El podio continental se vistió de fiesta familiar en los Juegos Suramericanos de Santa Fe. Isabel Di Tella conquistó la medalla dorada en esgrima, una consagración que llega tras más de quince años de trayectoria internacional y que tuvo un condimento especial, su hermano Pascual también se subió a lo más alto del podio en su categoría.
A pesar de haber rozado la victoria compartida en otras ocasiones donde se alternaban entre el oro y la plata, esta edición marcó la primera vez que ambos alcanzaron la cima de manera simultánea. Sin embargo, el festejo debió ser contenido. Isabel tuvo que pausar los festejos con su hermano para priorizar el descanso de cara a sus siguientes compromisos en la pista.
Entre finanzas y la espada
Detrás del logro continental se esconde una exigente rutina dividida entre el deporte de alto rendimiento y el mundo corporativo. La esgrimista reside en Estados Unidos, donde trabaja jornadas de ocho horas en un fondo de inversión en Nueva York y destina entre dos y tres horas diarias a su entrenamiento.
Esta estricta planificación forma parte de una dinámica habitual en su vida desde su época universitaria, aunque reconoce que la carga acumulada exige adaptar la intensidad física según el momento del año. Sus propios compañeros de oficina en territorio estadounidense siguieron de cerca la competencia mediante transmisiones en vivo, enviándole capturas de pantalla para celebrar su consagración a la distancia.
La realidad del deporte amateur
El caso de Di Tella refleja la situación estructural que atraviesan la mayoría de los atletas no profesionales. La falta de sostenibilidad económica en la disciplina obliga a los deportistas a combinar sus carreras con empleos a tiempo completo para costear equipamiento, viajes y entrenamientos.
A la baja visibilidad y escasez de público en estas disciplinas se le suma la dificultad para conseguir patrocinios privados, un terreno donde los propios atletas deben gestionar acuerdos sin apoyo publicitario o representación profesional.
Mirada hacia el futuro
A pesar de las exigencias del doble rol, Di Tella destaca el equilibrio que encuentra entre ambas facetas. El deporte funciona como una vía de descarga frente al estrés laboral, mientras que el trabajo le brinda estabilidad y perspectiva.
Si bien es consciente de que el desgaste físico y el paso del tiempo acercan el cierre de su carrera dentro de la pista, contempla seguir vinculada a la esgrima desde la gestión o la enseñanza. Esta medalla dorada no solo premia un esfuerzo de años, sino que reafirma el valor de cada oportunidad aprovechada en el tramo final de su trayectoria deportiva.
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