Tras conocerse este lunes la muerte de Carlos Alonso, a los 97 años, distintos museos e instituciones culturales de Córdoba despidieron al artista mendocino y destacaron su trayectoria, su vínculo con la provincia y la presencia de su obra en los acervos públicos. El Museo Genaro Pérez, el Centro de Arte Contemporáneo Chateau y el Museo Evita Palacio Ferreyra fueron algunos de los espacios que expresaron su reconocimiento al pintor, dibujante, grabador e ilustrador.
El Genaro Pérez lo despidió como “maestro ineludible de las artes visuales y figura central en la historia del arte argentino”. La institución destacó la maestría técnica de su dibujo y una obra en la que pintura, grabado e ilustración se pusieron al servicio de una mirada sobre la condición humana, la violencia y la memoria colectiva del país.
En el Centro de Arte Contemporáneo Chateau, el recuerdo se enlaza además con una obra concreta. Desde allí señalaron que Alonso realizó una de sus piezas emblemáticas, El pintor caminante. Actualmente, el espacio exhibe Gato, una escultura en bronce que integra la muestra colectiva Bestiario. La presencia de esa pieza adquiere ahora otra significación: permanece allí una obra de un artista que mantuvo hasta sus últimos años una relación estrecha con Córdoba.
En el Museo Evita Palacio Ferreyra, la presencia de Alonso tiene además un capítulo especialmente ligado a la memoria argentina. Desde hace años, el museo conserva y exhibe la serie Manos anónimas, una de las producciones más estrechamente vinculadas con la historia personal del artista y con la violencia de la última dictadura.
A esa presencia se sumó, a fines de julio, la muestra Carlos Alonso en los círculos del infierno, con curaduría de Romina Cervi y el Museo Evita Palacio Ferreyra. La exposición reunió obras de las series Manos anónimas, Infierno, El ganado y lo perdido y Hay que comer, y propuso un recorrido por algunos de los temas que atravesaron su producción: la violencia, el dolor, la memoria y la condición humana, en diálogo con el universo de Dante.
También el Museo Caraffa lo despide y recuerda su vínculo con las sierras de Unquillo, donde el artista encontró su hogar y refugio creativo después de su exilio europeo.
A los mensajes de los museos se sumó, por otra parte, la Agencia Córdoba Cultura, que también despidió al artista y recordó especialmente ese vínculo con la provincia. Lo definió como “uno de los grandes maestros del arte argentino” y señaló que su obra estuvo atravesada por la memoria, la condición humana y las preguntas de su tiempo. Además, destacó la donación de 16 obras al patrimonio provincial, varias de las cuales forman parte del Museo Rodante y continúan recorriendo distintas comunidades de Córdoba.
Carlos Alonso nació en Tunuyán, Mendoza, el 4 de febrero de 1929. Pintor, dibujante y grabador, desarrolló una extensa trayectoria nacional e internacional y construyó, con el paso de los años, una relación especialmente estrecha con Córdoba. En 1981 se radicó en Unquillo, donde había vivido su maestro Lino Enea Spilimbergo, y convirtió las sierras en el escenario de una nueva etapa de su vida y de su trabajo.
Su producción estuvo marcada por una mirada crítica sobre la condición humana, la violencia, el poder y la memoria. Esa dimensión de su obra tiene una presencia significativa en el patrimonio cordobés. La Colección Provincial de Arte conserva piezas de distintas etapas de su trayectoria, mientras que el Museo Evita Palacio Ferreyra alberga obras centrales como Manos anónimas.
A ese patrimonio se sumaron 16 obras donadas por el propio Alonso, que hoy forman parte de la colección provincial y, en buena medida, del Museo Rodante de la Agencia Córdoba Cultura. A través de esta iniciativa, sus trabajos continúan circulando por el territorio cordobés. La propuesta ya recorrió más de 106 localidades, llevando obras de las series El ganado y lo perdido, Mal de amores, Vida de pintor y Super carne a espacios por fuera de los circuitos habituales de exhibición.
La presencia de Alonso en Córdoba, así, no quedó limitada a las salas que resguardan su producción. Su obra también fue entrando en contacto con otros públicos a través de esas recorridas, mientras sus pinturas, dibujos y grabados permanecen incorporados a la memoria artística de la provincia.
En una trayectoria que también incluyó la ilustración de Martín Fierro y La Divina Comedia, homenajes a grandes maestros de la pintura y una producción sostenida hasta sus últimos años, Alonso mantuvo siempre una mirada atenta sobre su tiempo. Córdoba fue parte de ese recorrido y también uno de los lugares desde donde su obra continúa siendo mirada. Queda así la huella de un artista que siguió trabajando hasta sus últimos años y cuyas obras todavía reclaman tiempo frente a ellas.
Nota en desarrollo.
Murió Carlos Alonso, una figura clave del arte argentino que convirtió el dolor en memoria
