Después se apagaron las luces, se abrió el telón y comenzó a escucharse “Lady Marmalade”. Las cuatro ingresaron con una puesta inspirada en Moulin Rouge y el Quality entendió rápidamente cuál iba a ser la propuesta: no solamente escuchar las canciones, sino volver a habitarlas. “Maldita noche”, “Sigo dando vueltas” y “Doce horas” continuaron el comienzo, mientras las coreografías, las visuales y la banda en vivo acompañaban una puesta pensada para recuperar aquella estética y, al mismo tiempo, traerla al presente.
Una canción detrás de otra
El repertorio avanzó con “Mío”, “Cómo puede ser”, “Voy a buscar”, “Aquí estoy”, “Un demonio”, “Bajo la lluvia” y “Y así fue”, entre otros clásicos. Hubo tres cambios de vestuario, coreografías y un coro invitado, pero también hubo algo que ninguna puesta puede programar del todo: la respuesta de la gente. Bastaban los primeros acordes para que el Quality se llenara de voces. Las canciones que habían acompañado a toda una generación volvían a sonar y el público las cantaba de principio a fin junto a ellas.
En “Bajo la lluvia”, el escenario se transformó en un cielo de pequeñas luces. Miles de celulares se encendieron al mismo tiempo y las linternas apuntaron hacia las integrantes. Poco después, “Y así fue” sumó otra escena inesperada: entre las luces apareció una mujer vestida de novia. Durante unos minutos, aquella espectadora dejó de ser una más entre el público y pasó a formar parte de la postal que se estaba construyendo sobre el escenario.
Virginia y una noche especial en Córdoba
Para Virginia da Cunha, además, el regreso tuvo un componente particular. La cantante, nacida en Córdoba, habló durante el show de su vínculo con la provincia y de la presencia de familiares que habían llegado para acompañarla. Su relación con la ciudad apareció así integrada a una noche que, para el público cordobés, tenía también un significado especial.
Más adelante, Virginia tomó el centro del escenario para transformar el recital durante unos minutos en una pista de baile. Junto a su novio, DJ, encadenó distintos ritmos electrónicos y llevó al público hacia una secuencia más bailable que desembocó en “Guapas” y “Llega la noche”. El cambio de clima funcionó como una pausa dentro del recorrido por los grandes éxitos del grupo antes de regresar al formato de banda.
Parecía que la noche llegaba a su final. Las luces, los movimientos sobre el escenario y la despedida daban esa sensación que tantas veces acompaña los últimos minutos de un recital. Pero el telón volvió a cerrarse y, después de unos minutos, se abrió nuevamente.
Las cuatro regresaron para cantar “Muero de amor por ti” y cerrar definitivamente el show. Para entonces ya habían pasado las imágenes de Popstars, los cambios de vestuario, las coreografías, las canciones que el público todavía recuerda completas, las risas y también la emoción.
Habían pasado, en definitiva, 25 años.
Y mientras Lourdes, Lissa, Valeria y Virginia se despedían del escenario cordobés, las bandanas seguían ahí, entre las butacas. Algunas todavía atadas al pelo; otras, guardadas como recuerdo. Quizás ya no eran solamente un accesorio de aquella época, sino una manera sencilla de explicar lo que había ocurrido esa noche: una generación volvió a encontrarse con las canciones de su adolescencia y, durante unas horas, volvió a cantar como entonces.
