El vinilo le devolvió el pulso a la histórica Disquería Edén

La clásica esquina céntrica sobrevivió a la digitalización de la música y a la pandemia. Hoy, el regreso de los formatos físicos la mantiene vigente y atrae a una nueva generación de jóvenes.

El vinilo le devolvió el pulso a la histórica Disquería Edén

Caminar por Obispo Trejo, justo en la esquina donde cambia a Rivera Indarte, es encontrarse con una parte de la historia cultural de Córdoba. En el número 15, detrás de los vidrios de la clásica esquina azul, las vidrieras de Disquería Edén siguen resistiendo al paso del tiempo y a la desmaterialización de la música. En una entrevista con Fernando Fabrega, socio e histórico trabajador del local, nos reveló cómo este ícono cordobés se mantiene en pie frente a las transformaciones del consumo digital.

Antes de convertirse en el local comercial que es hoy, los socios fundadores se dedicaban a grabar clases en la facultad, imprimirlas y venderlas como apuntes universitarios. Fundada en 1978, la empresa tomó forma y se orientó a la venta de pósters, tarjetas y señaladores, bajo el nombre Edén, elegido como referencia a “un paraíso terrenal”. La música llegó casi por casualidad y, a medida que crecía la demanda de casetes y vinilos, fue ganando protagonismo hasta desplazar por completo a la papelería.

A lo largo de sus más de cuatro décadas, el local atravesó todas las transformaciones tecnológicas de la industria discográfica. Después del breve paso del magazín, un formato de cinta de gran tamaño que solía trabarse y resultaba poco práctico, el casete ganó terreno por su facilidad de uso y su portabilidad, especialmente en los automóviles. Esto marcó, de manera gradual, el repliegue del vinilo hacia un público más especializado. Luego llegó el reinado absoluto del CD, periodo en el que Edén funcionó no sólo como disquería, sino también como sello y distribuidora fonográfica, con más de 1.100 títulos editados, principalmente de cuarteto y de artistas independientes como La Barra, La Mona Jiménez y Sabroso.

Sin embargo, la época dorada quedó golpeada primero por la piratería de CDs, luego por la expansión de los archivos MP3 y, finalmente, por el consumo masivo de música a través de plataformas de streaming como Spotify. “Los peores años fueron 2007 y 2008, cuando parecía que ya no había vuelta atrás”, recordó Fábrega. A ese escenario se sumó después el parate provocado por la pandemia de coronavirus, que afectó la actividad en 2020.

Ante la caída sostenida de las ventas y la presión de los costos operativos, los trabajadores decidieron organizarse como cooperativa. “Dejamos de ser empleados para pasar a ser socios y, a partir de ahí, con la reducción de las cargas sociales y un montón de cuestiones, logramos revertir un poco la situación”, explicó Fernando. Con 18 años de trayectoria en Edén —15 como empleado y tres como socio—, forma parte de un equipo integrado actualmente por cuatro socios.

Fernando, 18 años detrás del mostrador de Edén.

La separación de la boletería y la autocrítica

Junto con la reestructuración laboral, se produjo un cambio en la dinámica del local: la separación operativa del negocio de la boletería. Aunque históricamente la tiquetera le aportó un gran flujo de público al espacio, hoy funcionan como entidades totalmente independientes. «Somos dos empresas distintas que funcionan bajo un mismo espacio físico; todos nuestros recursos los tenemos que generar con la venta de la música y de los accesorios», remarcó Fábrega, haciendo referencia a la venta de cuerdas de guitarra, auriculares y artículos de informática como teclados y mouses.

Por otra parte, al analizar la trayectoria comercial de la disquería, Fernando reconoció con autocrítica que no haber construido un catálogo digital ni una plataforma de e-commerce a tiempo fue una «derrota» o un error de gestión derivado de la comodidad. Sin embargo, la falta de una tienda web terminó reforzando involuntariamente el perfil artesanal y la mística de la tienda física.

Un refugio para quienes todavía buscan música en formato físico.

El fenómeno del vinilo

El auténtico sostén económico del negocio comenzó a consolidarse entre 2022 y 2023, con el fenómeno del regreso del vinilo. “El resurgimiento del vinilo fue la salvación de la industria”, afirmó Fábrega. A diferencia de lo que podría suponerse, el motor de esta recuperación no son solo los adultos nostálgicos, sino también una nueva camada de jóvenes de entre 18 y 25 años que acuden al local, en muchos casos acompañados por sus padres.

Según explicó Fernando, este público juvenil busca en el formato físico la posibilidad de tener el objeto, más allá de escucharlo. “Tienen el formato físico, quieren tener el objeto, la carátula, las letras”, destacó. El fenómeno llega al punto de que muchos jóvenes compran discos sin contar siquiera con un reproductor en sus casas. “No tienen dónde reproducirlo, pero lo quieren tener”, graficó Fábrega al explicar el valor estético y coleccionable que adquirieron los discos de fenómenos del pop como Taylor Swift.

