Murió Daniel Melingo, saxofonista de Los Abuelos de la Nada y fundador de Los Twist

Falleció a los 68 años en su casa de Chacarita. Cofundador de bandas clave y arquitecto de una estética arrabalera propia, dejó inconcluso un proyecto que planeaba presentar en septiembre en el Teatro Coliseo.

Murió Daniel Melingo, saxofonista de Los Abuelos de la Nada y fundador de Los Twist

Daniel Meligno en café Berlín (27-02-2026). Fotografía: Sebastian Molina.

La cultura musical despide a uno de sus arquitectos más singulares y polifacéticos. Daniel Melingo, músico, actor y poeta, fue hallado sin vida este martes en su domicilio de la calle Estomba, en el barrio porteño de Chacarita. El artista, que tenía 68 años, fue encontrado por uno de sus hijos en el interior de su vivienda. Según trascendió, Melingo atravesaba una enfermedad respiratoria por la cual recibía cuidados médicos en su casa.

El deceso generó una conmoción inmediata en el ambiente artístico, siendo confirmado por su mánager, Olga Castreno, y la discográfica Pelo Music a través de un comunicado: “Lamentablemente ha fallecido Melingo, un terrible pérdida de un músico increíble. Su brillante obra nos atravesó el Rock, el Tango y la música popular durante más de 4 décadas. Abrazamos a la familia”. Su partida se produce en un momento de plena efervescencia creativa, apenas diez días después de su última entrevista pública, donde se lo veía entusiasmado por sus múltiples proyectos en marcha.

Melingo se encontraba en la etapa final de los preparativos para el lanzamiento de Tangos bajos (Rework), un álbum que revisitaba su obra cumbre de 1998 con la colaboración de figuras como Andrés Calamaro, Fito Páez, Pity Álvarez y Pablo Lescano. La presentación oficial de este material estaba programada para el próximo 21 de septiembre en el Teatro Coliseo, una fecha que prometía ser una celebración de sus 30 años con el género.

Una trayectoria entre la vanguardia del rock y la mística del arrabal

Nacido el 22 de octubre de 1957, Alejandro Daniel Melingo creció en un ambiente donde la música era el lenguaje cotidiano. Su abuela había sido cantante en el Teatro alla Scala de Milán y su padrastro era mánager del mítico Edmundo Rivero, una influencia que marcaría su destino décadas más tarde. Su formación académica fue sólida y diversa: estudió clarinete y guitarra clásica en el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo y profundizó en composición y etnomusicología en la UCA.

A finales de los 70, huyendo de la dictadura militar, se radicó en Brasil, donde se integró a la banda de Milton Nascimento. A su regreso, se convirtió en una pieza fundamental del renacimiento del rock argentino de los 80. Como miembro de Los Abuelos de la Nada, aportó su saxofón y su pluma en himnos como “Chalamán”, una pieza de reggae que sus propios compañeros definieron como una “genialidad hecha reggae marca Melingo”.

Daniel Melingo junto a Miguel Abuelo, Cachorro López, Polo Corbella, Gustavo “Vasco” Bazterrica y Andrés Calamaro, integrantes de Los Abuelos de la Nada.

Sin embargo, su espíritu inquieto lo llevó a fundar en 1982, junto a Pipo Cipolatti, una de las bandas más irreverentes de la época: Los Twist. Con la producción de Charly García, grabaron el álbum debut La dicha en movimiento en tan solo 29 horas y media. Cipolatti recordaría años después: “A Charly (García) le sobraron unas horas en el estudio y nos llevó derecho a grabar. Hacíamos muchos temas new wave, fue una gran época”. Canciones como “Hulla hulla” y “Cleopatra (la reina del Twist)” se convirtieron en la banda sonora de la primavera democrática.

Fundó junto a Pipo Cipolatti la icónica banda Los Twist en 1982. Fotografía: Andy Cherniavsky.

Su camino en el rock se consolidó al formar parte de la banda de Charly García durante la grabación de Piano Bar (1984), considerado uno de los discos fundamentales de la música nacional. Tras un paso por España con la banda de vanguardia Lions in Love, donde experimentó con el soul y la electrónica, Melingo regresó al país para iniciar la que sería su transformación más profunda.

A finales de los 90, el artista sorprendió al volcarse de lleno al tango. Aunque muchos lo vieron como un cambio de rumbo, Melingo siempre aclaró que el género estaba en su ADN: “¡Es al revés! ¡Antes que de la cuna! ¡Mi vieja cantaba tangos conmigo en la panza!”, afirmó recientemente. Con el lanzamiento de Tangos bajos (1998), construyó una estética «linyera» y nocturna que cautivó tanto a la crítica internacional como a las nuevas generaciones. Diarios como The Guardian lo compararon con Tom Waits, describiéndolo como “el hombre que está haciendo del tango algo seriamente cool”.

Su vínculo con el lunfardo fue central en esta etapa, trabajando codo a codo con el poeta Luis Alposta. Sobre él, Melingo expresó: “Es el poeta lunfardo vivo más importante, así de corta. Al doctor le debo gran parte de mi conocimiento sobre el tango”. Esta búsqueda le valió reconocimientos como el Premio Konex en 2015 y recientes nominaciones a los Premios Gardel en 2025 y 2026.

A pesar de su éxito en el tango, nunca cortó el cordón umbilical con sus raíces: “El rock es un simulacro de una música foránea… Igual, mi corazón, mis amigos y mi espíritu están en el rock. Pienso en rock todo el tiempo, más que en cualquier otra cosa”. Esta dualidad lo definió hasta sus últimos días.

Melingo deja un vacío irremplazable, pero también una obra que, según sus propias palabras, seguirá creciendo en el tiempo. Al referirse a su último disco inconcluso, reflexionó: “Cuando la terminamos de grabar, la obra está inconclusa, se termina de anidar en el oído de cada uno que la escucha”. Su voz aguardentosa y su capacidad para bucear en los graves del lunfardo quedan ahora como un legado eterno de la música popular argentina.

Las despedidas

 

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