A medida que se acerca el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá 2026 y los torneos entran en su recta final, los futbolistas no solo enfrentan una exigencia física extrema, sino también una carga mental difícil de dimensionar desde afuera. La presión por rendir en sus clubes, el deseo de ser convocados y el miedo a una lesión que los deje fuera del mayor objetivo conviven en un mismo escenario.
En ese contexto, la psicología deportiva se vuelve una herramienta central. La licenciada en Psicología Daniela Santamaría (MP 3850), especialista en psicología deportiva y de la actividad física, explica cómo se gestionan la ansiedad, el estrés y la frustración en este tipo de situaciones límite, y de qué manera lo mental puede influir tanto en el rendimiento como en el riesgo de lesiones.
Hoy Día Córdoba: ¿Qué pasa en la cabeza de un futbolista cuando se acerca un Mundial?
Daniela Santamaría: El Mundial tiene un peso y una intensidad que pocos eventos tienen. En este caso se suma un condimento especial: coincide con el cierre de los torneos. Ahí aparece una tensión extra, porque el jugador necesita rendir al máximo en su club, pero también preservarse para llegar en condiciones a la selección.
En países como Argentina, además, hay una sobrecarga emocional por lo que representa el fútbol y por ser el último campeón del mundo. Todo eso incrementa la presión, la ansiedad y el estrés, que son variables que se trabajan especialmente porque, entre otras cosas, pueden predisponer a lesiones. Entonces el punto está en cómo dosifica el jugador todo lo que es su esfuerzo y todo lo que significa poner el cuerpo para cumplir con el primer objetivo, que es la finalización de su torneo, pero quedar intacto o en un estado perfecto o casi perfecto para el mundial.
HDC: ¿Cómo conviven la ilusión y el miedo a quedarse afuera de la lista?
DS: Eso se entrena. El futbolista convive permanentemente con la posibilidad de no estar, ya sea por una lesión, una decisión táctica o un bajo rendimiento. Por eso se trabaja tanto el rendimiento como la capacidad de gestionar la frustración.
La frustración no es el problema: es humana y esperable. El problema es quedarse en ese estado. Por eso se entrena para que sea una etapa de paso. No es algo que se resuelva con una charla puntual, sino con un proceso, para que las herramientas se conviertan en recursos reales. Muchas veces pasa eso, te llaman y te dicen, ‘es la última fecha y estamos por descender, ¿podés decirles algo?’… Y la verdad que no, no tenemos el poder de, con la palabra, modificar el eje de alguien, sino que estos son trabajos más prolongados, más profundos para que una técnica se transforme en un recurso.
HDC: ¿La ansiedad puede afectar directamente el rendimiento?
DS: Sí. Hay una ansiedad más propia del jugador y otra situacional, que en el Mundial aumenta mucho porque “está en juego todo”. Si no se trabaja, puede impactar en el rendimiento.
Lo que buscamos es que el jugador haga foco en su tarea, en su rendimiento, y no en la magnitud del evento. Cuando se juega pensando que “todo es una final”, la ansiedad crece. En cambio, si se enfoca en lo que viene haciendo desde siempre, puede regular mejor esa carga.
HDC: ¿Se puede jugar “pasado de revoluciones”?
DS: Sí, y es contraproducente. El objetivo es lograr una activación adecuada: ni demasiado relajado ni sobreexcitado.
Cuando un jugador está muy activado, la visión se achica, aumenta la tensión muscular, se altera la coordinación y el desgaste físico es mayor. Incluso puede haber menos control motor, lo que incrementa el riesgo de errores o lesiones. Por eso se trabaja mucho el autoconocimiento para que cada deportista identifique cuál es su punto óptimo.
HDC: ¿Qué relación hay entre estrés y lesiones?
DS: El estrés y la ansiedad no son la única causa, pero sí factores predisponentes importantes. Por ejemplo, elevan el cortisol, aumentan la tensión muscular y modifican la conciencia corporal.
Además, en estas etapas el jugador suele estar más pendiente de su cuerpo, más alerta a cualquier molestia. Por eso se entrena la autopercepción, para que pueda diferenciar entre fatiga, incomodidad o una lesión real y tomar mejores decisiones.
HDC: ¿El miedo a lesionarse puede aumentar el riesgo?
