La privatización de Transener quedó bajo la lupa luego de que sus nuevos accionistas cobraran dividendos apenas asumieron el control. Edison Energía, vinculada a los hermanos Juan y Patricio Neuss, y Genneia, presidida por Jorge Brito, pagaron US$356,17 millones por el 50% de Citelec, sociedad que controla el 52,65% de Transener. La operación les otorgó indirectamente el 26,3% de la transportista eléctrica.
El 27 de agosto, cuando se concretó el cambio de control, Transener aprobó la distribución de $253.536 millones en dividendos. De ese monto, aproximadamente US$89 millones correspondieron a Citelec: unos US$44,7 millones fueron para Pampa Energía y otros US$44,6 millones se repartieron entre Edison y Genneia. Así, cada una recibió alrededor de US$22,3 millones, equivalente a cerca del 12,5% del precio total que ambas pagaron por el paquete estatal.
¿Una decisión que venía de antes?
El dato central es que el reparto no nació con el ingreso de los nuevos accionistas. El 30 de abril, cuando ENARSA todavía formaba parte de Citelec, la asamblea de Transener había aprobado una reserva de $522.590 millones para futuros dividendos. Finalmente, en agosto se desafectó cerca del 49% de esa reserva y se distribuyeron los $253.536 millones.
Según EconoJournal, la decisión de postergar el reparto durante el proceso de venta habría formado parte de una estrategia para maximizar el valor obtenido por el Estado. El medio señaló además que Tristán Socas, entonces presidente de ENARSA y representante estatal en Transener, habría sugerido esperar hasta finalizar la privatización para distribuir los fondos.
La secuencia genera el interrogante sobre cómo fueron considerados esos recursos al momento de establecer el precio de venta. La oferta ganadora de Edison y Genneia fue de US$356,17 millones, por encima de los US$301 millones ofrecidos por Central Puerto y los US$230 millones de Edenor.
La explicación de los compradores
Desde Edison rechazaron que exista una irregularidad. Según explicaron, la caja y los activos de Transener estaban contemplados al momento de formular la oferta y la decisión sobre los dividendos había sido tomada antes de su ingreso.
“No hay nada raro: lo que se cobró es poco con respecto a la inversión”, sostuvo una fuente de Edison. También señaló que la compañía fue adquirida considerando “los activos, deuda, la caja y la proyección de ingresos”.
El argumento implica que el dividendo no sería un beneficio que apareció después de la compra, sino parte del patrimonio de una empresa por el que los compradores ya habían pagado.
El avance de los Neuss
La operación consolida además el desembarco de los hermanos Neuss en el negocio energético. Edison ya tenía participación en el sector eléctrico y amplió su presencia con nuevas inversiones y adquisiciones. Con Transener, el grupo pasó a controlar indirectamente una participación en una infraestructura estratégica: la compañía opera más de 12.600 kilómetros de líneas de 500 kV que atraviesan el país.
El punto de discusión, entonces, no es solamente que Edison haya cobrado US$22,3 millones. El interrogante es si el valor de esas reservas y de la caja quedó correctamente reflejado en los US$356 millones que recibió el Estado por su participación. La documentación confirma la secuencia; determinar si existió o no una ventaja extraordinaria requiere conocer cómo se valuaron esos recursos en la licitación.
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