La industria argentina continúa mostrando señales de debilidad. En febrero, el uso de la capacidad instalada se ubicó en 54,6%, un nivel que, si bien implicó una leve mejora mensual, se consolidó como el registro más bajo para ese mes en los últimos diez años.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el indicador también reflejó que, en el acumulado del primer bimestre, la utilización promedio fue de apenas 54%, lo que marca un nuevo piso desde la crisis de 2002.
Un nivel históricamente bajo
El bajo nivel de actividad evidencia una industria que opera con alta capacidad ociosa, producto de la caída de la demanda interna, el freno del consumo y las dificultades para sostener el ritmo productivo en distintos sectores.
En términos comparativos, el dato de febrero se posiciona como el más bajo de la última década para ese mes, lo que refuerza el diagnóstico de un ciclo recesivo en la actividad manufacturera.
Entre los rubros más afectados se encuentran aquellos vinculados al consumo masivo y la construcción, donde la contracción de la demanda impacta de forma directa en los niveles de producción. A esto se suman las restricciones financieras y los mayores costos, que limitan la recuperación.
El indicador de capacidad instalada es considerado clave para medir el pulso de la industria. Un nivel cercano al 50% implica que la mitad del aparato productivo permanece inactivo, lo que impacta en empleo, inversión y expectativas empresarias.
Si bien se registró una leve mejora mensual, los datos confirman que la industria atraviesa un período de baja utilización estructural, con niveles que no se observaban desde hace más de dos décadas.
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