En cuanto al catálogo, el 98% de lo que vende la disquería corresponde al rock nacional e internacional clásico, mientras que la música melódica, el tango y el folclore representan apenas entre el 1% y el 2% de la demanda. El ranking comercial de las bateas está encabezado por íconos como Almendra, Spinetta, Serú Girán, Sui Generis, Soda Stereo, Sumo, The Beatles, Pink Floyd y Queen.

Un dato ilustra esta devoción que atraviesa generaciones: “Es increíble que vendamos cinco discos de Artaud por semana”, reveló Fábrega sobre la obra cumbre de Pescado Rabioso, editada en 1973.

En formato CD, las grandes dinamizadoras contemporáneas son figuras internacionales como Taylor Swift, Olivia Rodrigo, Lady Gaga y Cazzu. En contraposición, Fernando lamentó que la música popular cordobesa prácticamente haya abandonado las ediciones físicas y señala que Ulises Bueno es el único artista de cuarteto que mantiene sus lanzamientos oficiales en CD.

El vinilo volvió a ocupar un lugar central en el local.

El arte de tapa y el ritual de escuchar sin interrupciones

La fascinación por el vinilo también pasa por lo visual. Según Fernando, pasar de la imagen diminuta de un álbum en la pantalla del celular a una carátula desplegable de 30 por 30 centímetros permite recuperar el valor del arte plástico y fotográfico que acompañó históricamente a los discos.

Fábrega recordó, en ese sentido, la dedicación que había detrás de algunas tapas emblemáticas. Entre ellas menciona la búsqueda de Charly García y del fotógrafo Uberto Sagramoso para conseguir en Nueva York la imagen del grafiti que terminó ilustrando la portada de Clics Modernos.

Pero el atractivo del formato físico también está en la manera de escuchar música. El socio de Edén contrapone esa experiencia con el consumo fragmentado de la era digital y reivindica el ritual de sentarse a escuchar un álbum completo.

“El disco es el ritual de sentarte en el living de tu casa, escuchar los cinco o seis temas, sacar el brazo, darlo vuelta, volver a poner la púa y escuchar sin que nadie te interrumpa. Es el placer de volver a escuchar un disco completo y no una playlist”, sostuvo.

Clásicos del rock comparten espacio con nuevos lanzamientos.

Prensas, tocadiscos y consejos técnicos

Respecto al proceso industrial, Fábrega explicó que la producción de vinilos comenzó a recuperarse cuando Sony Music, ante la falta de fábricas activas en Argentina, empezó a enviar los másteres a la República Checa para su prensado. Una vez confirmada la recuperación comercial del formato, tanto Sony como Universal volvieron a poner en funcionamiento prensas en el país, donde actualmente se fabrica la mayoría de los títulos.

Fábrega también señaló que en los últimos años se popularizaron las ediciones de vinilos de colores. El tradicional formato negro, en cambio, tiene un origen ligado a la práctica de los DJs, ya que permitía identificar visualmente el surco y ubicar con mayor facilidad el comienzo de cada canción.

Para quienes se acercan por primera vez a la experiencia analógica, Fábrega recomienda prestar atención al equipo utilizado. Según explicó, los tocadiscos económicos con formato de “valijita” suelen tener brazos rectos de plástico y carecen del contrapeso y la curvatura necesarios para acompañar correctamente el recorrido del surco. Con el uso, esto puede terminar desgastando los discos. Teniendo en cuenta que un vinilo nuevo cuesta entre $70.000 y $80.000, Fernando aconseja acompañar la compra con un equipo de mayor calidad. Una bandeja, un sintoamplificador y parlantes pueden representar una inversión cercana al millón de pesos. “Si vas a arrancar y estás gastando esta plata en vinilo, hacé una inversión en un equipo que te permita que esto te dure más tiempo”, sugirió.

Por otra parte, si bien la mayor parte de los discos que comercializa la disquería son nuevos y originales, también cuenta con algunos vinilos usados que fueron donados por personas que los tenían en buen estado. Se trata de una presencia ocasional dentro de las bateas, ya que, según explicó Fernando, el cuidado y el estado de conservación son fundamentales para que un disco pueda volver a ser escuchado.

La mística artesanal de la esquina marcada

Sobre la vigencia de los distintos formatos, Fábrega descartó un resurgimiento del DVD, liquidado por la inmediatez de YouTube, y ve improbable el retorno del casete. En cambio, le pronostica al menos una década más de esplendor al vinilo. Sin e-commerce ni tienda digital, la esquina de Obispo Trejo y Deán Funes se mantiene como un punto de referencia indiscutido para los melómanos.

Fernando tiene 58 años y lleva 18 detrás del mostrador. Creció entre tango, folklore, música francesa y clásica, hasta que descubrió el rock, se sumó a las fechas en vivo y encontró en el pogo su lugar en el mundo. Hoy escucha a Ca7riel, Paco Amoroso, Nicki Nicole, WOS o Trueno con la misma curiosidad con la que de chico exploraba lo que sonaba fuera de su casa. Por eso, cuando habla de música, formatos y recambios generacionales, insiste en la misma idea de escuchar sin prejuicios. Y esa es, en el fondo, la invitación que le deja a cualquiera que se acerque a su mostrador o lea estas líneas.

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