“Donde hay dolor, habrá canciones”: el adiós al Indio

Sin estridencias y dejando las cartas sobre la mesa, se fue el artista que llevó la poesía a todas las clases sociales. El impacto de una ausencia que se transforma en canciones, honrando la autenticidad de quien supo narrar las fracturas de nuestra sociedad.

“Donde hay dolor, habrá canciones”: el adiós al Indio

Carlos Alberto Solari (1949 - 2026).

El viernes 5 de junio murió el Indio Solari. Se fue uno de los artistas más influyentes de la cultura argentina contemporánea, aquel que convirtió la poesía en una herramienta popular y logró que sus versos circularan por estadios, calles, banderas y generaciones enteras. Entre las miles de frases que dejó escritas, hay una que durante estos días adquirió un significado particular: “Sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo”.

La muerte nunca fue un territorio ajeno dentro de su obra. Apareció una y otra vez en sus canciones, en sus entrevistas y también en sus reflexiones más íntimas. Sin embargo, vista desde la conmoción que atraviesa estas jornadas, pareciera que en sus últimos años Solari hizo algo más que pensarla: escribió alrededor de ella. Como si hubiera dejado pistas. Como si hubiese construido, canción tras canción, una forma posible de enfrentar la pérdida.

Por eso la despedida del Indio no se parece del todo a otras despedidas. Desde que se conoció la noticia de su muerte, las escenas se multiplicaron en distintos puntos del país: reuniones espontáneas, vigilias, murales, caravanas, homenajes y encuentros improvisados donde las canciones funcionaron como refugio. Miles de personas recurrieron a las mismas letras para explicar lo que sentían. Como si la obra volviera a cumplir la función que tuvo durante décadas: acompañar.

La dimensión de ese vínculo quedó expuesta también en Comodoro Rivadavia. A sólo un día de su muerte, cientos de seguidores recibieron a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado con aplausos, cánticos y banderas. La banda que acompañó al Indio durante sus años solistas fue abrazada por una multitud que encontró en esos músicos una continuidad afectiva de un universo que parece imposible de clausurar. Fue otra escena de una despedida que todavía continúa escribiéndose.

Pasaron muchas cosas en estos tres días. Las palabras de colegas y amigos. Los recuerdos compartidos por quienes lo siguieron durante décadas. La difícil tarea de Los Fundamentalistas de volver a subirse a un escenario construido junto a él. Las lágrimas de quienes encontraron en sus canciones una educación sentimental. Las historias de quienes llegaron a los Redondos buscando música y terminaron encontrando una forma de mirar el mundo.

En Recuerdos que mienten un poco, el libro de conversaciones con Marcelo Figueras, Solari imaginó su propia partida. No lo hizo desde la grandilocuencia ni desde la épica. Lo hizo con la austeridad que también habitaba en algunos de sus pensamientos más profundos. Escribió que le gustaría levantarse en medio de una partida de póker sin llamar la atención, dejar las cartas sobre la mesa e irse sin interrumpir el juego. «Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante», dejó escrito.

Hay algo de esa imagen que dialoga con estas horas. Porque mientras la ausencia se vuelve definitiva, las canciones siguen circulando. Siguen apareciendo en los parlantes, en las conversaciones y en la memoria de quienes crecieron con ellas. Tal vez por eso el duelo ricotero tiene una particularidad: no sólo despide a un músico. También vuelve a encontrarse con una obra que durante años habló de la fragilidad, del paso del tiempo, de la derrota, de la resistencia y de la muerte.

Una cosa resulta difícil de ignorar en medio de estas jornadas: pareciera que el Indio no sólo se preparó para su partida, sino que también preparó a todos para su duelo. Dejó canciones atravesadas por preguntas sobre la muerte, el final y la permanencia. Canciones que hoy regresan convertidas en refugio colectivo.

Y acaso allí resida una de las últimas enseñanzas del Indio. En haber dejado palabras para cuando ya no estuviera. En haber escrito, mucho antes de partir, algunas de las canciones que hoy permiten llorarlo. Porque mientras el fuego siga creciendo, todavía habrá quienes quieran estar allí. Y porque, como sucede desde hace tres días en cada rincón donde alguien vuelve a poner uno de sus discos, donde hay dolor, habrá canciones.

Despedidas:

Sky Bellinson: “Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje, mi querido amigo, hasta siempre. Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre. Hoy es un día muy triste. PR”.

Ricardo Cohen, Rocambole: «Adiós, amigo, tu luz seguirá iluminándonos». 

Juanse: “[…] su música trascenderá en todo el cosmos popular como lo que fue, es y será, el representante más honesto de sus propias convicciones”.

Ricardo Mollo: “[…] es un duelo nacional, además el día ayuda a eso… La partida de Luca también fue así con estos días en los que el cielo se pone gris”.

Multitudinaria despedida al Indio Solari en Avellaneda

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