Falleció Sam Neill a los 78 años en Sídney

El actor neozelandés, reconocido mundialmente por interpretar al Dr. Alan Grant en Jurassic Park, murió este lunes de manera imprevista en Australia. Su carrera trascendió la célebre saga de Steven Spielberg y lo consolidó como una de las figuras más respetadas del cine.

Falleció Sam Neill a los 78 años en Sídney

El mundo del cine despide a una de sus figuras más íntegras y carismáticas. Para toda una generación que creció en los años 90 y principios de los 2000, su rostro quedó ligado para siempre al del Dr. Alan Grant, el paleontólogo que desafió a los dinosaurios en Jurassic Park, una de las películas más influyentes de la historia del cine.

Sam Neill murió este lunes en Australia a los 78 años. La noticia, que impactó a sus seguidores y colegas por igual, fue confirmada por sus familiares a través de un comunicado oficial, donde describieron el deceso como algo “repentino e inesperado”. El intérprete se encontraba en Sídney y, según detalló su círculo íntimo, “Sam estaba rodeado de su familia y falleció con la dignidad que caracterizó toda su vida”.

Esta partida genera una profunda sorpresa dado que, en abril pasado, el propio Neill había compartido con el público que se encontraba libre de cáncer tras una intensa lucha contra un linfoma no hodgkiniano de células T angioinmunoblástico en estadio tres, diagnosticado originalmente en 2022. Gracias a una terapia genética innovadora —específicamente un tratamiento de células T con CAR— su sistema inmunitario fue reprogramado para atacar la enfermedad, logrando que entrara en remisión. Por este motivo, su familia quiso subrayar que, a pesar de lo imprevisto del fallecimiento, “la pérdida fue repentina e inesperada, pero bendecida por el hecho de que Sam seguía libre de cáncer”.

El camino de Neill frente a la enfermedad fue un testimonio de resiliencia y honestidad. En sus memorias publicadas en 2023, el actor había confesado que estaba “posiblemente muriendo”, relatando que la quimioterapia convencional había dejado de funcionar en un punto de su tratamiento. En aquel entonces, recordaba: “Estaba desorientado y parecía que iba de salida, lo cual obviamente no era lo ideal”. Sin embargo, el cambio a la terapia genética en el hospital privado St Vincent’s de Sídney transformó su panorama clínico de forma radical.

Tras someterse a este proceso que utiliza un virus desactivado para reprogramar las células T, el actor se mostró conmovido por los resultados: “Acabo de hacerme una tomografía y no tengo cáncer. Es algo extraordinario”. En este contexto, Neill se convirtió en un defensor del acceso a este tipo de medicina, pidiendo a las autoridades australianas mayor financiamiento para que otros pacientes pudieran acceder a la terapia de células T con CAR. Su muerte, aunque desligada del cáncer según su familia, deja un vacío en una industria que admiraba su entereza; como sostuvo el primer ministro australiano, Anthony Albanese, Neill era “irónico y seco, reflexivo y lacónico”, y enfrentó su dolencia con la misma convicción que aplicaba a sus personajes.

De la Isla Sur de Nueva Zelanda al estrellato mundial

Nacido en Irlanda del Norte en 1947 como Nigel John Dermot Neill, el actor se mudó a la Isla Sur de Nueva Zelanda a los siete años. Fue allí donde decidió adoptar el nombre “Sam”. Según relató al diario Otago Daily Times, tomó esta decisión a los 12 años porque temía que su nombre original fuera percibido como demasiado afeminado o simplemente porque había demasiados compañeros llamados Nigel en su escuela. “Fui yo quien fomentó el apodo porque pensé que así sería un poco menos probable que me victimizaran”, explicó en su momento, añadiendo que se aferró a esa nueva identidad “con gran entusiasmo”.

Su carrera profesional despegó tras abandonar la abogacía por la actuación en la Universidad de Canterbury. En 1977, protagonizó Sleeping Dogs, hito considerado el primer largometraje neozelandés en más de una década, lo que le abrió camino hacia Australia y, posteriormente, hacia el reconocimiento global con Mi brillante carrera (1979) junto a Judy Davis. Durante la década de 1980, consolidó su presencia en el cine con títulos como Possession y el thriller marítimo Dead Calm, donde compartió pantalla con una joven Nicole Kidman.

No obstante, el papel que lo consagraría definitivamente llegó en 1993 de la mano de Steven Spielberg en Jurassic Park. Su interpretación de Alan Grant, el paleontólogo racional que se enfrenta al caos en una isla llena de dinosaurios clonados, se volvió icónica. Sobre la naturaleza de aquel conflicto ficticio, su personaje reflexionaba con una frase que quedó para la posteridad: “Los dinosaurios y el hombre, dos especies separadas por 65 millones de años de evolución, de repente han sido arrojadas de nuevo a la mezcla juntas. ¿Cómo podemos tener la más mínima idea de qué esperar?”. Años después, tras retomar el rol en Jurassic Park III (2001) y Jurassic World: Dominion (2022), Neill admitió sentirse más cómodo como héroe de acción: “Estoy más contento con Grant esta vez. Es duro y curtido, pero parece que sabe lo que está haciendo”.

El actor que dejó su huella mucho más allá de Jurassic Park

Su versatilidad le permitió transitar con éxito de los blockbusters a la televisión de prestigio, destacando como el implacable inspector Chester Campbell en Peaky Blinders, un antagonista enviado por Winston Churchill para limpiar las calles de Birmingham. También participó en producciones tan diversas como The Tudors, The Hunt for Red October y hasta prestó su voz en series animadas como Rick and Morty, donde interpretó al líder de los Monogotrons con un toque neozelandés.

Interpretó al mayor Chester Campbell en Peaky Blinders.

Más allá de los grandes estudios de Hollywood, Neill cultivaba una vida profundamente arraigada a la tierra neozelandesa. Se desempeñaba como un apasionado viticultor en la región de Central Otago, donde bajo su marca Two Paddocks producía vinos de las variedades pinot noir y riesling. Su conexión con la vida rural se reflejaba también en sus redes sociales, donde compartía imágenes de los animales de su granja, a los que bautizaba con nombres de colegas famosos: tenía una gallina llamada Laura Dern, un pato llamado Kylie Minogue y una vaca llamada Helena Bonham Carter.

Tras conocerse su deceso, mandatarios de Oceanía rindieron homenaje a su labor. El primer ministro de Nueva Zelanda, Christopher Luxon, lo calificó como “uno de los grandes” y destacó que “durante más de cincuenta años llevó las historias de Nueva Zelanda al mundo, y su talento contribuyó a hacer de nuestra industria cinematográfica lo que es hoy: una de nuestras mayores exportaciones culturales”. Sam Neill deja tras de sí un legado de dignidad, tanto en su lucha personal como en una carrera que supo combinar la sobriedad interpretativa con el carisma de las estrellas inmortales.

Nota en desarrollo.

 

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