Argentina batalló con lo que pudo hasta el último momento, pero no le alcanzó para defender el título mundialista. España se consagró campeón tras ganar la final 1-0. El héroe para La Roja fue Ferran Torres, que en el tiempo suplementario, recibió una asistencia de Iñaki Williams, y marcó la única conquista del encuentro a los 106 minutos. Con uno menos por la expulsión de Enzo Fernández, la Albiceleste fue a buscar la heroica, como en todo el campeonato. Y casi logra su recompensa en los pies de Giuliano Simeone, que capturó un rebote en el área y remató por encima del travesaño cuando el tiempo se agotaba.
En el tiempo reglamentario los de Luis de la Fuente impusieron condiciones. España se ubicó adelantado, presionando arriba y juntando muchos pases con el impulso un mediocampo excepcional con Rodri, Fabián Ruiz y Dani Olmo. Por su parte, la Albiceleste fue cauta. Se recostó cerca del “Dibu” Martínez y dedicó sus esfuerzos a intentar controlar a los extremos Álex Baena y Lamine Yamal, con un arduo trabajo de Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico, respectivamente. Sin embargo, ese plan chocó de frente contra la asfixiante presión alta de los europeos, que recuperaron rápido y obligaron a un desgaste físico enorme.
Ese fue el gran condicionante de la tarde en Nueva Jersey. La selección argentina llegó a la cita definitiva con la reserva del tanque, cargando un recorrido durísimo en la Copa y con menos días de descanso. Eso se notó desde el arranque. A los cinco minutos, Lamine Yamal ya había avisado con un peligroso remate de zurda, marcando una constante de la tarde: la necesidad imperiosa de apoyarse en la figura gigante de Emiliano Martínez.
El “Dibu” tuvo otra actuación verdaderamente consagratoria. Con 11 intervenciones clave, el marplatense sostuvo con vida al equipo de Lionel Scaloni cuando las piernas ya casi no respondían. A los 38 minutos, le sacó un disparo cruzado de Mikel Oyarzabal que tenía destino seguro de red. Era el mejor momento del elenco español, que movía la pelota buscando grietas en un bloque defensivo firme pero muy retrasado.
Las malas noticias físicas llegaron rápido. En una disputa, Lisandro Martínez sintió una molestia en la rodilla y pidió el cambio, dejando su lugar a Nicolás Otamendi. Fue un golpe anímico importante perder a uno de los marcadores centrales titulares en un trámite tan apretado.
En el segundo tiempo la dinámica siguió siendo la misma. Scaloni movió el banco en el entretiempo y mandó a Leandro Paredes a la cancha en lugar de Nicolás González para recuperar la mitad. No obstante, las llegadas seguían tiñéndose de rojo. Álex Baena probó los reflejos del arquero argentino desde la medialuna y luego fue el turno de Dani Olmo, pero el dueño del arco respondió con enorme sobriedad.
Con el correr de los minutos, el oxígeno escaseaba para la Albiceleste. El técnico quemó las naves metiendo a Nahuel Molina y, minutos más tarde, tuvo que gastar otra ventana de manera obligada. El cordobés Cristian Romero, puntal de la defensa, cayó al césped dolorido y fue reemplazado por Facundo Medina. En esa misma ventana, Giuliano Simeone entró por Rodrigo De Paul para aportar frescura en la banda derecha
El cierre entró en un terreno dramático. A los 92 minutos, Enzo Fernández, envalentonado, llegó tarde a cortar un peligroso avance de Pau Cubarsí y vio la segunda tarjeta amarilla. La expulsión dolió, porque condenaba a la Selección a encarar todo el suplementario en inferioridad numérica. Segundos después de aquella infracción, Yamal remató un tiro libre al ángulo y el arquero argentino regaló una de las atajadas del torneo, volando para mandar la pelota al córner y asegurar el tiempo extra.
El cachetazo español
La resistencia se extendió durante el primer tiempo extra. Con diez hombres y el aliento incesante de los argentinos en las tribunas, el conjunto capitaneado por Lionel Messi se refugió y aguantó con lo que pudo . En esos quince minutos iniciales, el VAR le anuló correctamente un tanto a España por una clara infracción sobre Otamendi.
Pero la última línea finalmente cedió en el arranque de la segunda parte de la prórroga. Apenas sacaron del medio, una desatención colectiva por la banda derecha de la defensa argentina permitió que Williams bajara un centro milimétrico al área chica. Allí apareció con todo su oficio Ferran Torres para anticipar, rematar furiosamente a la parte superior del arco y poner las cosas 1-0.
Herido en su orgullo y sin resto físico, el combinado nacional fue hacia adelante buscando el milagro. Dejó huecos en el fondo, al punto que Mikel Merino casi liquida la historia de cabeza, pero el destino le dio una última chance con aquel rebote que Simeone conectó y se fue demasiado alto.
El cierre definitivo decretado por el esloveno Slavko Vincic marcó el final de un ciclo inolvidable. Con cuatro títulos y cinco finales consecutivas, esta camada de jugadores cerró su participación cayendo de pie y vaciándose por completo ante un adversario superior.
España jugó mejor, desplegó un fútbol avasallante desde la tenencia y bordó su segunda estrella, igualando los números de Francia y Uruguay.