DS: Sí, porque genera más tensión. Además, el cerebro tiende a enfocarse en aquello que queremos evitar. Si el jugador piensa constantemente en no lesionarse, su atención queda puesta en el problema.
Lo que se trabaja es cambiar el foco hacia lo que sí tiene que hacer para rendir bien. A medida que mejora esa conexión con su cuerpo, también aumenta la confianza.
Cuando tenemos miedo trabaja la cabeza y de alguna manera se desconecta de lo corporal. Y lo corporal es lo que nos da la sensación de la fuerza, la potencia, de cómo estamos, de lo que necesitamos. Entonces hay que restablecer esa comunicación. Cuando vamos obteniendo esto, el deportista se va sintiendo más confiado y más tranquilo.
HDC: ¿Cómo influye lo mental en lesiones recurrentes?
DS: Cuando hay recurrencia, se analiza todo el contexto: cómo estaba el jugador, qué nivel de estrés tenía, cómo dormía, cómo se alimentaba. No hay dos situaciones iguales, tampoco hay dos lesiones iguales.
El objetivo es que el deportista pueda entender qué pasó y diferenciar cada caso. Si no, aparece la sensación de “condena”, como si siempre fuera a repetirse, y eso no es real.
HDC: ¿Qué tan importante es el acompañamiento psicológico tras una lesión?
DS: Es muy importante, porque no solo se lesiona el cuerpo: también se ve afectada la identidad. Muchos jugadores sienten que dejan de ser quienes son.
Además, aparecen incertidumbres sobre el futuro, el contrato o el nivel de rendimiento al volver. El acompañamiento ayuda a procesar todo eso, a reconstruir la confianza y a transitar la recuperación con herramientas.
HDC: ¿Es más difícil recuperar la cabeza o el cuerpo?
DS: Depende del caso, de la lesión y de los recursos previos del jugador. Pero muchas veces pasa que el cuerpo está listo para volver y la cabeza no.
Por eso la preparación mental es tan importante como la física. Es una parte más del rendimiento, al mismo nivel que lo técnico, lo táctico o lo nutricional.
HDC: ¿El estado emocional del grupo influye en el rendimiento?
DS: Totalmente. Un equipo es una entidad en sí misma. Hay un contagio emocional, y lo ideal es que lo positivo se potencie y lo negativo se pueda compensar.
Cada jugador aporta desde su personalidad, y esa diversidad es la que construye la cohesión del grupo.
HDC: En Qatar 2022, Argentina llegaba con el lote de candidata y sufrió un cimbronazo en la primera fecha ante Arabia Saudita. ¿Cómo se reconstruye la confianza grupal en competencia?
DS: Se trabaja volviendo a la esencia del equipo: recordando quiénes son, qué los llevó hasta ahí, cuáles son sus fortalezas.
Insistir en que “todo es una final” solo aumenta la presión. En cambio, recuperar la identidad del equipo ayuda a gestionar mejor los errores y sostener el rendimiento.
En algunas situaciones decían ‘los jugadores se tienen que acordar que todo es final’. Y yo digo, ¿para qué queremos que se acuerden de eso? Si los jugadores siempre quieren ganar. Lo que se necesita es que se vuelvan a acordar quiénes son, su esencia, su trabajo, sus características, los sacrificios que hacen, los esfuerzos que hacen. De eso necesitan volver a acordarse. No de que perdieron o de que lo que sigue es una final porque le aumentamos la presión.
HDC: ¿Sigue habiendo prejuicios sobre la salud mental?
DS: Sí, aunque cada vez menos. Todavía existe la idea de que todo es voluntad, y no es así: se entrena. Hoy hay más apertura, sobre todo en jugadores jóvenes. Y también influyen referentes que visibilizan este trabajo, como lo hizo “Dibu” Martínez. Eso ayuda a que se entienda como una herramienta más para mejorar el rendimiento.
HDC: De cara al Mundial, ¿qué es más peligroso: el exceso de confianza o el miedo a fallar?
DS: Ambos. El exceso de confianza implica confiar en algo que no está sostenido en recursos reales, y el miedo a fallar reduce la confianza. Lo importante es lograr una confianza adecuada, que no es fija sino una construcción que se va ajustando según el contexto.
