Para escribir tu propia lista de cosas maravillosas

A un año de su estreno en Córdoba, hablamos nuevamente con Facundo Gambandé sobre el recorrido de Las cosas maravillosas, una obra que hoy encuentra más asentada en su interpretación y que llega a su despedida este sábado en el Quality.

Para escribir tu propia lista de cosas maravillosas

Facu Gambandé protagoniza Las cosas maravillosas, una obra que invita a conectar con las emociones y encontrar belleza en las pequeñas cosas de la vida. La versión cordobesa se estrenó el 22 de agosto del año pasado y este sábado 29 tendrá su última función.

Cuando Facundo Gambandé sube al escenario para hacer “Las cosas maravillosas”, sabe que hay una parte de la función que no puede ensayar. Puede conocer el texto, tener marcados los movimientos y saber hacia dónde debe llevar la historia, pero hay algo que queda fuera de su control: las personas que tiene adelante. Una respuesta inesperada, un silencio más largo de lo previsto, alguien que se anima a participar o una reacción que cambia el clima de la sala pueden modificar el recorrido de esa noche.

Eso era parte del desafío cuando habló por primera vez con Hoy Día Córdoba. La obra significaba entonces su primer unipersonal y la posibilidad de sostener una hora de teatro prácticamente en soledad. Hoy, después de pasar por el Teatro Real, el Teatro Ciudad de las Artes y distintas localidades de la provincia, Gambandé la vive de otra forma.

Un año después de aquellas primeras funciones, el actor vuelve sobre ese proceso. Habla de una obra que fue cambiando a medida que la hizo, de las distintas personas que se sentaron frente a él y de una historia que, con el tiempo, dejó de sentirse ajena. “Desde el primer estreno hasta hoy… empecé a hacer mucho más propia la historia”, dice. Ahora, antes de la última que tendrá lugar este sábado a las 20 en Quality Teatro (Av. Cruz Roja Argentina 200), la pregunta ya no es cómo será hacer un unipersonal, sino qué queda después de haberlo hecho tantas veces.

La obra se juega distinta cada noche

En tanto, el carácter participativo de “Las cosas maravillosas” convierte a cada presentación en una experiencia abierta. Es decir, el actor necesita de los espectadores para avanzar en el relato y, por eso, las reacciones modifican el ritmo, los silencios y la energía de cada una de ellas.

Hoy Día Córdoba (HDC): Es una obra en la que el público participa y tengo entendido que, si bien hay una historia central, siempre la función se diferencia de fecha en fecha.

Facundo Gambandé (FG): Sí, total. Tiene que ver mucho con eso y con la participación del público, porque este unipersonal requiere de la ayuda de la gente para contarlo. Eso hace que se vuelva distinto siempre porque las reacciones son diferentes. Pero es lo que a mí también me genera un desafío grande y mucha adrenalina para hacer cada función, para que no se vuelva aburrido. A veces me preguntan si no me aburro de hacerla tantas veces, ya que la vengo haciendo hace casi un año, y la verdad es que no. Vos sabés que no me pasa, la disfruto un montón y cada función se vuelve distinta; creo que eso tiene una magia particular.

HDC: Claro, eso te iba a preguntar porque, cuando hablaste por primera vez con este medio, contabas que era tu primer unipersonal, un proyecto que encarabas junto a tu hermana, que también forma parte de la producción. Ahora, con un año de experiencia, ¿qué sentís de diferente respecto de aquella primera función?

FG: El desafío siempre estuvo y siempre está, porque al estar arriba del escenario solo, sos vos ahí arriba y, si te equivocás, te olvidás o pasa algo, no tenés mucho de dónde agarrarte más que de tu propia memoria. Pero creo que desde el primer estreno hasta hoy lo que fue modificando también es que empecé a hacer mucho más propia la historia. Si bien fui al estreno con mucho ensayo y muy preparado, con el correr de las funciones —que pasa casi siempre en el teatro— la obra empieza a entrar al cuerpo de otra manera. Yo lo noto bastante y voy con mucha tranquilidad a hacerla, más allá de los nervios propios del teatro, pero se nota eso, como mucho más asentado. Disfruto mucho con el correr de cada función. Termina la función y muchas veces digo: «Ay, la volvería a hacer», medio como una montaña rusa. Viste cuando te subís, bajás y decís «quiero ir de vuelta».

HDC: Me imagino. En el encuentro anterior expresabas que la obra también había pasado por otros artistas en Buenos Aires y que cada uno le imprimía su propia mirada. Pero hace poco, en otra entrevista, te escuché hablar de cómo también se diferenciaba según el género ¿Puede ser?

FG: Sí, claro, porque es una obra que la pueden hacer tanto hombres como mujeres, entonces se vuelve interesante. Estoy acostumbrado a hacerla yo, pero de repente ver mujeres haciéndola… creo que vi a Natalie Pérez. Estuvo Flor Otero también haciéndola, y Lali González, una actriz paraguaya que la hacía en Buenos Aires. Hay una búsqueda de personaje y hay otra sensibilidad. También hay algo que pasa para mí, que es muy personal, pero que habla un poco del vínculo con los padres en esta obra, sobre todo con la madre. Creo que el vínculo del varón con la madre es muy particular y lo vuelve muy interesante. Pero sí, la han hecho un montón de personas. Eso es lo que tiene de bueno la obra, que permite que cualquier actor la pueda hacer y cada uno le vaya encontrando un tono y una forma. Obviamente después hay una dirección que seguir que marca un montón de cosas, pero pasa eso.

