Hay números que hablan por sí solos. 81 medallas de oro, 87 de plata y 125 de bronce. 293 podios. Segundo lugar en el medallero, detrás de Brasil y por delante de Colombia. Argentina cerró los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 con una actuación que confirma, una vez más, la enorme capacidad competitiva del deporte nacional.
La delegación albiceleste, integrada por 658 atletas, mejoró ampliamente la cosecha de Asunción 2022, cuando había conseguido 58 oros, y volvió a instalarse entre las grandes potencias deportivas de Sudamérica. Brasil terminó primero con 122 doradas y 312 medallas, mientras que Colombia completó el podio con 69 oros y 192 preseas.
Pero detrás de cada medalla hay otra historia. Una que no aparece en el medallero y que los propios deportistas se encargaron de poner sobre la mesa durante las últimas semanas: cómo sostener el deporte argentino cuando los recursos públicos destinados al alto rendimiento, al deporte comunitario y a los clubes vienen sufriendo fuertes recortes.
Y ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. Argentina celebra una actuación histórica mientras sus propios atletas advierten que cada vez cuesta más llegar a las competencias, entrenarse y sostener una carrera deportiva.
Un medallero con muchos nombres
La cosecha argentina fue amplia y repartida entre disciplinas de todo tipo.
La natación tuvo una participación destacada con Macarena Ceballos, ganadora de los 50, 100 y 200 metros pecho; Cecilia Dieleke, campeona en 50 y 100 metros espalda y dueña además del récord de los Juegos en esta última prueba; y el oro del relevo femenino 4×100 medley que completaron junto a Laila Chain y Andrea Berrino.
También hubo protagonismo argentino en el hockey. Las Leonas vencieron 5-0 a Chile en la final y Los Leones derrotaron 3-1 al mismo rival para quedarse con el título masculino.
La gimnasia artística aportó otro de los grandes momentos del torneo. El equipo femenino argentino ganó la competencia por conjuntos y terminó con una hegemonía brasileña que se extendía desde hacía más de tres décadas. Julieta Lucas, además, se consagró en el concurso completo individual.
La esgrima tuvo como uno de sus primeros protagonistas a Pascual Di Tella, ganador del primer oro argentino en Santa Fe, mientras que Augusto Servello e Isabel Di Tella también fueron campeones individuales. A ellos se sumaron los títulos por equipos en sable masculino y femenino.
El canotaje también fue una fuente importante de oros, con los K4 500 metros femenino y masculino, el C2 500 metros de Aramís Sánchez y Santiago Piedras y el título de Manuel Tripano en C1 paralelo.
En atletismo, Micaela Levaggi ganó los 1.500 y 5.000 metros, mientras que el relevo mixto 4×400 también terminó en lo más alto.
La lista siguió con Agustín Destribats en lucha, Alexis Eberhardt en tiro, Joel Fernando Contreras y Mateo Kalejman en ciclismo, Eugenia de Armas en wakeboard, Catalina Serio en pentatlón moderno y títulos argentinos en pelota vasca, racquetball, bowling y deportes electrónicos.
Y el último oro llegó en el handball masculino. Los Gladiadores empataron 27-27 ante Chile y aseguraron el título por diferencia de gol, para ponerle el punto final a una delegación que compitió en las 59 disciplinas previstas para Argentina.
La magnitud de la actuación se entiende todavía mejor con un dato: el país acumula ahora 663 medallas doradas en la historia de los Juegos Suramericanos y ocupa el tercer lugar histórico, detrás de Brasil y Colombia.
Argentina supo dominar las primeras ediciones del certamen y fue primera en las competencias disputadas entre La Paz 1978 y Cuenca 1998. Su última consagración general había sido en Buenos Aires 2006, cuando terminó al frente con 107 oros.
Veinte años después, en otra edición disputada en territorio argentino, volvió a quedar segunda. Y lo hizo con una generación de atletas que, al mismo tiempo que gana, también reclama.
“Ganamos con el corazón, pero también necesitamos plata”
Pocos testimonios resumieron mejor esa contradicción que el de Fernanda Russo.
La tiradora cordobesa consiguió dos medallas doradas en Santa Fe y, apenas terminó una de sus competencias, dejó una frase que rápidamente trascendió el ámbito deportivo: “Ganamos con el corazón, pero también necesitamos plata”.
Russo fue todavía más contundente al describir el presente del deporte amateur. Según expresó, el medallero puede mostrar una realidad exitosa, pero no necesariamente refleja las condiciones en las que los atletas llegan a competir.
