Belgrano regresará al plano internacional. Tras haberse consagrado campeón en el Torneo Apertura, el Pirata clasificó directamente a la Copa Libertadores 2027, certamen que disputará por primera vez en su historia. Y la expectativa para que los hinchas puedan ver a su equipo en el Gigante de Alberdi se esfumó este lunes.
Esta será la primera participación continental del Celeste desde 2024, cuando fue eliminado de la Copa Sudamericana en los octavos de final frente a Atlético Paranaense. Sin embargo, a diferencia de aquellas noches coperas en su estadio, esta vez la realidad será distinta. Más allá del deseo genuino de disputar los encuentros en su propia casa, la principal traba que obligó a tomar la determinación de mudar la localía al Estadio Mario Alberto Kempes no pasa únicamente por una cuestión edilicia, sino fundamentalmente por un factor humano y de aforo.
Según el reglamento vigente de la Conmebol, los clubes anfitriones están obligados a otorgar ubicaciones y recibir simpatizantes visitantes. Esto, dentro de la estructura actual del Julio César Villagra, desencadenaría un problema logístico insalvable para albergar los encuentros.
“El más grande drama que tenemos nosotros es que jugaríamos con público visitante y es sacarle la posibilidad a nuestra gente que vaya, porque va a haber que hacer pulmones”, sentenció el presidente de la institución, Luis Fabián Artime, en diálogo con Radio Mitre Córdoba, dejando en claro su preocupación por la masa societaria.
El mandatario fue a fondo y graficó la magnitud del dolor de cabeza que se presentaría si mantuvieran su estadio ante rivales de gran convocatoria. “Te llega a tocar un Peñarol o un Nacional… te van a venir más de 4.000 o 5.000 personas. Tenemos que anular totalmente la preferencial para dársela al equipo visitante y dejamos 15.000 personas nuestras afuera”, detalló el dirigente. De esta manera, entre 10.000 y 12.000 socios que en la actualidad cuentan con su abono se quedarían directamente sin la chance de alentar al equipo en las tribunas.
Por otro lado, el traslado al MAK también responde a una limitación de infraestructura. Las exigencias técnicas marcan un obstáculo a corto plazo con el sistema lumínico actual. “El problema son fundamentalmente las torres, que hay que correrlas afuera de la cancha. Somos uno de los pocos clubes que han quedado con torres adentro y eso nos imposibilita tener la luminosidad necesaria”, explicó Artime sobre otra de las condiciones impuestas.
Si bien el titular del Pirata reconoció que este inconveniente tiene solución desde lo técnico, los plazos urgentes y los altos costos operativos hicieron que la balanza se inclinara definitivamente hacia el escenario mundialista como la opción más viable. Ante este panorama, el sueño de ampliar la capacidad en Alberdi a 48.500 lugares quedó momentáneamente en pausa. La Comisión Directiva decidió poner un freno a las obras para destinar la totalidad de los recursos a sostener la competitividad del plantel profesional.
De esta manera, las obras de infraestructura y el rediseño del sistema de iluminación en Alberdi quedarán postergados, al menos, hasta mediados de 2027. La decisión de la dirigencia apunta a enfocar los recursos económicos en el armado del plantel profesional y, al mismo tiempo, asegurar que la mayor cantidad de socios habilitados pueda asistir a los compromisos como local durante la próxima Libertadores.
