Romina Oslé reestrena este sábado “Cabeza de globo o esa lucidez de Morondanga”

A casi una década de su versión original en Buenos Aires, la directora lleva al escenario del Teatro La Cochera una puesta monumental, construida con 1.000 globos y con ocho intérpretes en escena. En esta entrevista, reflexiona sobre la vigencia política de la obra, los desafíos de su montaje y las particularidades del trabajo teatral en Córdoba.

Romina Oslé reestrena este sábado “Cabeza de globo o esa lucidez de Morondanga”

La frontera entre la cordura y la locura, sumada a la tensión constante entre la norma y lo disruptivo, comenzaría a ocupar el centro de la escena teatral cordobesa. En esta oportunidad, la dramaturga y directora Romina Oslé —oriunda de Buenos Aires y afincada desde hace tres años en Río Ceballos— retoma una de sus creaciones más complejas para insertarse decididamente en el mapa escénico cordobés. Tras un primer paso por las salas de la ciudad con Debe ser el humo, un formato íntimo de tres personajes, la teatrista decidió dar un salto de escala y convocar a un equipo de 8 personas para montar “Cabeza de globo o esa lucidez de Morondanga”.

El proyecto recupera una dramaturgia colectiva gestada entre 2016 y 2017. El punto de partida teórico y poético se encuentra en la obra de Marisa Wagner, poeta que atravesó largos años de internación en instituciones de salud mental. Según explica la propia Oslé en conversación con este diario: 

“Creo que el título abarca todas las dimensiones de la obra y atraviesa todos sus territorios. Me parece que está muy logrado lo que hemos encontrado como título, que originalmente era “Cabeza de globo” nada más cuando empezamos a construirla a la obra. Pero a medida que tomaba forma y estábamos muy cerquita del estreno primero —me acuerdo porque esta obra fue montada en el 2016-2017 en Buenos Aires con el elenco original, que es con quienes exploramos muchos años hasta construir esta dramaturgia— a mí me cayó así como una ficha de que había algo del título que me parecía incompleto. Y “Lucidez de Morondanga» es un verso de un poema de Marisa Wagner. Nuestro disparador fue “Los Montes de la Loca», que es un libro de Marisa Wagner. Ella se definía como poeta y loca porque es una persona que estuvo muchos años de su vida encerrada en clínicas de salud mental”, exclama.

Esa combinación nominal sintetiza la complejidad temática de la pieza. La noción de la «cabeza de globo» remite tanto a la volatilidad del pensamiento como a la fragilidad de las estructuras sociales que pretenden definir qué es la normalidad, mientras que la «lucidez de morondanga» aporta una mirada irónica sobre las verdades absolutas y los discursos instituidos.

A partir de este universo poético, la propuesta indaga en las fronteras de la normalidad y los mecanismos de aislamiento institucionales y psíquicos. En procura de ese fin, la dramaturgia se avienta a explorar y profundizar cómo los mandatos sociales condicionan la percepción de la realidad, poniendo en escena la fragilidad de la mente humana y la convivencia tensa entre ocho cuerpos contenidos en un espacio delimitado. Entonces, retomando fragmentos de la sinopsis, en lugar de ofrecer respuestas lineales, la obra dispone un caleidoscopio de sensaciones donde la razón y el delirio dialogan constantemente, cuestionando los límites que el entramado social impone para catalogar lo aceptable y lo marginal.

La obra tendrá funciones todos los sábados de octubre y noviembre, a las 21, en el Teatro La Cochera. Foto: Prensa.

En esa línea, la dimensión física y plástica de la obra podría resultar atípica para las dinámicas habituales del circuito alternativo. Esto es así porque de por sí la puesta exige 1.000 globos en escena por función y un dispositivo espacial cerrado por redes y tanzas que contiene tanto a los objetos como a los ocho intérpretes. En tanto, la preparación técnica implica más de dos horas de montaje previo para la pieza que transcurre en una hora y diez. Por ese despliegue, Oslé define la producción como “una obra de teatro independiente con aire de teatro oficial. Tiene una escenografía media monstruosa que la podemos llevar adelante solo porque estamos locxs y porque somos 11”.

Y agrega «Es una locura. Cuando estuvimos haciendo el montaje la semana pasada, que armamos todo casi en un ensayo general, le dije al elenco: ‘Acabo de recordar que yo una vez dije que no iba a hacer esta obra nunca más’. Y era porque es inabordable. Cuando llega ese momento ya estás en el baile y terminás de bailar, pero después cuando está todo armado tiene una potencia y una belleza poética tan enorme que lo vale todo«.

