnológico regional. Hoy Día Córdoba conversó con el ejecutivo en un intervalo entre sus charlas y sus sesiones de preguntas y respuestas con los cientos de estudiantes que están participando del evento.
—¿En qué estadio se encuentra América Latina respecto a los mercados más avanzados del mundo en Inteligencia Artificial y HPC, y hacia dónde deberíamos avanzar?
—Hoy estamos definitivamente muy lejos de los mercados más avanzados. Históricamente, la computación de alto rendimiento se trató de una tecnología sumamente restrictiva tanto desde el punto de vista económico como técnico. Sin embargo, los cambios tecnológicos actuales han vuelto a la IA y al HPC mucho más accesibles. En América Latina compartimos una realidad común: no disponemos de presupuestos abultados para investigación. Considero que la inteligencia artificial es la próxima arma de disuasión; si un país o comunidad no domina esta tecnología, inevitablemente otros tomarán las decisiones por él. Por ello, resulta prioritario invertir en la formación y retención de personas mediante políticas públicas claras que eviten la fuga de talentos hacia China, Europa o Norteamérica. Asimismo, debemos trabajar en la soberanía de IA y en tecnologías anti-vendor lock-in, manteniéndonos cerca de los líderes globales pero preparados para adoptar soluciones de código abierto (open source) sin dependencias geopolíticas o de fabricantes.
—Mencionaba recién la importancia de retener el talento. ¿Qué debe hacer Latinoamérica para evitar que esos profesionales capacitados emigren?
—El aspecto económico es importante, pero es únicamente la consecuencia y no la causa inicial. Necesitamos políticas públicas de inversión y desarrollo local de soluciones que retroalimenten el sistema para generar respuestas económicas sostenibles. No basta con formar profesionales; es indispensable construir un ecosistema robusto integrado por universidades, centros de investigación y empresas, imponiendo condiciones para que el desarrollo tecnológico se realice localmente. Debemos impulsar la creación de empresas latinoamericanas capaces de competir mediante inteligencia, creando software y algoritmos propios. En el futuro la infraestructura o hardware será agnóstico, por lo que la clave residirá en la capacidad nacional de ofrecer soluciones de software de calidad que puedan ejecutarse sobre cualquier plataforma tecnológica.
—En este escenario, ¿cómo colabora Lenovo con este ecosistema y desde su posición en particular?
—Lenovo ocupa una posición privilegiada en América Latina por su carácter de empresa global nacida en China y con operaciones consolidadas en Norteamérica. Esto nos permite estar muy cerca de socios líderes como Intel, AMD, Nvidia y Amazon, al tiempo que nos vincula directamente con Asia, donde se concentra cerca del 80% de las startups e iniciativas open source en IA del mundo. En lo personal, llevo adelante el AI Roadshow Latam, recorriendo la región para abordar la soberanía tecnológica y afianzar alianzas locales. Además, la compañía dispone de programas que integran a partners latinoamericanos y aprovecha incentivos de leyes de investigación y producción local para destinar recursos a la creación de soluciones en la propia región.
—Para concluir, ¿qué mensaje le dejaría a los gobiernos de la región?
—Siento que los gobiernos actuales aún no comprenden la verdadera trascendencia de la inteligencia artificial y suelen abordarla de forma superficial por conveniencia política. Es urgente que los líderes políticos entiendan que no tener la capacidad de extraer valor de los datos históricos del propio Estado representa un riesgo enorme, ya que alguien más lo hará. Es indispensable garantizar que los sistemas públicos de salud, economía e industria de países como Argentina, Perú, Venezuela o México sean propietarios de las herramientas de IA aplicadas a sus datos y no dependan de laboratorios externos. La inteligencia artificial consiste esencialmente en convertir datos en valor; por ello, los gobiernos deben asegurar el control y la capacidad de procesar su propia historia soberanamente.
