En las tribunas de Córdoba, entre el humo de los choripanes y el cemento caliente, flota siempre la misma pregunta silenciosa: ¿quién de todos los hinchas es el más hincha? Los que vamos a la cancha religiosamente estamos acostumbrados a escuchar sentencias de café como “yo soy el fanático número uno” o “a mi equipo lo sigo a todos lados”. Pero en clubes como Belgrano o Talleres, por nombrar a dos de los clubes con más seguidores en Córdoba y donde la fidelidad se cuenta por cientos de miles, la vara para medir ese sentimiento se vuelve difusa.
¿Quién es, entonces, el que lleva la delantera en esta competencia de afectos?
Podríamos intentar cuantificarlo por los kilómetros recorridos siguiendo un micro, por los gritos que dejan la garganta a la miseria en cada partido o por la colección de camisetas que amontonamos en el ropero. Para algunos, el título de «más hincha” se gana con la antigüedad del carnet de socio; para otros, se mide en la cantidad de promesas imposibles que se cumplen cuando la pelota, por fin, entra al arco.
Sin embargo, el fútbol en nuestra ciudad tiene una mística que escapa a las planillas de Excel. Ser hincha es una construcción personal y colectiva a la vez. No es solo estar en las buenas; es ese pacto invisible que se firma con los colores y que se hereda como un apellido. Ante la duda, Hoy Día Córdoba salió a buscar la respuesta donde nace la verdad: en la voz de los hinchas comunes.
Pedro Villalón (FM Geminis 90.3, de Ticino): Mi teoría es que el verdadero hincha es aquél que al otro día del partido o está muy feliz por la victoria o le cambia el animo por completo por la derrota, es decir aquel que le afecta en la vida cotidiana lo que pasa con su equipo, porque ir a la cancha siempre depende de muchos factores, económico, distancia etc.
Sandra López Duré: El más hincha es fácil de reconocer: es el que gasta plata que no tiene, se enoja todo el fin de semana si pierde su equipo y jura todos los años que no va a sufrir más… pero al partido siguiente vuelve a la cancha como si nada.
Pablo Rennella (Periodista deportivo, Radio Carlos Paz): ¿Quién es más hincha? El que fue toda la vida, que no cambia y apoya siempre, en las buenas y en las malas. Aquel que “putea” o quiere que se vayan todos» para mí, no sé si será hincha o no, pero no suma. El que yendo a la cancha o no, siempre fue de los mismos colores.
Gabriel Rodríguez (Cadena 3): Medir si sos más hincha porque vas a la cancha, es una verdad a medias. Jamás puede ser más hincha aquel que va a la cancha a grabar un TikTok. Hay más aliento en la emoción de mi vieja que en un reel de Instagram. Mi mamá no fue nunca a la cancha pero es más hincha de Talleres que el “Loco” Willington. Conoce jugadores, canciones, se pone triste si pierde y es feliz cuando gana.
Lorena López (hincha de Belgrano): Mi abuelo Gabriel siempre decía que hincha es el que va a la cancha y que el que no, es simpatizante. Yo era anti tatuajes hasta el día que hice una promesa, que si Belgrano volvía a Primera me tatuaba. Y bueno pasó, así que como las promesas se cumplen no quedó otra que tatuarse.
Sonia Vadala (hincha de Racing de Nueva Italia): Para mí, el más hincha de todos es el que siente que el club es su vida, un todo. Para el fanático de verdad, su cuadro es lo más grande que hay, incluso por encima de la Selección. Amar al club es un sentimiento que va por dentro, en el alma. No importa si estás en la A, en la B o en la Z, ni si somos 10 o 10 millones de socios.
Un fuego que no entiende de documentos
Al final del día, quizás la respuesta no esté en quién tiene más fotos en el Kempes, en el Gigante de Alberdi, en el Monumental de Alta Córdoba o en la cancha del Albo en Juniors, sino en quién siente ese «fuego sagrado» que mencionamos a veces cuando hablamos de las ganas de vivir.
El fútbol, como la vida, no entiende de documentos ni de años. Entiende de piel, de esa lealtad que se mantiene intacta aunque los resultados no acompañen y de la mirada que se busca con el desconocido de la fila de al lado cuando el gol nos une en un abrazo.
