En un anuncio que redefine el equilibrio entre la diplomacia internacional y la autonomía del deporte, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, confirmó oficialmente que la selección de Irán participará en la Copa del Mundo 2026 y que disputará sus encuentros en territorio de los Estados Unidos. La noticia que se dio a conocer este jueves pone fin a meses de una incertidumbre marcada por el «fuego cruzado» diplomático y militar entre Teherán y Washington, despejando cualquier duda sobre la presencia del equipo asiático en el torneo que coorganizan también México y Canadá.
El anuncio tuvo lugar durante el discurso de apertura del 76° Congreso de la FIFA en Vancouver, Canadá, un escenario que se vio rodeado de tensión geopolítica tras los recientes conflictos bélicos en Medio Oriente. Ante los delegados de las federaciones internacionales, Infantino fue categórico al blindar el derecho deportivo de los clasificados por encima de las presiones políticas: “Permítanme empezar por confirmar desde el principio que, por supuesto, Irán participará en la Copa del Mundo de la FIFA 2026”. Segundos después, reforzó su postura con una frase que resonó en todo el auditorio: “Y, por supuesto, Irán jugará en los Estados Unidos de América”.
La ratificación de la FIFA surge como una respuesta directa a las gestiones de la administración estadounidense. Según trascendió, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, había solicitado formalmente reemplazar a los asiáticos por el seleccionado de Italia, argumentando que el conflicto bélico actual hacía inviable la hospitalidad para el equipo iraní. Sin embargo, la FIFA optó por mantener el cronograma de la competencia sin alteraciones, subrayando que es responsabilidad del fútbol unir al mundo en contextos de división. Infantino enfatizó este compromiso durante su intervención: “Irán va a participar del Mundial 2026. Va a jugar en Estados Unidos. Tenemos que unir a la gente”.
Esta decisión también terminó con las negociaciones que la propia Federación de Fútbol de Irán había iniciado a principios de marzo para intentar mudar sus partidos a suelo mexicano. A pesar de que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se mostró dispuesta a recibir los encuentros de Irán bajo el argumento de que su país mantiene relaciones diplomáticas estables con todas las naciones, la FIFA consideró imposible modificar lo establecido en el calendario oficial. Para la entidad, el éxito del torneo depende de la estabilidad operativa y del cumplimiento de las sedes previstas originalmente.
La tensión política se hizo visible incluso en el propio Congreso de Vancouver, donde Irán fue el único país miembro de la FIFA sin representación física. A los dirigentes de la delegación asiática se les negó la entrada a Canadá debido a problemas vinculados con sus documentos migratorios, un hecho que alimentó las especulaciones sobre un boicot administrativo. No obstante, Infantino utilizó su discurso para aclarar que la clasificación deportiva prevalece sobre cualquier obstáculo burocrático o diplomático, asegurando que los «Príncipes de Persia» estarán presentes en la cita mundialista.
Con la resolución institucional ya firme, la atención se desplaza ahora a la logística de seguridad y competencia. El seleccionado iraní, que actualmente ocupa el puesto número 20 del ranking mundial de la FIFA, ha quedado encuadrado en el Grupo G, compartiendo zona con Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto. El calendario oficial detalla que el equipo mantendrá una base de operaciones concentrada en la costa oeste de Norteamérica, enfrentando un fixture de alta exigencia atlética y mediática.
El camino de Irán en suelo estadounidense comenzará el 16 de junio contra Nueva Zelanda en la ciudad de Inglewood, Los Ángeles. Posteriormente, el equipo repetirá escenario el 21 de junio para enfrentar a Bélgica, en lo que se perfila como el duelo más complejo del grupo desde lo deportivo. El cierre de la primera fase se trasladará hacia el norte, cuando el 27 de junio se midan ante Egipto en la sede de Seattle. La elección de estas ciudades reafirma la postura de la organización de separar el desarrollo del juego de las tensiones geopolíticas, garantizando que el torneo se celebre según lo previsto.
Trayectoria
La participación en el Mundial 2026 representa un capítulo fundamental en la historia del fútbol iraní. Esta será su cuarta presencia seguida en el máximo nivel del fútbol, tras haber competido en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022. Sin embargo, la trayectoria del equipo en los mundiales se remonta a hitos previos en Argentina 1978, Francia 1998 y Alemania 2006, consolidándose como una de las potencias más regulares de su confederación.
Para llegar a esta instancia, Irán completó un proceso eliminatorio impecable en Asia, demostrando su jerarquía continental. En la segunda ronda, lideraron el Grupo E con 14 puntos tras obtener cuatro triunfos y dos empates frente a equipos como Uzbekistán y Turkmenistán. En la etapa final, los dirigidos por Amir Ghalenoei se consagraron en lo más alto de la zona A con 23 unidades, asegurando su cuarta cita mundialista consecutiva de forma temprana y sólida.
A pesar de esta regularidad, el seleccionado de Medio Oriente llega a Estados Unidos con una deuda pendiente: nunca han logrado superar la fase de grupos. En la memoria de los aficionados iraníes aún persiste el recuerdo del Mundial de Brasil 2014, donde estuvieron a punto de arrebatarle un punto histórico a la Selección Argentina, perdiendo finalmente 1-0 debido a un gol agónico de Lionel Messi. En 2026, el objetivo deportivo será quebrar ese techo de cristal en un entorno que, aunque políticamente hostil, les ofrece la oportunidad de demostrar su vigencia atlética.
En el cierre de su discurso, Infantino apeló a la mística del deporte para justificar la permanencia de Irán en el certamen pese a los pedidos de exclusión. “Tenemos la oportunidad, tenemos el poder y la magia para unir. Juntos somos invencibles”, enfatizó el mandatario frente a los representantes de las federaciones internacionales.









