El Festival Latinoamericano de Cortometrajes Cortópolis cumple 20 años. Como en todo aniversario redondo, la edición que comienza este jueves –que será la 15va, ya que al comienzo se realizó cada dos años- no será una más. Desde sus ya remotos inicios en 2006, donde un grupo de jóvenes cinéfilos que organizaban el “Cineclub El Corto” se animaron a ampliar el proyecto para celebrar el formato más accesible para filmar películas, el encuentro creció muchísimo no sólo en términos cuantitativos sino también cualitativos.
Pronto se sumaron docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) al proyecto, que supo cobijar un género poco valorado en el ámbito cinematográfico para tratarlo como un arte mayor, con tanta dignidad y posibilidades expresivas como las modalidades más populares del cine. Seguramente pocos soñaban con su presente, instalado hace rato como el festival cinematográfico más importante de la ciudad de Córdoba, la segunda más poblada del país, pese a la profunda crisis que atraviesa el cine en Argentina.
“20 años no se cumplen por accidente. Son dos décadas de resistencia cultural, de pantalla grande y de marcar el pulso del cine corto latinoamericano desde Córdoba”, sostiene el encuentro en su página web, donde se destaca que “a lo largo de estos 20 años Cortópolis ha sido habitado por cortometrajes locales, nacionales e internacionales, ficcionales, de animación y documentales. Un recorrido por paisajes remotos, experiencias diversas y polifonía de acentos. América aflora en imágenes-postales. Un festival es por definición un festejo. Celebramos el encuentro entre realizadores/as y conciudadanos/as de Cortópolis”.
Este año, la cede volverá a ser su casa habitual, el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), donde se proyectarán desde este jueves hasta el próximo domingo cortos de toda Latinoamérica, muchos de ellos como estrenos absolutos, aunque también habrá programas especiales. A la tradicional Competencia Latinoamericana, por primera vez se sumará este año una Competencia Cordobesa con trabajos de toda nuestra provincia, una decisión importante del festival de brindar su pantalla como espacio de difusión a los artistas locales.
Pero esto es apenas el inicio de un programa rico y variado, que tendrá citas imperdibles como las retrospectivas de la directora argentina Paola Michaels y el brasileño Marcus Curvelo, el estreno el sábado a las 20:30 de “Pedro en el país” (2026), de los cineastas argentinos María Alché y Benjamín Naishtat, quienes estarán presentes en la función de esta película que reconstruye la vida de Pedro Catella, hijo de la militante peronista Alicia Eguren y adoptado por el dirigente político John William Cooke; o las funciones de apertura y clausura, con el estreno de “Hablan las aves” (Argentina, 2026), de Rodrigo Montani, o la reposición del histórico filme cordobés “La ciudad de los hombres lactantes” (2001/2002), de María Eugenia Blanco. Precisamente, como siempre, el encuentro con el cine del pasado será otro hito del festival, esta vez en una colaboración fructífera con el Centro de Documentación Audiovisual (CDA) de la Facultad de Arts de la UNC y el Instituto Cinematográfico de la Universidad Nacional del Litoral, que por intermedio de Fernando Martín Peña pondrá a nuestra disposición verdaderas joyas históricas de la mítica escuela de Santa Fe.
Martín Emilio Campos, del equipo organizador, nos cuenta en esta entrevista los detalles del encuentro.
¿Cómo recuerdan el nacimiento del Cortópolis?
Martín Emilio Campos (MC): Originalmente fue una iniciativa que surgió en 2006 del “Cineclub El Corto”, que venía funcionando desde el año 2004 en el Cineclub Municipal, aunque yo no estaba en ese momento. Sí puedo decir que la idea era poder proyectar en las mejores condiciones posibles cortometrajes locales y de toda Latinoamérica, que eran y siguen siendo películas que tienen muchas dificultades para encontrar un lugar digno de exhibición, aunque no por eso dejan de ser obras muy potentes, interesantes, con búsquedas formales, estéticas y narrativas únicas. Creo que ese impulso inicial sigue estando presente hasta el día de hoy.
Desde hace ya un tiempo el Cortóplis dejó de hacerse cada dos años para pasar a ser anual, lo que permitió consolidar cierto público y que sea un festival que funcione en tiempo presente, digamos. Creo que, al tener una lógica de producción un poco más acotada que la que requiere un largo, los cortometrajes suelen ser películas que están mucho más cerca del impulso inicial, de la coyuntura y su contexto, lo que hace que hablen de la realidad en presente de una manera mucho más cercana a su tiempo y a su espacio. Por eso, podemos encontrar muchas películas que hablan de procesos que están sucediendo en este momento, lo que hace que sean muy actuales.
¿Cómo encuentran sus 20 años al Cortópolis? ¿Qué balance pueden hacer de su presente?
