El fenómeno de la «desaceleración inflacionaria» no se traduce de manera directa en una percepción de alivio económico. El poder de compra aparece como una de las principales preocupaciones de los argentinos y también se refleja en las decisiones que toman los hogares para sostener sus gastos. El 81,8% considera que su salario pierde frente a la inflación, mientras que el 83% afirmó haber reducido al menos algún gasto durante el último año para poder afrontar los costos de su vivienda.
Los datos surgen de dos relevamientos diferentes, con metodologías y objetivos propios, que permiten observar el mismo problema desde distintos ángulos: cómo las personas perciben la evolución de sus ingresos y qué consumos resignan cuando el presupuesto familiar queda bajo presión.
El salario, entre las principales preocupaciones
El primer dato corresponde al Monitor de Opinión Pública de septiembre de Zentrix Consultora. El porcentaje de personas que considera que su salario pierde frente a la inflación subió levemente respecto de agosto, cuando había alcanzado el 81,2%. En septiembre, el 13,2% sostuvo que sus ingresos sí le ganan a la inflación, mientras que el 5% no respondió o dijo no saber.
La percepción sobre los ingresos convive con un cambio en las principales preocupaciones económicas. Los ingresos y salarios quedaron en primer lugar, con el 50,1% de las respuestas, seguidos por la incertidumbre económica, con 49,8%, y el desempleo, con 40,9%. Más atrás aparecen la corrupción, con 39,6%, y las tarifas de servicios públicos, con 35,2%. La inflación, en tanto, fue mencionada por el 12,7%, el menor registro entre los diez temas relevados.
El informe explica que esta aparente contradicción obedece a una divergencia de metodologías: mientras el Indec mide la variación porcentual mensual de los precios, los hogares evalúan el poder de compra de sus salarios frente al nivel acumulado de los costos fijos. Así, la desaceleración de la inflación frena la velocidad de los aumentos, pero no restituye la capacidad de compra perdida.
La percepción del bolsillo según el ingreso
El relevamiento de Zentrix muestra además diferencias marcadas según el nivel socioeconómico. Entre las personas de clase baja, el 59,6% afirma que sus ingresos no alcanzan más allá del día 15 del mes y el 83,3% señala que no llegan al día 20. En el otro extremo, el 61,9% de los consultados de clase alta afirma que logra cubrir el mes y generar capacidad de ahorro.
El estudio también registra una distancia entre la evaluación de la situación personal y la del país. El 39,3% califica negativamente su situación económica personal, mientras que el porcentaje asciende al 61,5% al evaluar la situación económica nacional. A su vez, el 57,4% se declara pesimista sobre el futuro del país y el 34,3% mantiene una mirada optimista.
A esto se suma una creciente distancia con las estadísticas oficiales. El 67,1% considera que la inflación publicada por el Indec no refleja lo que percibe en su vida cotidiana, frente al 30,6% que sostiene que sí la representa. En agosto, quienes desconfiaban del dato habían sido el 65,8%.
Recortar comida y salud para no perder el techo
El segundo relevamiento aporta una dimensión concreta sobre cómo esa presión presupuestaria se traduce en decisiones cotidianas. El estudio global “Un hogar, pero ¿a qué costo?”, realizado por Hábitat para la Humanidad, relevó a 30.758 personas en 22 países mediante encuestas representativas a nivel nacional entre el 10 de abril y el 30 de junio de 2026.
En Argentina, el 83% afirmó haber reducido al menos un gasto durante los últimos 12 meses para poder afrontar los costos de su vivienda, por encima del promedio global del 75%.
Entre las principales decisiones aparece el recorte de consumos básicos: el 38% redujo gastos en alimentos y compras esenciales, mientras que el 37% recurrió a sus ahorros o fondos de emergencia. Además, el 35% afirmó que asumió trabajos adicionales o aumentó sus horas laborales para afrontar los costos de la vivienda.
El impacto también alcanza a gastos vinculados con la salud y otras necesidades básicas. El 34% señaló que tuvo que elegir entre pagar la vivienda y cubrir gastos de alimentación, vestimenta o medicamentos. Esto no significa que ese porcentaje haya dejado necesariamente de pagar esos consumos, sino que declaró haber enfrentado ese dilema en el último año.
El informe también registra que el 19% restringió el uso de estufas o aires acondicionados para contener el gasto energético, según los datos difundidos sobre Argentina.
Los inquilinos, bajo mayor presión
La situación presenta diferencias según el régimen de tenencia de la vivienda. El 49% de los inquilinos manifestó dificultades para afrontar los costos habitacionales, frente al 31% de los propietarios. Además, el 70% de los inquilinos teme que un imprevisto pueda afectar su permanencia en el hogar, frente al 51% entre quienes son propietarios.
El relevamiento también muestra una percepción crítica sobre el funcionamiento del sistema habitacional: el 59% de los argentinos considera que el sistema de vivienda del país está fallando o no funciona, frente al 56% registrado en el conjunto de los países participantes.
En conjunto, los dos estudios describen una presión que atraviesa distintos frentes del presupuesto de los hogares. El relevamiento de Zentrix muestra que los ingresos y salarios se ubican como la principal preocupación y que una amplia mayoría siente que sus ingresos no acompañan la evolución de los precios. El estudio de Hábitat, en tanto, registra decisiones concretas de ajuste: reducción de compras esenciales, utilización de ahorros y búsqueda de ingresos adicionales para sostener la vivienda.
Así, el costo de mantener un hogar no queda limitado al alquiler, la cuota o los servicios. Para una parte de los hogares relevados, sostener la vivienda implica reorganizar otros gastos del presupuesto y, en algunos casos, postergar consumos esenciales.