“Por más que estemos arriba en Sudamérica, es un medallero mentiroso. Se hace lo que se puede. Es muy triste la situación que está viviendo el deporte amateur”, señaló.
La frase de Russo no apareció en un vacío. Apenas unas semanas antes, después de que Las Leonas conquistaran el Mundial de hockey, su capitana María José Granatto también había aprovechado el festejo para reclamar mayores recursos.
“Si esto lo hicimos con lo que teníamos, imaginate con más apoyo”, dijo Granatto, antes de remarcar que el deporte también es “inclusión, derecho e igualdad” y pedir mayor inversión.
Dos campeonas. Dos disciplinas diferentes. El mismo mensaje.
Los números del ajuste
El Gobierno nacional, por su parte, sostiene otra mirada. El secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, afirmó que el Estado invierte 50 millones de dólares por año en deporte y destacó el talento y el esfuerzo de los atletas.
Pero los números sobre la ejecución presupuestaria muestran un escenario de fuerte reducción en varias áreas específicas.
Un informe de Táctica-Laboratorio del Deporte Argentino comparó la ejecución del primer semestre de 2026 con el mismo período de 2023 y, en términos reales, registró una caída del 75% en las partidas destinadas al ENARD, del 82,8% en deporte comunitario, del 30,8% en infraestructura deportiva, del 98,8% en clubes de barrio y del 99,7% en competencias nacionales.
El mismo informe señala que la ejecución del presupuesto deportivo durante el primer semestre de 2026 fue 4% menor, en términos reales, que en igual período de 2025 y 68% inferior a la de 2023.
No se trata solamente de una discusión de números. El impacto termina llegando al lugar donde empieza cualquier carrera deportiva: el club, el gimnasio, la pista, la pileta, el tatami, el campo de entrenamiento.
Y también aparece en los deportistas individuales, aquellos que no tienen detrás una estructura profesional que pueda amortiguar parte de las dificultades.
El ejemplo del “Maligno” y una pregunta hacia adelante
El periodista especializado Gonzalo Bonadeo puso el foco precisamente en esa diferencia entre los deportes colectivos y los individuales. Según explicó, quienes compiten en disciplinas colectivas pueden encontrar alternativas en clubes extranjeros, mientras que para un atleta individual las posibilidades son mucho más limitadas.
Bonadeo utilizó como ejemplo al campeón olímpico cordobés José “Maligno” Torres y cuestionó el monto de las becas para los atletas de alto rendimiento.
“Hoy, un campeón olímpico argentino, el Maligno Torres, gana 800 dólares por mes de beca. ¿Qué carajo querés que haga un tipo con esa guita?», cuestionó.
El periodista también cuestionó la falta de continuidad de las políticas deportivas y recordó la discusión alrededor del financiamiento del ENARD, cuya estructura de financiamiento fue modificada en 2018.
Su diagnóstico fue duro: “Nunca hubo una gran política deportiva”, aunque ubicó un punto de quiebre en los cambios producidos desde 2018.
La discusión vuelve a aparecer ahora con el proyecto de Presupuesto 2027, presentado por el Gobierno nacional y actualmente en tratamiento parlamentario. La propia Oficina Nacional de Presupuesto publicó el proyecto y sus planillas anexas.
El interrogante, entonces, excede a Santa Fe 2026.
Porque ganar medallas no es solamente llegar a una competencia. Detrás de un campeón hay años de entrenamiento, entrenadores, clubes, viajes, equipamiento, competencias nacionales y una estructura que permite que un chico pueda empezar a practicar un deporte y, eventualmente, convertirse en un atleta de elite.
Argentina volvió a dar la cara en los Juegos Suramericanos. Lo hizo con 658 deportistas y 293 medallas. Lo hizo en la pileta, en la pista, en el agua, sobre el tatami, en la cancha y también en disciplinas nuevas como los deportes electrónicos.
El problema es que los propios protagonistas están diciendo que no alcanza con pedirles más esfuerzo.
El deporte argentino sigue entregando resultados que exceden, muchas veces, las condiciones disponibles. La pregunta que queda después de Santa Fe no es cuánto puede ganar Argentina con sus recursos actuales, sino cuánto más podría construir si esos recursos fueran suficientes y sostenidos en el tiempo.
Porque las medallas se cuelgan del cuello de los atletas. Pero detrás de cada una debería existir una política deportiva capaz de sostener el camino que lleva hasta ellas.
