Talleres no pudo revertir la pálida imagen que entregó en el 2025. Pese a haber superado por un punto la performance de ese año y aún con cuatro partidos por jugar, el equipo que dirige Omar De Felippe afrontará la recta final con una realidad que funciona como una sentencia previa. Es casi un hecho que no clasificará a playoffs ni a la Copa Sudamericana. Las matemáticas le permiten soñar, pero no depende de sí mismo.
Actualmente, el Matador navega en la última posición de la Zona A con apenas nueve unidades. El pase a los playoffs resulta un espejismo: Newell’s, el equipo que hoy cierra el lote de los clasificados, tiene 17. El panorama en la tabla anual replica la crudeza de la campaña. La cosecha de 35 puntos ubica al Albiazul en el decimonoveno escalón, a una distancia de diez unidades sobre River, que hoy se queda con la última plaza continental. Con solo doce en disputa, la quimera es absoluta.
El fantasma de los promedios
El verdadero peso de esta racha negativa se proyecta hacia la próxima temporada. Los 34 puntos acumulados en 2025 se suman a los 35 actuales, conformando un colchón de 69 que resulta peligroso para la tabla de los promedios del 2027. Ese número marca la hoja de ruta obligatoria. Por eso el mensaje del entrenador bajó sin filtros hacia el vestuario y la directiva. “No tenemos forma de entrar a una copa. Primero hay que sumar puntos. Porque si no, el torneo que viene la cosa va a ser distinta”, advirtió el DT en la última conferencia.
Desde que asumió, De Felippe dirigió cinco compromisos y el saldo arroja números negativos: una única victoria (2-1 sobre Unión), el empate reciente (0-0 frente a Independiente gracias a la intervención del VAR) y tres caídas que calaron hondo en la confianza (1-0 en el estreno ante San Lorenzo y los dos clásicos perdidos frente a Instituto por 3-1 y Belgrano por 1-0).
Más allá de lo que dicen las estadísticas, la “T” convive con fallas estructurales y desconcentraciones crónicas. “Me llama la atención que siempre pase algo. Es un tema recurrente”, deslizó el técnico, apuntando al peso psicológico de un plantel que luce desbordado por el contexto donde la frase “todo cuesta demasiado”, resume la actualidad a la perfección.
Transición en el campo minado
Frente a este escenario, Talleres empieza a pensar internamente el 2027, pero la transición exige cortar la sequía. “Hay que pensar en el futuro. Pensar muy bien lo que se va a hacer y el cómo”, reflexionó De Felippe. El panorama obliga a proyectar en lo que viene, sin descuidar el presente. El viernes visitará a Boca, uno de los animadores del campeonato, desde las 21:30. Luego, la agenda de cierre no dará tregua: el sábado 24 de octubre Defensa y Justicia como local, el 31 Deportivo Riestra en condición de visitante y finaliza ante Estudiantes de La Plata en el Kempes.
El choque de este viernes asoma como un desafío complejo, aunque el presente de Boca abre una puerta. El Xeneize llega tras caer 1-0 ante Vasco da Gama por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana, por lo que Rodolfo Arruabarrena evalúa rotar piezas pensando en la revancha del próximo martes en Brasil. “Trataré de poner lo mejor, pero tal vez en la zona media estamos con lo justo”, adelantó el entrenador argentino.
Frente a este escenario, Talleres tiene que capitalizar las urgencias ajenas. El margen para especular se agotó y De Felippe blanqueó su realidad al mando del grupo: “Tengo que apurar los tiempos”. La matemática aprieta. Apuntar al 2027 es una necesidad institucional ineludible para no repetir errores, pero la supervivencia del hoy –y la historia de la “T”- exige salir del fondo. Antes de pensar en lo que viene, primero hay que sumar.