Y para hacer posible esta estructura en la sala de barrio Güemes, la puesta exigió una intervención específica en la arquitectura de La Cochera, con perforaciones en las paredes para adecuar la sala a las dimensiones de la estructura escénica. Sin embargo, la directora destaca en varias ocasiones la posibilidad de trabajar sobre el espacio estuvo ligada también al vínculo con Luca Solé, integrante del elenco y parte del teatro. Según explica Oslé, esa adaptación resulta fundamental para sostener una escenografía de gran escala, cuya complejidad técnica dificulta su traslado y montaje en otras salas.  Sobre este aspecto profundiza en el apartado más avanzado de la nota.

Por otra parte, habla sobre la decisión de volver a poner en pie este proyecto para sumarse al circuito y expresa que: “… hay algo de la coyuntura actual que me lo pedía y también mi necesidad de insertarme ‘rápidamente’ — porque estamos ensayando esta obra desde febrero— en el entramado teatral cordobés. Pero no es lo mismo retomar una obra que ya trabajaste que empezar a explorar una obra de cero, que a mí por lo general me lleva entre dos o tres años”.

Agustina Carrique, Ana Paula Malvido, Brenda Vicente, Guadalupe Lanusse, Luca Solé, Patricio Iddon, Sebastián Ñañez y Sofía Vázquez Bizarro integran el elenco. Foto: prensa.

Cuerpo y palabra como instrumento

Más allá del impacto visual, la indagación dramatúrgica de la directora se apoya fuertemente en el plano acústico. La voz humana, despojada en ocasiones de su función exclusivamente comunicativa, se integra a la atmósfera sonora de la obra como un elemento plástico más. Los susurros, las modulaciones y los ritmos de los actores dialogan con la textura de los objetos en escena, generando una polifonía particular.

Al referirse a esta línea de investigación vocal y corporal, la realizadora argumenta: “Hace rato vengo trabajando con la hipótesis de lo sonoro, buscando a los actores y actrices como instrumentos musicales en todas sus posibilidades, donde la palabra sea sonido y no solo sentido. Hay algo del laburo sonoro que toma protagonismo”.

De este modo, los ocho intérpretes en escena atraviesan un proceso en el cual la frontera entre el cuerpo, la voz y el espacio se vuelve porosa, haciendo de la materia sonora un vehículo fundamental para transmitir la carga emotiva de la obra.

La exploración de la materialidad también alcanza a los mil globos que ocupan el espacio escénico y a las relaciones que se establecen entre estos objetos y los cuerpos de los intérpretes. Oslé explica:

“Un poco uno de los impulsos de trabajar con el globo fue ir a por toda la materialidad, por todas sus posibilidades. Un poco en escena jugamos con eso, con todas las posibilidades que nos da ese objeto y esa materialidad. Pero sígnicamente, además, tiene una lectura de que hay ocho cuerpos encerrados literal en un espacio, porque el espacio escénico está delimitado como una especie de cuadrilátero donde no se puede salir, donde están contenidos esos ocho cuerpos y los 1000 globos. Entonces, hay un juego sígnico de sentido de que los cuerpos que vemos son ocho, pero son 1000 más; hay algo ahí de cruce entre la cantidad de globos y la cantidad de cuerpos como devenires, cuerpos en globos y globos en cuerpos”, detalla la directora.

Con ese despliegue escénico y una dramaturgia que vuelve sobre los límites de la normalidad, Cabeza de globo o esa lucidez de Morondanga estrenará este sábado 10 de octubre, a las 21, en el Teatro La Cochera (Fructuoso Rivera 541, barrio Güemes). La obra continuará en cartel todos los sábados de octubre y noviembre. Las entradas se consiguen mediante un aporte consciente, de acuerdo con las posibilidades de cada espectador, y las reservas se realizan por WhatsApp al 351 211-1896.

Trinchera cultural

Como ya se mencionó, Romina Oslé ha dedicado su vida al teatro y cuenta con una extensa trayectoria como directora. Desde su llegada a Córdoba, hace algunos años, ha conocido de cerca las particularidades de la escena local. A partir de esa experiencia, le preguntamos qué diferencias encontró entre los circuitos teatrales de Buenos Aires y Córdoba más allá de «la cantidad de gente haciendo teatro».

A tales efectos, al comparar su trayectoria en la Capital Federal con su inserción en el circuito cordobés, Oslé hace hincapié en las particularidades operativas y humanas que distinguen a ambas escenas. Pero también en la reconstrucción de su red de trabajo que requirió un rastreo paciente para establecer vínculos con artistas independientes de la provincia. Ese proceso le permitió integrarse a una comunidad teatral que se sostiene a partir de la colaboración y el acompañamiento mutuo, una dinámica que también hace posibles adaptaciones en los espacios culturales —como ocurrió en La Cochera— para llevar adelante montajes de las características de esta obra.

