En un contexto donde el trabajo híbrido, la creación de contenido y el gaming conviven en un mismo dispositivo, los usuarios se volvieron más exigentes y ya no priorizan solo el precio o el diseño, sino también el rendimiento, la eficiencia energética y la capacidad de responder a nuevas cargas de trabajo, como las vinculadas a inteligencia artificial.
Hoy, la experiencia de uso está directamente asociada a la capacidad de la PC de adaptarse a múltiples escenarios, con procesadores que integran capacidades de IA, mejoran la autonomía y optimizan el desempeño en tiempo real. Así, la decisión de compra ya no pasa únicamente por especificaciones técnicas aisladas, sino por cómo el equipo acompaña las nuevas formas de trabajar, estudiar y entretenerse.
Sobre esta nueva realidad conversamos con Shirley Romero, responsable de consumo de AMD para Argentina y Chile. La ejecutiva desglosó las tendencias que están moldeando las decisiones de compra en América Latina y cómo la «estrellita de la noche», la IA, está transformando la forma en que trabajamos, jugamos y creamos contenido.
Más allá del precio: una experiencia fluida
Históricamente, el precio ha sido el determinante principal al momento de adquirir una computadora, especialmente en contextos económicos complejos como el de Argentina. Sin embargo, Romero señala que el consumidor actual está comenzando a priorizar otras características relevantes para garantizar una experiencia fluida y eficiente.
Hoy, los usuarios buscan equipos que no solo «se vean bien» en términos de diseño, sino que ofrezcan:
- Alto rendimiento y autonomía: La capacidad de realizar tareas complejas sin depender constantemente de un cargador.
- Eficiencia energética: Un factor crucial para que el equipo sea realmente autónomo.
- Portabilidad: Existe una clara preferencia por equipos cada vez más delgados y livianos, lo que aumenta la versatilidad de uso en diferentes espacios.
Romero enfatiza la importancia de que el comprador tenga claro el uso específico que le dará al equipo para evitar gastos innecesarios o, por el contrario, adquirir una herramienta que se quede corta frente a sus necesidades.
La revolución del «AI PC» y la llegada de la NPU
El cambio más significativo en la arquitectura de las notebooks modernas es la incorporación de la NPU (Unidad de Procesamiento Neural). Hasta hace poco, un procesador se componía principalmente de la CPU (unidad central) y la GPU (unidad gráfica). Ahora, se suma este tercer componente diseñado específicamente para ejecutar cargas de trabajo de inteligencia artificial de manera local.
Esta innovación tecnológica ofrece ventajas comparativas fundamentales para el usuario final:
- Seguridad y Privacidad: Al procesar los datos localmente en la NPU, la información no necesita «viajar» a la nube, lo que otorga un mayor control y protección de los datos personales y corporativos.
- Eficiencia y Rendimiento: La NPU se encarga de las tareas de IA sin restar recursos a la CPU o la GPU. Esto permite que el sistema funcione de manera más rápida y que la batería dure más, ya que no se sobrecarga el procesador principal.
- Independencia de Conexión: Una de las grandes ventajas de tener IA local es la capacidad de utilizar modelos y herramientas de IA (previamente descargados) sin necesidad de estar conectado a internet. «Si se corta la luz o el internet, puedes seguir trabajando», explica Romero.
La democratización de la IA
Un punto clave de la estrategia de AMD es la democratización de la tecnología. Aunque inicialmente las funciones de IA estaban restringidas a los segmentos de gama alta (como los procesadores Ryzen 9 o Ryzen 7), hoy ya es posible encontrar estas capacidades en series más asequibles como la Ryzen 5.
La transición es acelerada: se proyecta que para el año 2027, entre el 80% y el 90% de los portafolios de las principales marcas de computadoras incluirán propuestas con inteligencia artificial integrada. Esto no significa que las notebooks tradicionales dejen de funcionar, pero la diferencia en términos de productividad y seguridad marcará la brecha competitiva en el mercado.
El tiempo como el valor supremo
Para Romero, uno de los beneficios más tangibles —y a veces menos valorados— de la IA es el ahorro de tiempo. En un mundo donde la inmediatez es la norma, la IA actúa como un facilitador que simplifica tareas operativas y repetitivas.
«La gracia de contar con estas nuevas inteligencias artificiales es que nos permiten más tiempo de ocio y ser más eficientes», afirma la ejecutiva. Un ejemplo claro es la creación de presentaciones corporativas o contenido multimedia: tareas que antes demandaban horas de trabajo manual hoy pueden resolverse en segundos gracias a los asistentes virtuales y plataformas de creación potenciadas por hardware dedicado. Esto permite que los profesionales se concentren en lo que realmente aporta valor al negocio, dejando la carga operativa a la máquina.
Especificaciones técnicas: entendiendo los «TOPS»
En esta nueva era, han aparecido nuevos términos técnicos que el consumidor deberá aprender a reconocer, siendo los TOPS (Trillions of Operations Per Second) el más relevante. Los TOPS miden la capacidad de procesamiento de la NPU; es decir, cuántos billones (en medida americana, equivalentes a miles de millones) de operaciones puede realizar por segundo.
AMD ya ha lanzado su serie 400 de procesadores, la cual alcanza los 60 TOPS, lo que refleja una capacidad de procesamiento local masiva para ejecutar tareas de IA complejas de forma instantánea.
El contexto latinoamericano
La adopción de la IA en Latinoamérica ha sido acelerada, impulsada en gran medida por la digitalización post-pandemia y la necesidad de esquemas de trabajo híbridos. No obstante, Romero advierte que el ritmo no es uniforme en todos los países debido a brechas en infraestructura y a la falta de talento especializado. Por ello, el desafío actual no solo reside en vender el hardware, sino en capacitar a los usuarios y empresas para que comprendan el «para qué» de esta tecnología y puedan optimizar sus procesos de manera sana y productiva.
Con la IA integrada en el corazón del procesador, el cómputo personal entra en una fase donde la máquina se adapta al ritmo del humano, y no al revés.
