Aladín: La noche en que el talento cordobés frotó la lámpara y brotó la magia

Desde el vuelo de la alfombra hasta un vestuario de alta costura que compite con los grandes escenarios del mundo, el estreno del musical dirigido por Ricky Pashkus y Maxi Córdoba cautivó a una sala colmada. Entre muros de miedo y la búsqueda de ríos invisibles, la obra propone un viaje sensorial que invita a grandes y chicos a recuperar la voluntad y el deseo de cambio.

Aladín: La noche en que el talento cordobés frotó la lámpara y brotó la magia

Aladín y la princesa Hanah se cruzan por primera vez entre los puestos del mercado, uniendo sus legados a través de un antiguo libro que cambiará el destino de su ciudad.

Desde lejos se divisaba tras las vías una larga fila de padres y madres que esperaban junto a sus hijos ingresar al Quality. La ansiedad, las trenzas violetas y los muñecos del genio pintaban una tarde que comenzaba a ser mágica. Al ingresar, había un espacio preparado con el trono del Sultán y una hermosa lámpara para dejar registrado el momento que, probablemente, se convierta en uno de los recuerdos más especiales de estas vacaciones. Debido a su completísima asistencia, el espectáculo tuvo inicio pasadas las 18:45.

Esta versión de Aladín: Es tiempo de soñar, basada en el clásico de «Las mil y una noches», se gestó íntegramente con una ambición técnica y artística que Ricky Pashkus previamente ha definido con claridad: «La obra demuestra que en la voluntad, el deseo, en las ganas aparece no solamente la raíz de los cambios, los cambios son posibles y me parece que es un mensaje. Es una producción del más alto nivel de lo que se hace en el país». Con el 70% del elenco conformado por artistas cordobeses, la pieza no solo narra una leyenda, sino que pone a prueba la capacidad de producción local para sostener un show de alto impacto durante una hora y media. 

Cruce inesperados tras los muros

La narrativa nos sumerge en Faranhbajá, una ciudad castigada por un sol implacable donde el agua es el bien más preciado y la libertad parece haber quedado encerrada detrás de muros que el Sultán sostiene que son para proteger a la princesa. Allí conocemos a Aladín (Nuno Vatz), un joven que sobrevive en el mercado haciendo «lo que puede», y a la princesa Hanah (Julia Sahade), quien escapa del palacio cuestionando el aislamiento: «Los muros son miedo, papá. Y yo ya no tengo miedo de mirar afuera». La conexión entre ambos surge a través de un antiguo libro de reliquias que une la carpintería —legado del padre de Aladín— con la arquitectura de la madre de Hanah, revelando que la escasez de agua es, en realidad, una farsa creada por el malvado Visir mediante un incendio provocado hace diez años.

El despliegue musical, bajo la dirección del maestro Federico Vila, recorre géneros que van desde el ensamble dinámico del mercado hasta la potente balada de empoderamiento de Hanah, «La princesa no se puede encerrar», que crece en fuerza vocal hasta conmover a la audiencia. El clima de Faranhbajá se completa con el diseño de luces de Hernando Teijiro y un diseño de sonido a cargo de Franco, que coordina cada paso de la escena donde nada queda al azar.

Entre la ingenuidad del Sultán y un Genio que habla nuestro idioma

De los personajes, uno de los más celebrados por su gracia fue el Sultán Ornometón Badú Badú, interpretado por Bomba Allende. Su ingenio y naturalidad generaron momentos de humor genuino en cada aparición; esto se logró porque en los diálogos se colocaron problemáticas cotidianas que sumadas a una excelente coordinación con el resto del elenco, crearon un ambiente de complicidad absoluta con el público. Su presencia musical también marcó un ritmo vibrante, utilizando géneros de actualidad que alentaban al baile, especialmente en su tema «Modo Campeón», donde las trompetas denotaban autoridad y una energía festiva que contagiaba a las butacas.

Por otro lado, el Genio de la lámpara mágica (David Okada Caldas) irrumpió con una energía arrolladora y un perfil anacrónico que rompió la cuarta pared. Con referencias a la cultura pop contemporánea —mencionando a Pikachu y TikTok— y quejas cómicas sobre dolores por la falta de comida al estar 500 años encerrado, el Genio se convirtió en el puente perfecto para los más chicos. Esta frescura contrastaba con la oscuridad del Visir, cuyo tema «Todo será mío» subrayó su plan de absorber la energía de los ciudadanos con su báculo, provocando que incluso algunos niños comentaran al final el miedo que les inspiraba su interpretación a través de su imponente voz.

El vuelo de la alfombra y un vestuario con factura de exportación

La ingeniería del asombro fue, sin duda, otro de los pilares de la noche. El sistema de vuelo diseñado por Guillermo Toledo permitió que la escena de la alfombra mágica suspendiera la incredulidad de la audiencia; ver a Aladín y Hanah volando y cantando fue el momento más ovacionado de la velada. A esto se sumó el uso de efectos reales de Lucas Aquino, como el humo denso que precedía la aparición del Genio, creando una atmósfera envolvente que parecía seguir a los espectadores incluso después de salir del estadio.

El aspecto visual alcanzó un estándar de alta costura que el propio Ricky Pashkus no dudó en elogiar. Al finalizar, el director aseguró que el vestuario de esta versión era superior al de las producciones internacionales. El trabajo de La Polilla en imagen y vestuario, junto a los calzados de Mariana y los tocados de Cecilia de Negri Pérez, conformaron una estética impecable que resaltaba en cada coreografía de Verónica Pecollo.

La trayectoria de Pashkus se puso al servicio de esta identidad cordobesa. Al concluir, el director subió al escenario para presentar a cada uno de los colaboradores, cerrando con una verdadera celebración colectiva. Con funciones este domingo y lunes, y la promesa de una gira nacional, Aladín demostró que Córdoba no necesita mirar afuera para encontrar la excelencia; la magia se construye aquí, con visión, trabajo y talento propio.

Las entradas se adquieren en la plataforma Qualitycenter.com.

Un despliegue coreográfico de alto impacto que recorre géneros desde el jazz hasta la power ballad, manteniendo un ritmo dinámico durante los 90 minutos de función.

Ficha Técnica

  • Título: Aladín: Es tiempo de soñar.
  • Dirección General: Ricky Pashkus y Maximiliano Córdoba.
  • Elenco Principal: Nuno Vatz (Aladín), Julia Sahade (Hanah), David Okada Caldas (Genio), Bomba Allende (Sultán).
  • Dirección de Actores: Agustín Vidal y Diego Noria.
  • Dirección Musical: Federico Vilas y Mauro Francés.
  • Dirección Vocal: Matías Ibarra (Asistente: Juan Maldonado).
  • Coreografía: Verónica Pecollo (Asistente: Juan Lunaovic).
  • Diseño de Vestuario: La Polilla (Realización: María Elizabeth).
  • Diseño de Luces: Hernando Tejeiro.
  • Producción General: Maximiliano Cordoba, Quality Producciones y Linkearte.

Nota en desarrollo.

El arte de «Pepe» Angonoa al servicio de los demás

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