Microdosis de psilocibina en la salud mental: Córdoba debate sobre su potencial

En el marco de las II Jornadas "De venenos a remedios", investigadores presentarán las últimas evidencias sobre el potencial terapéutico de la psilocibina.

Microdosis de psilocibina en la salud mental: Córdoba debate sobre su potencial

Las investigaciones apuntan a su potencial en tratamientos psicoterapéuticos y en personas con trastornos del espectro autista.

Las posibilidades terapéuticas de la psilocibina y, particularmente, de las microdosis de hongos psilocibios, serán el eje de la segunda edición de las Jornadas «De venenos a remedios: el uso de la psilocibina en salud mental», que se realizarán el 6 y 7 de agosto en la Universidad Nacional de Córdoba. El encuentro reunirá a investigadores, clínicos y profesionales de distintas disciplinas para compartir los avances científicos más recientes en un campo que crece a nivel internacional, aunque aún plantea importantes desafíos en materia de evidencia, regulación y formación profesional.

Organizadas por el Centro de Investigación, Extensión y Vinculación Tecnológica de la Facultad de Psicología de la UNC (CIEV.PSI) y la Asociación Civil Unidos por el Cannabis (ACUPEC), las jornadas incluirán la presentación del libro Psicoterapia asistida con microdosis de hongos psilocibios. Una guía para profesionales de la salud, además de conferencias sobre aplicaciones clínicas e investigaciones en curso.

Entre las expositoras estará la psiquiatra e investigadora Mariana Zarankin, quien sostiene que el renovado interés científico por la psilocibina responde, en gran medida, a la necesidad de encontrar nuevas herramientas frente al aumento de los trastornos de salud mental.

«Hoy vemos cada vez más personas consultando por ansiedad, depresión, estrés, soledad y distintas formas de sufrimiento psíquico. Aunque contamos con herramientas valiosas, también sabemos que no siempre alcanzan o funcionan igual para todas las personas«, explicó a Hoy Día Córdoba. 

Según Zarankin, los psicodélicos proponen un mecanismo de acción diferente al de muchos tratamientos convencionales. En lugar de disminuir la respuesta emocional, podrían favorecer una mayor conexión con la experiencia emocional y generar una mayor flexibilidad psicológica, siempre que su uso se integre dentro de un proceso psicoterapéutico.

«Los psicodélicos movilizan esa información. Si a eso le sumamos un abordaje psicoterapéutico que pueda orientar y aprovechar esa ventana de posibilidades, es donde se empiezan a observar muchos de los beneficios que hoy se investigan en términos de salud mental», señaló.

La especialista explicó que las microdosis consisten en administrar cantidades muy pequeñas de psilocibina, insuficientes para producir una experiencia psicodélica intensa. A diferencia de las dosis plenas, que requieren un contexto clínico específico y generan efectos perceptivos notorios, las microdosis buscan producir cambios graduales durante tratamientos que suelen extenderse entre dos y tres meses.

No obstante, Zarankin advirtió que la evidencia científica sobre esta modalidad todavía es limitada e indicó: «Mientras que las dosis plenas ya cuentan con ensayos clínicos muy alentadores para algunas indicaciones, la investigación sobre microdosis todavía es incipiente. Existen estudios con resultados prometedores y otros que no encontraron diferencias significativas respecto del placebo».

En ese sentido, consideró que una de las principales limitaciones de la investigación actual es que muchos estudios evalúan las microdosis sin un acompañamiento psicoterapéutico estructurado. Esa es precisamente la hipótesis que desarrolla en el libro que será presentado durante las jornadas, una publicación colectiva realizada por profesionales de distintos países de América Latina que propone protocolos clínicos, criterios de evaluación y herramientas para la implementación responsable de estos tratamientos.

Para Zarankin, el desafío actual consiste en consolidar un campo clínico serio, alejado tanto de las promesas exageradas como del rechazo que históricamente dificultó la investigación. «No alcanza con conocer la farmacología de una sustancia; hace falta comprender cómo evaluar a una persona, cuándo un tratamiento puede estar indicado, cuándo no, cómo acompañar el proceso y cómo integrar lo que aparece después«, afirmó.

El potencial de las microdosis en personas con autismo

Otro de los ejes novedosos de las jornadas será la exposición del investigador Luis Acosta, quien abordará el posible uso terapéutico de microdosis de hongos psilocibios en personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Acosta aclaró que el objetivo no es plantear a la psilocibina como un tratamiento para el autismo, sino explorar su capacidad para modular algunos de los procesos biológicos asociados a la expresión de los síntomas. «Hoy el mayor potencial de las microdosis no está en tratar el autismo, sino en modular procesos biológicos y funcionales que participan en la expresión de su sintomatología», explicó.

Entre esos mecanismos mencionó la plasticidad neuronal, la conectividad cerebral, la neuroinflamación y la regulación emocional, aspectos que podrían contribuir a mejorar la flexibilidad cognitiva, la interacción social, la comunicación o la ansiedad en determinados subgrupos de personas con TEA. Sin embargo, insistió en que estas hipótesis aún requieren ser confirmadas mediante investigaciones clínicas de mayor calidad.

Durante su presentación compartirá una serie de casos con seguimiento longitudinal en los que se observaron cambios en comunicación, lenguaje, autonomía, regulación emocional e interacción social. «Mi intención no es presentar estos resultados como prueba de eficacia, sino como evidencia observacional que permita generar nuevas hipótesis y estimular el desarrollo de nuevas investigaciones«, subrayó.

Acosta sostuvo que uno de los principales aportes de esta línea de investigación es abrir nuevas posibilidades para familias que continúan buscando alternativas terapéuticas cuando las intervenciones disponibles no responden completamente a sus necesidades. Al mismo tiempo, remarcó que el crecimiento del campo exige avanzar hacia preparados estandarizados, protocolos de seguridad y formación específica para los profesionales que eventualmente acompañen este tipo de tratamientos.

Un campo en expansión

Las jornadas se desarrollarán los días jueves 6 y viernes 7 de agosto desde las 16 horas, en modalidad presencial y virtual, con sede en el Auditorio de la Reforma de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba. La participación será gratuita y estará destinada a profesionales de la salud, investigadores, estudiantes y público interesado.

Más allá de los resultados preliminares que hoy muestran distintas líneas de investigación, los especialistas coinciden en que el futuro de la psilocibina en salud mental dependerá del fortalecimiento de la evidencia científica, de la formación de equipos clínicos capacitados y del desarrollo de marcos éticos que permitan evaluar con rigor tanto sus beneficios potenciales como sus riesgos.

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