En El Club de la Porota celebramos y promovemos las voces de quienes transforman sus experiencias en conocimiento, propuestas y nuevos caminos. Por eso, nos alegra presentar esta columna de Liliana Bellolio, integrante de nuestra Membresía, quien se define como “mamá de cuatro hijos y abuela de cinco seres hermosos”.
Liliana es docente de idiomas, formadora de profesores y especialista en neuroeducación. Fundadora de CIL Lenguas y creadora de CILMETHOD®, actualmente cursa una Maestría en Neuropsicología y Neuroeducación. Su trayectoria entrelaza educación, longevidad y desarrollo personal, desde una mirada que reconoce la vejez como una etapa de aprendizaje, propósito y creación de nuevos proyectos de vida.
En “La experiencia no se jubila”, Liliana ensaya una idea y abre una posibilidad: pensar una propuesta prejubilatoria que permita prepararnos para esta transición vital. No la presenta como un modelo cerrado o definitivo, sino como una invitación a reflexionar y construir nuevas opciones. Desde una perspectiva gerontológica, propone no entender la jubilación como un final ni como el retiro de la vida productiva y social, sino como una etapa que puede —y necesita— prepararse, atendiendo dimensiones fundamentales como la identidad, el propósito, la autonomía económica, los vínculos y la comunidad.
Esta columna posee, además, el enorme valor de estar escrita por una mujer mayor que habla desde su experiencia, sus conocimientos y su presente. Una mujer que no solo reflexiona sobre la longevidad, sino que la habita con curiosidad, compromiso y nuevos proyectos. Vivir más también nos desafía a imaginar cómo queremos vivir. Porque, como afirma Liliana, la experiencia no se jubila: se comparte, se resignifica y puede convertirse en una poderosa herramienta para construir futuro. ¿Listos? A disfrutar #porquesí del tiempo, pero de un tiempo no apurado.
Por Liliana Bellolio
Integrante de la Membresía de El Club de la Porota
Vivimos más años, pero todavía pensamos en la jubilación como el final de la vida laboral. Nos ocupamos de los trámites y calculamos cuánto cobraremos, pero pocas veces nos preguntamos cómo queremos vivir los veinte o treinta años que pueden venir después.
Jubilarse no significa únicamente dejar de trabajar. Para muchas personas implica perder una rutina, vínculos, reconocimiento, ingresos y un lugar donde se sentían útiles. Después del descanso inicial aparecen preguntas difíciles: ¿quién soy sin mi cargo?, ¿qué hago con lo que aprendí?, ¿cómo sostengo mi calidad de vida?, ¿qué sueños fui postergando?
A esto se suma una realidad económica: las jubilaciones suelen ser mucho menores que los ingresos de la vida activa. Incluso quienes tuvieron buenos salarios pueden encontrarse con recursos insuficientes para mantener sus proyectos y cumplir sus deseos.
Prepararnos antes de la jubilación
Por eso, propongo comenzar a preparar esta etapa antes de que llegue, idealmente entre los 50 y los 65 años. La jubilación debería ser una transición pensada con anticipación, no solamente desde lo económico, sino también desde nuestros intereses, capacidades, vínculos y deseos. Prepararnos implica decidir qué queremos conservar, qué deseamos cambiar y qué sueños podríamos recuperar. Nuestra identidad no termina con un cargo, una profesión o un empleo.
Una propuesta diferente
La propuesta es crear un programa que no busque “entretener” a las personas mayores, sino ayudarlas a diseñar una etapa con propósito, autonomía económica, vínculos y proyectos propios. No se trata de negar el descanso ni de seguir trabajando al mismo ritmo, sino de brindar herramientas para elegir cómo vivir. Algunas personas podrán transformar su experiencia en una consultoría o mentoría. Otras podrán desarrollar un emprendimiento, ofrecer un servicio, dar talleres, participar en una iniciativa social o recuperar una actividad abandonada.
Todos acumulamos conocimientos que a veces no reconocemos. Una docente, un comerciante, una secretaria, un gerente o quien cuidó a su familia desarrollaron capacidades valiosas. Esa experiencia puede convertirse en una actividad útil y en una fuente complementaria de ingresos.
El programa trabajaría sobre cuatro aspectos: identidad, para descubrir quién soy más allá de mi profesión; propósito, para definir qué deseo hacer; autonomía económica, para conocer mi futura realidad y explorar ingresos; y comunidad, para compartir saberes, crear vínculos y generar proyectos conjuntos.
Experiencias que abren camino
Existen antecedentes internacionales que confirman esta mirada. Mid-life MOT, del Reino Unido, prepara a las personas antes de jubilarse considerando trabajo, economía y bienestar. Stanford y Modern Elder Academy trabajan la transición y el propósito. AARP, en Estados Unidos, acompaña a mayores de 50 años a crear actividades independientes. Nuestra propuesta reuniría esos aportes en un modelo adaptado a la realidad argentina.
Cada participante finalizaría con un plan personal de longevidad: cómo desea vivir, qué proyecto desarrollará, qué recursos necesita y cuáles serán sus primeros pasos, graduales, concretos y realistas.
Los beneficios de anticiparse
Prepararse permite afrontar la jubilación como un comienzo y no solamente como una pérdida. Reduce la incertidumbre, fortalece la autoestima y conserva la autonomía.También permite recuperar sueños, crear vínculos, evitar el aislamiento, generar ingresos complementarios y disminuir la dependencia económica de los hijos.
La propuesta comenzaría con quince a veinte participantes. Mediante encuentros prácticos y el acompañamiento de especialistas, cada persona podría reconocer sus capacidades, analizar su economía y convertir una idea en un proyecto.
Una responsabilidad compartida
El programa podría financiarse con el apoyo de empresas, cajas profesionales, universidades, fundaciones y organismos públicos. Estas instituciones ayudarían a quienes se acercan a la jubilación y evitarían que un enorme capital de experiencia quede fuera de la vida productiva y social. Las empresas podrían ofrecerlo a colaboradores próximos a jubilarse. Sería una manera responsable de acompañar el cierre laboral y facilitar otra etapa. El desafío de la longevidad no consiste en vivir más, sino en llegar con recursos, vínculos, libertad y razones para levantarnos cada mañana.
La experiencia no se jubila: puede transformarse
Un programa de preparación para la longevidad que comienza antes de la jubilación y ayuda a transformar la experiencia, los talentos y los sueños postergados en un nuevo proyecto de vida, con propósito, comunidad y posibilidades de generar ingresos.