MC: Los 20 años del festival nos encuentra contentos y con las mismas ganas de siempre, el balance es más que positivo porque podemos decir que mantenemos el entusiasmo, aunque al mismo tiempo tenemos que sobrellevar cierta frustración porque a pesar de tantos años de esfuerzo y trabajo sigue siendo muy difícil la organización y la gestión por la ausencia de fondos. Uno pensaba que a esta altura del festival no resultaría tan difícil, año tras año, juntar los fondos necesarios para realizar el encuentro: hemos tenido que achicarnos en un montón de cosas, los fondos públicos son muy difíciles de conseguir y los sponsoreos también están mermando. Pero somos veteranos de muchas batallas con respecto a la gestión con muy pocos recursos y siempre intentamos ser ingeniosos a la hora de programar y construir un festival sin disponer del dinero necesario -que juzgamos justo tenerlo- para poder hacerlo.
Creo que estos 20 años también nos sirven para poner en perspectiva el trabajo y la verdad es que estamos muy contentos porque sentimos que a pesar de todos los vaivenes y todas las dificultades siempre pudimos encontrar la manera de hacer un festival que sea valioso, interesante, innovador y novedoso. También quiero decir que nos sentimos herederos de aquél impulso inicial que tuvieron los fundadores del encuentro e intentamos hacer justicia de que el festival que construimos en cada edición esté a la altura de su historia. Finalmente, me parece que de a poco ha ido consolidando un lugar y que sigue incorporando cosas nuevas: por ejemplo, este año por primera vez va a tener una Competencia Cordobesa, en la que hay 12 cortos locales que van a competir por los premios, de manera separada de la Competencia Latinoamericana, que es la competencia tradicional del festival. Es una manera de intentar ser parte de la comunidad cinematográfica cordobesa y tratar de servir como pantalla para impulsar que los artistas locales se encuentren con su público y puedan disfrutar de una proyección de sus trabajos en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, lo que no es poco.
¿Cómo se sostiene el festival?
MC: Se sostiene con el trabajo ad honorem de muchas personas que formamos parte tanto del equipo de programación como del equipo de producción, que durante meses estamos completamente abocados a la organización del festival, a ver las películas, a gestionar los viajes, alojamientos, los catálogos, la difusión, los sponsors, etcétera. Tenemos por supuesto la ayuda de la gestión del Cineclub Municipal y contamos con cierta ayuda del Polo Audiovisual de la Provincia de Córdoba.
¿Qué nos pueden comentar de Marcus Curvelo y Paola Michaels?
MC: La de Paola Michaels es una retrospectiva que hace muchos años teníamos ganas de hacer, porque ella ha participado del festival con sus trabajos en años anteriores, pero es la primera oportunidad que tenemos de pasar parte de su obra de manera conjunta, en este caso seis de sus películas que van desde 2012 hasta 2025. Es una directora que nos gusta mucho por la libertad con la que se mueve por las artes visuales, el ensayo, el cine experimental, generando asociaciones muy inesperadas entre los objetos que filma. Cecilia Oliveras destaca en el catálogo el humor que tiene todas sus películas “como una forma de desarmar las certezas con las que solemos mirar las cosas”.
Creemos que nuestro público puede disfrutar mucho sus películas por su dimensión lúdica y muy curiosa a la hora de ver el mundo, que para nosotros la distingue de otros directores de su generación. Poder tenerla a ella también para conversar, siendo jurado del festival, va a ser una experiencia muy rica porque me parece que es una cineasta que genera no sólo mucha admiración sino también mucha inspiración, porque me parece que al ver sus películas uno puede tener ideas y puede surgir un impulso para filmar y seguir explorando el mundo, lo cual es algo que nos parece muy valioso.
Con respecto a Marcos Curvelo es un cineasta que conocimos por referencias de algunos amigos de Brasil y también fue un nombre que surgió en algunos de nuestros viajes por tierras brasileñas. Conocí su obra este año y me encantó cómo se filma en primera persona: él es el protagonista de todos sus cortos, habitualmente en forma de una especie de “alter ego” que es un joven que trabaja como puede, haciendo las tareas que habitualmente debe hacer un aprendiz de cineasta en Córdoba o la Argentina y que padece situaciones de la coyuntura social, política o económica. Es un cineasta que asume, en esa primera persona, muchas de las frustraciones, deseos y búsquedas que tiene cualquier artista Latinoamericano, que intenta adaptar sus impulsos internos a las dificultades del mundo alrededor. Son películas donde aparece el trabajo, el juego, las amistades, los romances y los desamores también. Todo desde una estética que recuerda un poco al subgénero del “mumblecore”, en el sentido de inventarse una narrativa con las cosas que uno tiene a su alrededor, con las tareas y las personas que pueblan nuestras vidas.
