“Es toda tuya, sos un ladrón”. Esa escena furiosa corresponde a la imagen final de la Supercopa Internacional. El actor: Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes de La Plata, fue con los tapones de punta hacia el árbitro Darío Herrera, otra vez en el centro de la tormenta tras la consagración de Rosario Central por 3-1 en el Estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero.
Poco importa detenerse en las polémicas decisiones de la terna arbitral. En si fue falta a Enzo Copetti en el área, o en la segunda amarilla de la que zafó Elías Verón, que hubiese dejado al Canalla con uno menos para el resto del complemento. O en la supuesta mano de Ignacio Ovando sobre el final. Jugadas finas. Chiquitas. En definitiva, caldo de cultivo para alimentar sospechas.
¡JUAN SEBASTIÁN VERÓN MUY ENOJADO TRAS EL FINAL FUE A BUSCAR A DARÍO HERRERA!
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— SportsCenter (@SC_ESPN) September 26, 2026
La ley de la selva
En la Liga Profesional, así como en el ascenso argentino, el cronograma inicia habitualmente los viernes y se extiende durante todo el fin de semana —lunes incluido—, pero los partidos arrancan mucho antes. Una consecuencia de los tiempos que corren está vinculada a las designaciones. Los martes o miércoles por la tarde, el organismo da a conocer los jueces encargados de impartir justicia en la fecha. No escasea la mirada recelosa, prejuiciosa, de miles de hinchas que bucean portales para ver qué árbitro les tocó y en base a ello hacer futurología. Chiqui Tapia dixit.
El fútbol, desvirtuado. La paranoia invade a todos los actores y estos se pronuncian: dirigentes, exjugadores, fanáticos. Antes, algunos elegían callar ante las injusticias y aquellos, como la Bruja Verón en modo cowboy o ese Andrés Fassi —ahora amigado con Tapia y Cía.—, formaban parte de la marginalidad dirigencial. Ellos o nosotros, parecía repetirse en las reuniones de Comisión. El hartazgo es tal que las balas llegan de todos lados. Propios y ajenos. Stéfano Di Carlo, el joven mandatario del Millonario, se suma al del Pincha y a Diego Milito, ahora más consternado por la actualidad turbulenta de su Racing.
Los “aliados” como Nicolás Russo, de Lanús, hablan de un ciclo cumplido para Federico Beligoy, Director Nacional de Arbitraje desde 2018: “Hay cosas que no van más”, fue su descargo tras un arbitraje polémico que sufrió el Granate en La Bombonera ante Boca. “Tapia volvió del Mundial 2022 con una imagen positiva altísima y en todas las canchas lo putean por los árbitros”, amplió. ¿Acaso serán todos “chilindrinas”? Daniel Vila, titular de Independiente Rivadavia de Mendoza, fue más allá y tildó de “bandidos” al árbitro Nicolás Ramírez y al propio Beligoy. El dirigente se sintió perjudicado en la derrota de la Lepra mendocina 3 a 1 ante River.
Elefantes u hormigas
Errar es humano, claro está. En nuestro fútbol ya no existe ese margen. En un juego tan pasional como popular, todo se espesa en un clima de sospecha. Diferentes jueces, diferentes criterios. Líneas trazadas que no aportan claridad y el uso de la tecnología, la que vino a traer “justicia”, como una herramienta más al alcance del poder.
“El VAR puede asistir al árbitro únicamente en caso de que se produzca un «error claro, obvio y manifiesto» o un «incidente grave inadvertido»”, advierte el protocolo de la International Football Association Board (IFAB). La letra de la ley es tajante, pero choca de frente con la praxis criolla. En las cabinas, la lógica se invirtió. La herramienta mutó en un microscopio de conveniencia que se obsesiona con cazar hormigas: un roce imperceptible en cámara lenta o una uña adelantada se magnifican para justificar lo injustificable. Mientras tanto, los elefantes pisan fuerte bajo la impunidad del siga-siga.
Sanciones de humo
La responsabilidad jerárquica tiene nombre y apellido: Federico Beligoy. En el cargo de Director Nacional de Arbitraje desde 2018, en reemplazo de Horacio Elizondo, su gestión bajo la órbita de Tapia perfeccionó un sistema de castigos irrisorios. Las penitencias son una puesta en escena. Nazareno Arasa fue apartado tras un arbitraje escandaloso en el choque entre Deportivo Riestra y Vélez, pero el indulto fue exprés: volvió al cabo de una fecha para conducir Talleres ante Unión y a la semana fue premiado con el clásico entre San Lorenzo-Boca.
¿QUÉ TE PARECE? Por esta acción de Thiago Aguirre sobre Cristian Paz, Nazareno Arasa anuló el agónico 2-1 de Vélez sobre Riestra en el Guillermo Laza por la fecha 7 del #TorneoClausura y todo terminó en empate… ¡Se ríe Gustavo! pic.twitter.com/P2bXZOVQHv
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 29, 2026
A Fernando Espinoza lo mandaron al freezer tras su insólito chiste de “farmear aura” en el sorteo de capitanes entre Belgrano y Defensa y Justicia. ¿La condena? Reaparecer, a las dos fechas, cómodamente sentado en la cabina del VAR para el Independiente-San Lorenzo.
Esta calesita de impunidad cobija a Darío Herrera, un intocable con asistencia perfecta en duelos de alta tensión. Su legajo reciente incluye River-Vélez (fecha 6), Central-Talleres (fecha 7), Gimnasia de Mendoza-Boca (fecha 8) e Independiente Rivadavia-Aldosivi (fecha 9).
En la jornada 10, impartió justicia en el clásico entre Instituto y Talleres, donde la buena labor de la Gloria se empañó por un arbitraje pésimo que omitió dos codazos de expulsión —o de mínima revisión— de Álex Luna. ¿El premio tras esa mala noche en Alta Córdoba? Dirigir la final de la Supercopa Internacional. Es el mismo juez que en el Torneo Apertura hizo la vista gorda ante un claro empujón de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta en los minutos finales del Superclásico. Hace algunas semanas, ya alejado del banco xeneize, Claudio Úbeda blanqueó lo evidente: “Estaba a la vista. Que no lo hayan cobrado es otra cosa”. El neuquino no fue parado. Siga, siga.
A esta altura, la balanza no se mueve si dirigen bien o mal. Los jueces y su labor están condicionados: por el contexto, por la urgencia de la gente de ganar, por las suspicacias y porque la sensación general es que todo seguirá igual. El circo que monta la AFA deja tierra arrasada Ya nadie les cree nada.