“Y otra diferencia que me gusta mucho de Córdoba es el laburo en grupo. Allá si bien hay por supuesto casos donde los grupos se tienen a lo largo de los años, lo más común es que se armen elencos para las obras y que después ese elenco no vuelvan a trabajar juntos; acá hay mucho laburo grupal y de elenco sostenido a lo largo de los años”, explica .

En cuanto a las diferencias en el funcionamiento de las salas y las dinámicas de trabajo, la teatrista explica: “La única diferencia grande que encontré tiene que ver con la dinámica de los técnicos y las técnicas de las salas, precisamente de iluminación donde acá se acostumbra a que alguien del elenco opera las luces durante la función, mientras que allá cada teatro tiene su técnico/a y es indiscutible. Nadie más toca la consola”.

Más allá de las particularidades geográficas, la realización de esta obra de gran escala requirió el respaldo financiero del Instituto Nacional del Teatro (INT) a través de un subsidio de producción, un factor determinante para afrontar los costos operativos en un período complejo para el sector. Frente a las dificultades económicas, Oslé reafirma la dimensión ética y la entrega apasionada que sostiene la labor independiente al margen del rédito económico: “Estructuralmente es lo mismo: es un puñado de gente que se junta a hacer lo que no podría dejar de hacer porque no sabe vivir de otra manera que haciendo esto y que se la rebusca para poder sostener las obras y los grupos. Y que estrena obra cueste lo que cueste. Hay algo de lo independiente que es coyuntural, nadie gana un mango. Lo pone. Ponen su cuerpo, su alma y su tiempo… Todos lxs que hacemos esto estamos atravesados por esta forma de vida que la única explicación es que no lo podemos dejar de hacer porque si fuéramos a la lógica no tendría sentido”.

En esa misma línea de reflexión, la directora enfatiza la conciencia comunitaria y el compromiso vital que impulsa a los colectivos artísticos a seguir creando materiales simbólicos: “Es que somos un sector de resistencia claramente. Y somos militancia absoluta de cultura y de capital simbólico. De generar materiales culturales colectivos. Hay algo de eso que es nuestra militancia de vida porque sino no tiene otra razón de ser. Digo, no tiene una razón monetaria, no tiene una razón de estatus social. La razón por la que seguimos haciendo es porque claramente somos un sector de resistencia. Por algo todos los gobiernos —los de derecha más por supuesto— nos atacan ¿El INT cuántas veces en lo que va de este gobierno estuvo a punto de cerrar o a punto de ser desmantelado? Y estamos ahí haciendo fuerza porque sino estuviera el INT (Instituto Nacional del Teatro) no se podría hacer nada… Es la conciencia de ser un lugar de puja y de construcción social”.

Texto La obra fue creada originalmente entre 2016 y 2017 en Buenos Aires, a partir de una dramaturgia colectiva inspirada en los textos de la poeta Marisa Wagner. Foto: Prensa.

En definitiva, la vuelta a escena de Cabeza de globo o esa lucidez de Morondanga no representa únicamente la reposición de un texto potente, sino la reafirmación de una forma de habitar el teatro. Entre el despliegue plástico de sus mil globos, la exploración sonora de los cuerpos y la vigencia poética de Marisa Wagner, la propuesta de Romina Oslé invita a interrogar los márgenes de nuestra propia cotidianeidad. En tiempos donde la lógica utilitaria parece dominarlo todo, el trabajo cooperativo de este equipo de once realizadores demuestra que la creación artística sigue siendo ese territorio imprescindible para encontrarse, interpelar el presente y sostener la cultura desde la comunidad.

Estreno, funciones y entradas

  • Estreno: Sábado 10 de octubre a las 21 h.
  • Funciones: Todos los sábados de octubre y noviembre a las 21 h.
  • Lugar: Teatro La Cochera (Fructuoso Rivera 541, Barrio Güemes, Córdoba).
  • Reservas: Vía WhatsApp al +54 9 351 211-1896.

Ficha artística y técnica

  • En escena: Agustina Carrique, Ana Paula Malvido, Brenda Vicente, Guadalupe Lanusse, Luca Solé, Patricio Iddon, Sebastián Ñañez y Sofía Vázquez Bizarro.
  • Dramaturgia: FaltaUno y Romina Oslé (a partir de textos de Los montes de la loca de Marisa Wagner).
  • Dirección: Romina Oslé.
  • Diseño de luces: Fernando Raíces.
  • Vestuario y escenografía: Victoria Chacón.
  • Asesoramiento sonoro: Pedro Donnerstag.
  • Colaboración musical: Sembrar Ensamble.
  • Diseño gráfico: Juan Pablo Rodríguez.
  • Asistencia de dirección: Cata Cufré Talmón.
  • Asistencia artística: Violeta Parodi.
  • Producción: Lugar Otro Estudio Teatral.
  • Fomento institucional: Obra realizada con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro (INT).
  • Instagram oficial: @cabezadeglobocba

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