Como decía de Paola Michaels, también me parece un cineasta que vale la pena conocer e investigar porque lo encuentro muy inspirador: me parece que es un tipo que está lidiando con la coyuntura política de su país, un país polarizado y quebrado políticamente, donde parece imposible poder encontrar una conciliación, donde hay sectores que atacan con mucha violencia a los impulsos artísticos y a sus creadores. Me parece que sus películas, de una forma muy genuina y sincera, intentan canalizar esa presión social y que están pensando, tratando de construir algo, con eso. Creo por que eso sus películas son muy interesantes para nosotros en Argentina porque estamos atravesando procesos similares y las formas en las que Marcus intenta construir algo con todo eso, recurriendo a recursos tan cercanos y cotidianos, lo convierte en un gran cineasta para inspirarnos a la hora de filmar y relacionarnos con nuestro mundo.
¿Cómo organizaron el programa de cortos de la Universidad Nacional del Litoral y del CDA?
MC: Son dos ciclos con rescates del cine de otras décadas, con digitalizaciones hechas a partir de material fílmico que han sobrevivido en distintas condiciones. Por ejemplo, del CDA vamos a pasar cortos de Raymundo Gleyzer, un material que tiene mucha importancia por lo que fue su figura como cineasta político y comprometido con su tiempo hasta su cruel desaparición. Vamos a vincularlo con el trabajo que hizo en la provincia de Córdoba, donde no sólo trabajó en producciones sino que fue docente también en la Escuela de Cine de la UNC, entonces vamos a pasar varios cortos donde participó y donde se puede ver su deseo de conocer otras culturas, otras formas de vivir la vida y vincularse con las cosas a su alrededor. Gleyzer fue un cineasta supremo en la historia de nuestro país y tener la oportunidad de recuperar este material y proyectarlo es algo que nos encanta, porque todavía es una figura que nos interpela en el presente, por lo menos a los cineastas que tienen un cierto compromiso social.
Con el CDA vamos a proyectar además dos películas, “En un mundo feliz” (1970) y “El sitio” (1971), que fueron realizadas por el “Grupo PsicoCine”, que fue un grupo de estudiantes de la UNC que luego tuvieron una larga carrera docente en la Facultad de Artes en las décadas posteriores. Gracias al trabajo de Santiago Sein y de todo el CDA hoy podemos ver esas películas en condiciones muy buenas. Con estas proyecciones, estamos tratando de completar un poco el álbum de las producciones cordobesas de los ‘60 y ‘70. Todos los años tratamos de hacer un espacio para poder conocer un poco mejor la historia del cine local y las producciones de décadas anteriores, para saber no sólo el trasfondo de esas producciones sino también sus imágenes, con la esperanza de que quede un poco más claro la tradición de la cual somos parte para poder pensar en profundidad nuestras prácticas en el presente.
Con respecto al programa del Instituto Cinematográfico de la Universidad Nacional del Litoral, lo organizamos con el apoyo de Filmoteca Buenos Aires y Fernando Martín Peña, con copias cedidas por la universidad y digitalizadas por Peña con su propio dinero. La idea de la programación es intentar rescatar obras de otras décadas de artistas del interior, en este caso toca Santa Fe. Es un programa bastante variado, con un anclaje documental por supuesto, pero vamos a ver imágenes que van desde el boxeador Carlos Monzón antes de convertirse en campeón, de gente viajando en trenes que nos recuerda a “Tiré die” (1958, Fernando Birri), hay un corto extraordinario sobre un proyectorista que viaja por los pueblos proyectando cine a la gente, entre muchos otros trabajos destacables. Estas películas están llenas de ideas geniales, tienen un trabajo con el montaje y el encuadre que suele ser notable, y las voces en off son impresionantes, cómo plasman el habla y el pensamiento de la gente entrevistada es algo maravilloso. Uno siente que está frente a obras que, a pesar de ser muy cortas, tienen muchísimas capas de significados y ayudan a pensar un país y sus dinámicas sociales de manera muy potente. Es uno de mis programas favoritos.
¿Por qué eligieron “La ciudad de los hombres lactantes” para la clausura?
MC: Desde hace ya algunas ediciones, venimos aprovechando las funciones de apertura o clausura para rescatar películas que son parte de la historia cordobesa. En este caso es un corto que cumple 25 años al menos de su rodaje, porque hay discrepancias sobre si fue estrenada en 2001 o 2002, pero volvió a estar en conversación este año con el estreno de la película “La noche está marchándose ya” (2026, Ramiro Sonsini y Ezequiel Salinas), porque rescata algunas de las ideas que aparecen en este cortometraje, por ejemplo en la forma de filmar La Cañada. Además, este año hubo un ciclo del cineclub El cinéfilo de los fuertes de películas alrededor de “La noche…” y fue uno de los cortos elegidos para el programa, así que hay una copia nueva hecha lo mejor que se pudo con los materiales que quedaron de aquellos años de comienzo del siglo. Así que la idea es rescatarla para poder verla de nuevo en pantalla grande y poder hacer esa genealogía para vincularla con las imágenes que hoy están en boga en el cine cordobés.
PD: el programa completo del festival que comienza hoy a las 15:30 puede consultarte en las páginas del Cineclub Municipal Hugo del Carril y en la del propio Cortópolis.
