Hachazos
Muchos crímenes intencionales son imaginados y fantaseados por el victimario antes de la consumación. Por supuesto, no cualquiera puede “pasar al acto” y matar a otra persona. Personalidades impulsivas o psicopáticas, o circunstancias externas extremas facilitan tanto la realización homicidios planificados como repentinos. El venidero martes 18 comenzará en los tribunales de Cruz del Eje el juicio a Sandra Leonor Videla, de 58 años, por el asesinato de Ángel Edmundo Pobeda, de 68, quien casi no se podía mover tras haber sufrido un accidente cerebro vascular. La acusación en contra de Videla es la de homicidio calificado por alevosía, por lo que la única condena posible es la de prisión perpetua.
Todo ocurrió en la madrugada del 22 de marzo del año pasado en Capilla del Monte, cuando vecinos vieron a esta mujer arrastrando un bulto en una sábana. Tanto les llamó la atención la situación, que llamaron a la policía. Cuando los efectivos llegaron y abrieron la sábana que Videla intentaba llevar a un baldío, se encontraron con Pobeda muerto, semidesnudo y con su cabeza destrozada por feroces golpes con algo cortante. La investigación del hecho por parte de la fiscal Paula Kelm fue rápida y concluyente. Videla vivía en un departamento al fondo de la casa de la víctima, habría conocido al hombre por las redes sociales y era su cuidadora. Queda claro por las características del crimen, y por la saña con la que actuó Videla, que muy posiblemente lo decidió y preparó previamente. Se aseguró que Pobeda muriera y por eso lo mató pegándole hachazos en la cabeza.
Las mañas
En enero de 2014, la Cámara Décima del Crimen condenó al empresario Jorge Petrone, dueño de Gama S.A, a 5 años y 6 meses de prisión, por usurpar un valioso terreno ubicado a la vera de la autopista Córdoba-Villa Carlos Paz. Fue en el marco de la Megacausa por fraudes y estafas del Registro de la Propiedad, y en una causa judicial que demoró en llegar a juicio, con un sinfín de recursos presentados por los defensores y con el propósito de “estirar” los tiempos y buscar la prescripción. Aquel juicio muy mediático fue posible a partir de la denuncia que hizo la damnificada, una mujer adinerada llamada Susana Munist, motivada por una cuestión sentimental, ya que las tierras usurpadas habían sido de su muy querido hermano fallecido.
Hace algunos días, la jueza de control Laura Barale hizo lugar a la oposición del archivo de una denuncia por presuntas estafas y en contra de Jorge Petrone. Ahora deberá resolver el fiscal Jorge Leiva de la Cámara de Acusación, ya sea para que se investigue de una vez por todas, o que se desestime finalmente, lo cual y a priori, no dejaría de llamar la atención. Ocurre que la denuncia fue presentada el 28 de junio del 2022. El damnificado es Félix Chavarría Morillo, quien compró tres lotes de 300 metros cada uno, en barrio Parque Santa Ana (oeste de nuestra ciudad), donde aparentemente Gama vendía terrenos de ese tamaño. Como si fuera poco, Chavarría había trabajado durante 26 años en Gama y por lo tanto tenía una relación incluso de amistad con Petrone. Al pago de los lotes lo hizo con dinero y diferentes trabajos. Sin embargo, cuando en el año 2021 tomó posesión de los lotes y los hizo medir, se encontró con la sorpresa que eran más chicos, de 250 metros, al igual que todos los lotes de esa zona. Según el abogado patrocinante Ezequiel Spinka, es increíble que los fiscales Chiapero y Casas hayan responsabilizado a la víctima a la hora de cerrar la investigación, y sin medir los terrenos, lo que era una prueba fundamental. Catastro y la Municipalidad dicen no ser responsables, y según la Policía Judicial no dispone de recursos para hacerlo. Así las cosas, lo que debiera ser algo simple de resolver, se convirtió en un tedioso laberinto que ya lleva ¡más de 4 años!
Por el bien de todos, esta denuncia debería ser investigada antes que los plazos prescriban. Ya sea para evitar que Chavarría sea eventualmente estafado, o para que Petrone no se vea involucrado en alguna “recaída” y salve su honor. Por las dudas conviene recordar que, a veces, “el zorro pierde el pelo… pero no las mañas”.
