Tala RC volvió a levantar el trofeo del Torneo del Interior A después de 22 años y la celebración tuvo, además del valor de una nueva consagración, el reconocimiento a un proceso que llevó al club nuevamente a los primeros planos del rugby argentino.
El equipo de Villa Warcalde venía de conquistar el Top 10 A en 2025 y ahora consiguió trasladar ese dominio al principal certamen federal. Después de la final, los protagonistas coincidieron en destacar la construcción colectiva como uno de los principales motivos de la conquista.
Facundo Ortíz fue uno de los encargados de poner en palabras la alegría del plantel. “Estamos muy felices. El equipo trabajó mucho para esto. Con el huevo que tenemos, estoy muy feliz y creo que nos lo merecemos”, expresó.
Pero el título también significó mucho más que una vuelta olímpica. Para Ortíz, representó la culminación de un camino que el club comenzó varios años atrás, cuando competía en una categoría inferior del certamen. “Hace tres o cuatro años estábamos jugando el Interior B. Nunca nos hubiéramos imaginado esto, pero el equipo siguió confiando, seguimos trabajando y creo que hoy dejamos al Tala en este lugar, en lo más alto del Interior”, afirmó.
De jugar en el Interior B a conquistar el país
El crecimiento de Tala fue acompañado por una nueva generación de jugadores que comenzó a asumir protagonismo dentro del plantel superior. Uno de ellos es Mateo Soler, quien con apenas 23 años vivió una consagración que, por su edad, prácticamente no tiene antecedentes personales: cuando Tala había ganado el torneo por última vez, él tenía un año.
“Las sensaciones son muy lindas, muy positivas. Estamos muy felices, quisimos regalarnos esto”, contó.
El tercera línea también explicó qué hizo diferente a Tala durante el torneo. Para él, la clave estuvo en no abandonar la identidad que el equipo había construido durante el proceso.
“Las claves fueron hacer lo que venimos haciendo y lo que nos trajo hasta acá, que es jugar y animarse. Por momentos lo hicimos muy bien y eso nos permitió llevarnos el partido”, sostuvo.
Esa confianza en una manera de jugar fue acompañada por una fuerte convicción grupal. Soler destacó especialmente el vínculo entre los integrantes del plantel: “Este grupo es hermoso, tiene mucha hambre, es humilde y labura mucho. Se nota cuando estamos conectados. Disfrutamos mucho de jugar juntos y el grupo es lo más importante para hacer estas cosas”.
La humildad como bandera
El crecimiento deportivo también obligó a Tala a aprender a convivir con el éxito. El título del Top 10 A de 2025 podía convertirse en un punto de llegada, pero el cuerpo técnico buscó que fuera apenas el comienzo de una nueva temporada.
El entrenador Horacio Ambrosio explicó esa postura con claridad. “Si fuimos campeones en 2025, está bien. Pero en 2026 no somos nada. Hay que volver a trabajar. Estos chicos lo entendieron porque a veces es difícil mantener la humildad después de ganar”, señaló.
La fórmula que atravesó el discurso de los campeones apareció también en las palabras de Ortíz: “Creo que Tala tiene mucha humildad, mucho trabajo y mucho sacrificio. Por eso hoy está en lo más alto del Interior”.
Para Ambrosio, esa característica no nació con este plantel, sino que forma parte de una cultura que el club busca transmitir desde las categorías formativas.
“Tala siempre compite. Desde chicos se busca que los jugadores crezcan compitiendo. Llegar a una final es muy difícil y cuando llegás, todo se define en los detalles”, analizó.
Una vuelta olímpica con un significado especial
La consagración tuvo un componente personal para Ambrosio. Cuando Tala había conquistado su anterior título del Interior, en 2004, el actual entrenador se encontraba viviendo en Europa y no pudo ser parte de aquella celebración.
Más de dos décadas después, le tocó conducir al equipo que volvió a poner al club en lo más alto.
“Vivir esto hoy es tremendo. Tengo un nudo en la garganta. No lo puedo creer, realmente es algo muy fuerte”, confesó.
El título llegó, además, después de un período en el que Tala recuperó protagonismo en el rugby cordobés y nacional. El campeonato del Interior A se convirtió así en la segunda gran conquista consecutiva para un club que encontró en este grupo una nueva generación capaz de sostener la competitividad.
El festejo antes de volver a empezar
El plantel sabe que la temporada todavía tiene desafíos por delante y que el calendario rápidamente obligará a cambiar el chip. El Nacional de Clubes aparece entre los próximos objetivos, pero después de una conquista tan esperada había una prioridad: disfrutar.
“Hoy nos queda disfrutar de este club, de lo más hermoso que tenemos en todo el mundo. Después pensaremos más adelante”, sostuvo Ortíz.
Ambrosio coincidió y dejó en claro que el festejo tendrá fecha de vencimiento: “Hoy hay que festejar y divertirse. El lunes ya tenemos que empezar a trabajar para volver a competir”.
Después de 22 años, Tala volvió a ser campeón del Torneo del Interior A. Lo hizo después de un recorrido que comenzó lejos de las grandes conquistas y que encontró en la humildad, el trabajo y la unión del plantel los pilares para volver a colocar al club en lo más alto.