HDC: Claro, en este caso Mey dirige todas.

FG: Sí, Mey Escápola dirige todas. El primero que arrancó con Las cosas maravillosas en Buenos Aires fue Peter Lanzani, pero a él lo dirigía una actriz y directora llamada Dalia Elnecavé. Después de que Peter termina, no me acuerdo si arranca Lali González o Franco Masini, pero ahí ya arranca Mey a dirigir y ella dirige a todos los distintos actores que van pasando por la obra.

Una historia que continúa fuera del escenario

La participación del público no es el único elemento que cambió la experiencia de Gambandé. También está la identificación que genera una historia atravesada por los vínculos familiares y la salud mental, dos dimensiones que permiten que la obra sea recibida desde lugares muy distintos.

HDC: Es una obra que tiene un mensaje muy fuerte y que, quizás, contrasta un poco con la realidad actual ¿Sentís que hoy es necesario detenerse y prestar atención a las cosas maravillosas que existen también fuera del teatro?

FG: Yo creo que sí, es muy necesario porque la obra habla de resiliencia y de un tema bastante potente que sucede en la vida. Tratamos un tema sobre salud mental y me parece que eso hace que todas las personas que vienen a ver la obra, de una forma u otra, se sientan identificadas. Quizás es algo que les pasó a ellos, a alguien conocido, o que está atravesando alguien cercano, y creo que eso te atraviesa. La obra habla de buscar estas cosas maravillosas que existen en el mundo, esas pequeñas cosas que a nosotros nos ayudan a avanzar y a salir de momentos difíciles. Me parece una hermosa mirada para la vida porque, obviamente, todos andamos en una vorágine, nos pasan cosas lindas y malas, y muchas veces uno se centra más en las malas que en las lindas. Esta obra hace un llamado a eso, a prestarle atención a las pequeñas cosas que nos ayudan a salir adelante. El mensaje es hermoso y creo que la gente se queda con esa sensación al salir. Nos pasa mucho que nos escriben diciendo que salen con la idea de empezar a escribir su propia lista de cosas maravillosas, y eso está buenísimo.

Las cosas maravillosas, basada en Every Brilliant Thing, obra de Duncan Macmillan y Jonny Donahoe.

HDC: Facu, ¿la obra está dirigida a un público de una determinada edad o sentís que puede interpelar a personas de distintas generaciones?

FG: Sí. Nosotros la clasificamos como más de 13 años, más que nada por el tema que tratamos y de lo que se habla. Si va un adolescente, está bueno que esté acompañado por un adulto para que, si hay preguntas, haya alguien con criterio para responderlas. Pero tenemos un rango etario muy amplio. Vienen adolescentes, han venido niños inclusive acompañados de sus padres, jóvenes, adultos y adultos mayores, y todos se sienten identificados desde algún lugar. Yo me doy cuenta porque estoy en constante contacto con el público; tengo gente arriba del escenario conmigo y a los otros muy cerca. Mientras voy narrando, los voy mirando a los ojos y veo las reacciones de todos, y sé que a todos les llega por algún lado. Así que pueden venir todos.

HDC: Entiendo. De alguna manera, la identificación puede aparecer igual, ya sea desde el lugar de padre o de hijo.

FG: Completamente. Esta historia está contada desde el punto de vista del hijo de este personaje, pero muestra todas las miradas; muestra desde su punto de vista cómo reaccionaban el padre y la madre ante ciertas situaciones. Desde cualquier lugar te sentís identificado porque, si sos padre o madre, decís: «Ah, yo me comporto así, o mis papás se comportaban así quizás». Sin lugar a dudas.

Córdoba, entre el escenario y la producción

El recorrido por la provincia también dejó otra dimensión de la experiencia: la posibilidad de producir teatro desde Córdoba. Gambandé decidió asumir el proyecto junto a su hermana Lucía y trabajar con profesionales locales, una apuesta que ahora piensa continuar con nuevas propuestas.

HDC: ¿Estás pensando en algún nuevo proyecto?

FG: Sí, tengo muchas ganas, sinceramente. Estoy tratando de cranear la posibilidad de volver a traer otro espectáculo o traer otra obra a Córdoba. En un par de semanas voy a volver a Buenos Aires, pero con la cabeza abierta para ver si aparece alguna obra para traer a Córdoba, que me encantaría. Y si no, ver de instalar algo allá en Buenos Aires. Pero para Córdoba me encantaría volver a traer algo, ya sea actuándolo o quizás solo como productor; es algo a analizar dependiendo de la obra que encuentre.

Después de atravesar distintos espacios y públicos, “Las cosas maravillosas” llega a su última función en Quality Teatro. Para Gambandé, el cierre no parece ser solamente el final de una temporada, sino la conclusión de una primera etapa de una experiencia que le permitió descubrir otra forma de hacer teatro y, sobre todo, otra manera de encontrarse con quienes están del otro lado del escenario.

Las entradas se encuentran disponibles a través de la plataforma Quality Center.

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