El rugby femenino argentino atraviesa uno de los momentos más significativos de su historia reciente y el título sudamericano de Taborín en Santiago de Chile, logrado ayer, aparece como una muestra concreta de ese crecimiento. El equipo cordobés se quedó con el campeonato tras imponerse 17-14 a Círculo de Tenis de Uruguay, 28-0 a un combinado local y 17-0 a Minotauros de Colombia, en un recorrido que combinó solidez, evolución táctica y carácter competitivo.
Para Juan Arias, entrenador del conjunto campeón, el logro no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de un proceso más amplio que, según explicó, viene transformando al rugby femenino argentino en los últimos años. “Cuando empecé a trabajar en femenino, el rugby argentino estaba muy abajo en el ranking mundial”, recordó, y remarcó que el cambio comenzó a partir de “una decisión política desde la Unión Argentina de Rugby (UAR) y el trabajo con Las Yaguaretés”.
En ese sentido, el entrenador subrayó que el crecimiento se refleja en resultados concretos: “Pasamos de ser un equipo que terminaba segundo o tercero en Sudamérica a ser campeones en los últimos dos años”. Pero además, destacó un hito reciente que considera clave: “Argentina ya clasificó al circuito mundial A de Seven. Es un evento muy importante porque da cuenta de que efectivamente ha habido un gran crecimiento”.
Arias no dudó en vincular ese avance con el trabajo de base de los clubes. “El crecimiento viene también impulsado por los propios clubes. Nosotros somos uno de esos, pero hay muchos en toda la Argentina trabajando para levantar el nivel”, señaló. Y agregó que el desafío ya no se limita al Seven: “No solamente estamos pensando en Seven, sino intentando llegar al quince”.
Ese proceso de transición se vio reflejado en el propio torneo sudamericano, que se disputó en modalidad de 12 jugadoras. “Es un formato que se va aproximando cada vez más al quince”, explicó Arias, quien consideró que este tipo de competencias son clave para preparar a los equipos en términos tácticos y físicos.
A nivel local, el crecimiento también es evidente. Córdoba, históricamente competitiva, sumó nuevos protagonistas y elevó su nivel interno. “Antes había dos equipos muy fuertes, Universitario y Córdoba Athletic. Nosotros nos sumamos a ese grupo y pasamos a ser tres”, explicó el entrenador.
Esa mayor competencia tuvo un impacto directo en el desarrollo de las jugadoras. “Muchas chicas del interior del país, que en sus lugares juegan una vez al mes, en Córdoba tienen competencia todos los fines de semana o cada quince días, y con un nivel mucho más alto”, detalló. Para Arias, ese cambio convirtió a la provincia en una referencia nacional: “Córdoba está a la vanguardia junto con Buenos Aires y Tucumán”.
El camino hacia el título no fue sencillo. A diferencia del año anterior, cuando Taborín fue sede, esta vez el equipo tuvo que asumir el desafío de competir como visitante. “Para las jugadoras y el staff fue un desafío muy grande”, reconoció Arias. El entrenador destacó que el nivel del torneo volvió a ser exigente, con equipos de Chile, Uruguay y Colombia que cuentan con jugadoras de selección. “Son clubes muy fuertes, con muchas jugadoras en alto rendimiento físico y técnico”, describió. Esa realidad obligó a Taborín a intensificar su preparación: “Tuvimos que trabajar mucho este año para llegar a estar a un buen nivel de competencia”.
Además, el cambio de modalidad también implicó un reto táctico. “El año pasado jugamos Rugby X, que tiene lógica de Seven, y ahora pasamos a doce, que se acerca más al quince. Hay equipos que ya están acostumbrados a jugar de quince, así que tuvimos que adaptar estrategias”, explicó.
Más allá del equipo principal, el club también apostó al desarrollo integral presentando un plantel B y participando en categorías juveniles. Para Arias, ese aspecto es central en el crecimiento del rugby femenino. “Es un incentivo enorme para chicas de 15 o 16 años poder competir en otro país”, afirmó.
El entrenador destacó que muchas de esas jugadoras nunca habían tenido la oportunidad de enfrentarse a equipos internacionales a nivel clubes. “Esto las motiva a mejorar y crecer”, sostuvo. Y agregó que el desarrollo de juveniles es clave: “Ahí están las jugadoras del futuro”.
En cuanto a las expectativas previas al torneo, Arias reveló que el equipo llegó con confianza tras medirse ante rivales de alto nivel en las semanas anteriores. “Jugamos tres semanas seguidas contra equipos muy fuertes, como Melina Rugby, campeón de Brasil, y varios de los mejores clubes de Argentina”, contó. Esa preparación les permitió evaluar su nivel real. “Nos encontramos y vimos que estamos en un muy buen nivel”, aseguró. Sin embargo, también advirtió que los rivales en el Sudamericano no fueron sencillos: “Los equipos de Chile se prepararon muy bien y ya el año pasado habían sido durísimos”.
Uno de los grandes objetivos del rugby femenino argentino es dar el salto definitivo a la modalidad de 15 jugadoras. En ese camino, Arias explicó que existen cuestiones reglamentarias que todavía limitan el desarrollo pleno. “El tema es la seguridad en el scrum, que requiere mucha preparación física y técnica”, detalló. Actualmente, se permite disputar scrums de seis jugadoras, pero no de ocho, lo que impide jugar en formato completo de quince. “Según tengo entendido, para el año que viene vamos a tener luz verde para jugar scrum de ocho y pasar definitivamente al quince”, adelantó con entusiasmo.
Sin embargo, más allá de los logros deportivos, Arias hizo hincapié en el impacto social del rugby femenino. “Nuestro trabajo es un 90% social”, afirmó, y explicó que los clubes cumplen un rol clave en la vida de las jugadoras. “Muchas vienen de provincias como Misiones, Chaco, Formosa o La Rioja, buscando crecer en el deporte”, relató. En ese proceso, los clubes las acompañan no solo en lo deportivo, sino también en lo personal: “Las ayudamos a conseguir trabajo, a establecerse en Córdoba y a llevar una vida que les permita encarar el deporte en serio”.
Esa realidad exige un alto nivel de compromiso por parte de las jugadoras. “Hay chicas que se levantan a las seis de la mañana para ir al gimnasio, trabajan todo el día y después van a entrenar”, describió. Para Arias, ese esfuerzo es la base del crecimiento: “Están muy compenetradas en el proyecto y eso es lo que sostiene el alto rendimiento”.
