Bandana celebró sus 25 años en Córdoba: nostalgia, emoción y clásicos en el Quality

Lourdes, Lissa, Valeria y Virginia volvieron a encontrarse con su público en una noche de canciones, recuerdos, humor y complicidad.

Bandana celebró sus 25 años en Córdoba: nostalgia, emoción y clásicos en el Quality

Las cuatro integrantes volvieron a encontrarse con el público cordobés.

Hay algo que pasa cuando Bandana aparece en escena: con ellas también vuelven las bandanas. Algunas están atadas al pelo, otras funcionan como pañuelos y muchas recuerdan, casi sin necesidad de explicación, una estética que quedó asociada para siempre al grupo pop argentino. El viernes por la noche, en el Quality Espacio, volvieron a verse por toda la sala. Veinticinco años después, aquel accesorio que alguna vez fue parte de un fenómeno pop regresó a Córdoba junto con las canciones que lo hicieron posible.
Lourdes Fernández, Lissa Vera, Valeria Gastaldi y Virginia da Cunha llegaron a Córdoba con la gira “Bandana 25 Años” y con una historia que comenzó en 2001, cuando fueron seleccionadas para formar parte de Popstars. La historia de aquel comienzo apareció antes que ellas: sobre la pantalla se sucedieron fragmentos de las audiciones, las pruebas y la formación del grupo. Imágenes de unas jóvenes que todavía no sabían que estaban a punto de convertirse en uno de los nombres más reconocidos del pop argentino de los 2000.

Después se apagaron las luces, se abrió el telón y comenzó a escucharse “Lady Marmalade”. Las cuatro ingresaron con una puesta inspirada en Moulin Rouge y el Quality entendió rápidamente cuál iba a ser la propuesta: no solamente escuchar las canciones, sino volver a habitarlas. “Maldita noche”, “Sigo dando vueltas” y “Doce horas” continuaron el comienzo, mientras las coreografías, las visuales y la banda en vivo acompañaban una puesta pensada para recuperar aquella estética y, al mismo tiempo, traerla al presente.

Una canción detrás de otra

El repertorio avanzó con “Mío”, “Cómo puede ser”, “Voy a buscar”, “Aquí estoy”, “Un demonio”, “Bajo la lluvia” y “Y así fue”, entre otros clásicos. Hubo tres cambios de vestuario, coreografías y un coro invitado, pero también hubo algo que ninguna puesta puede programar del todo: la respuesta de la gente. Bastaban los primeros acordes para que el Quality se llenara de voces. Las canciones que habían acompañado a toda una generación volvían a sonar y el público las cantaba de principio a fin junto a ellas.

En “Bajo la lluvia”, el escenario se transformó en un cielo de pequeñas luces. Miles de celulares se encendieron al mismo tiempo y las linternas apuntaron hacia las integrantes. Poco después, “Y así fue” sumó otra escena inesperada: entre las luces apareció una mujer vestida de novia. Durante unos minutos, aquella espectadora dejó de ser una más entre el público y pasó a formar parte de la postal que se estaba construyendo sobre el escenario.

Virginia y una noche especial en Córdoba

Para Virginia da Cunha, además, el regreso tuvo un componente particular. La cantante, nacida en Córdoba, habló durante el show de su vínculo con la provincia y de la presencia de familiares que habían llegado para acompañarla. Su relación con la ciudad apareció así integrada a una noche que, para el público cordobés, tenía también un significado especial.

Más adelante, Virginia tomó el centro del escenario para transformar el recital durante unos minutos en una pista de baile. Junto a su novio, DJ, encadenó distintos ritmos electrónicos y llevó al público hacia una secuencia más bailable que desembocó en “Guapas” y “Llega la noche”. El cambio de clima funcionó como una pausa dentro del recorrido por los grandes éxitos del grupo antes de regresar al formato de banda.

Parecía que la noche llegaba a su final. Las luces, los movimientos sobre el escenario y la despedida daban esa sensación que tantas veces acompaña los últimos minutos de un recital. Pero el telón volvió a cerrarse y, después de unos minutos, se abrió nuevamente.

Las cuatro regresaron para cantar “Muero de amor por ti” y cerrar definitivamente el show. Para entonces ya habían pasado las imágenes de Popstars, los cambios de vestuario, las coreografías, las canciones que el público todavía recuerda completas, las risas y también la emoción.

Habían pasado, en definitiva, 25 años.

Y mientras Lourdes, Lissa, Valeria y Virginia se despedían del escenario cordobés, las bandanas seguían ahí, entre las butacas. Algunas todavía atadas al pelo; otras, guardadas como recuerdo. Quizás ya no eran solamente un accesorio de aquella época, sino una manera sencilla de explicar lo que había ocurrido esa noche: una generación volvió a encontrarse con las canciones de su adolescencia y, durante unas horas, volvió a cantar como entonces.

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