Lo más visto no siempre es lo más recomendable

Por supuesto que las listas de las plataformas pueden orientar, pero no necesariamente garantizan una buena experiencia. El caso de la serie "El otro padre" vuelve a poner en discusión qué hay detrás de un ranking y por qué también conviene mirar lo más comentado.

Lo más visto no siempre es lo más recomendable

Dos de las protagonistas de "El otro padre". Prensa Netflix.

Hay una diferencia que cada vez me resulta más difícil pasar por alto cuando entro a una plataforma: lo más visto no necesariamente es lo más comentado, y mucho menos aquello que alguien recomendaría con entusiasmo. Parece una distinción pequeña, pero puede cambiar bastante la decisión de qué serie empezar a maratonear.

Las plataformas ordenan sus contenidos según determinadas métricas y nos muestran los títulos que concentran mayor cantidad de reproducciones. El dato tiene valor, por supuesto. Si algo aparece entre los primeros puestos durante varios días, es porque consiguió atraer espectadores. Pero ¿cuánto nos dice realmente ese número sobre la serie que estamos a punto de mirar?

La pregunta surge especialmente cuando uno termina una producción que comenzó con una premisa atractiva, mantuvo la curiosidad durante varios capítulos y, sin embargo, dejó una sensación bastante más tibia al llegar al final. «El otro padre», que esta semana ocupa el sexto lugar entre los contenidos más vistos en Argentina y que se mantiene desde hace semanas dentro del top 10 de la plataforma Netflix, funciona como un buen ejemplo desde donde podremos desandar esta afirmación.

No porque sea una serie que necesariamente haya que evitar. De hecho, tiene una historia capaz de generar interés y suficientes giros como para que uno quiera saber cómo termina. El problema aparece después, cuando todas las situaciones que fueron abriéndose necesitan de una resolución y el relato parece no disponer del tiempo suficiente para darles el desarrollo que requerían.

Por eso quizás haya que prestar más atención a lo más visto y comentado que a lo estrictamente más visto. Hay algo en la recomendación cercana —la de los amigos, los compañeros de trabajo, la familia— que una lista automática no puede reproducir. Si varias personas cuyo criterio conocemos coinciden en que una serie les gustó, hay allí una información diferente: no habla solamente de cuántas veces fue reproducida, sino de una experiencia que alguien decidió compartir.

Algo parecido ocurrió con la serie argentina Envidiosa, que además de ocupar los primeros lugares de las plataformas consiguió instalarse en las conversaciones y multiplicar los comentarios en redes sociales. Cuando una serie se convierte en recomendación, el ranking deja de ser el único argumento para verla.

Claro que tampoco se trata de convertir “lo más comentado” en una garantía. Una producción puede generar conversación justamente porque decepcionó, porque provocó discusiones o porque tiene algún elemento polémico. Además, siempre existen excepciones. Pero la diferencia sigue siendo interesante: cuando solamente tenemos el dato de que algo es lo más visto, quizás convenga mantener una pequeña cuota de desconfianza.

El otro padre (2026) parte de una premisa que, por sí sola, tiene fuerza. Julieta necesita un trasplante de riñón y los estudios de compatibilidad revelan que Ricardo, el hombre que la crió desde que nació, no es su padre biológico. Una situación así tiene todos los ingredientes del melodrama clásico: una familia, un secreto, una identidad puesta en duda y una verdad que puede modificar para siempre los vínculos entre sus integrantes.

Además, la pregunta que plantea es mucho más profunda que el descubrimiento inicial. ¿Qué define a un padre? ¿La sangre, la crianza, los años compartidos? ¿Y cuánto cambia una familia cuando aparece una verdad que había permanecido oculta? Ese núcleo es uno de los puntos más interesantes de la serie porque toca algo tan fundamental como el origen y aquello que creemos saber sobre nuestra propia historia.

A partir de allí, sin embargo, la trama comienza a abrirse en varias direcciones. El secreto sobre la paternidad da paso a conflictos vinculados con el tráfico de órganos, enfermedades terminales, acoso, diversidad sexual, intereses contrapuestos y la exhibición de contenidos para adultos en plataformas digitales.

Hay algo interesante en esa mezcla. La serie consigue cruzar problemáticas actuales con recursos propios de una telenovela tradicional, y ese cruce puede resultar atractivo. Los secretos familiares y las filiaciones ocultas conviven con discusiones que forman parte de la vida contemporánea. El problema es que cada nueva línea argumental reclama su propio espacio y la serie parece querer resolverlas todas dentro de una misma historia.

Entonces aparece esa sensación de que todo sucede un poco al tuntún. No porque falten acontecimientos, sino porque sobran algunos para el tiempo que tiene la historia. Se abren conflictos que parecen importantes y después se cierran con una rapidez que no termina de estar a la altura de lo que habían generado.

Ese desequilibrio también afecta a la credibilidad. Y es que hay cuestiones relacionadas con el mundo médico y posibles situaciones de corrupción que adquieren peso dentro del relato, pero después no siempre encuentran una resolución capaz de sostener la dimensión que habían alcanzado. La serie instala preguntas interesantes y luego parece apurada por contestarlas.

Algo parecido sucede con los personajes. Después de atravesar situaciones que deberían modificar profundamente sus vínculos, algunos parecen comprender lo ocurrido con demasiada facilidad. Los sentimientos también necesitan tiempo para procesarse, especialmente cuando lo que está en juego es una verdad sobre el origen, la familia y la identidad.

La resolución concentra buena parte de ese problema. El clímax recibe una importancia considerable, pero una vez alcanzado ese punto, algunas consecuencias parecen solucionarse casi de inmediato. Y entonces queda una pregunta difícil de evitar: ¿todo se resuelve tan fácilmente después de haber complicado tanto la historia?

Eso no significa que la serie deje de interesar. Al contrario. El otro padre tiene esa característica bastante particular de las producciones que uno puede cuestionar mientras las mira y, aun así, continuar hasta el final. La curiosidad funciona incluso cuando la credibilidad empieza a resquebrajarse.

Quizás allí esté su principal virtud y también su principal problema. La estructura consigue empujar hacia el siguiente capítulo, pero no siempre consigue que ese capítulo profundice lo que acaba de suceder. El espectador recibe una nueva revelación antes de haber terminado de procesar la anterior.

Y es justamente en ese punto donde el formato de streaming modifica las reglas de un género que históricamente funcionó con otros tiempos. La telenovela podía extender una historia durante meses, detenerse en una consecuencia, volver sobre un conflicto y permitir que los personajes cambiaran lentamente. El streaming conserva muchos de sus mecanismos, pero también introduce una velocidad que puede jugar en contra de su desarrollo.

Entonces, la producción parece atrapada en esa contradicción. Quiere recuperar el placer del melodrama —los secretos, las revelaciones, las relaciones familiares atravesadas por el pasado—, pero al mismo tiempo necesita avanzar constantemente para mantener la atención. El resultado es una serie que acumula mucho más de lo que finalmente consigue desarrollar.

Por eso el lugar que ocupa El otro padre en el ranking resulta interesante, aunque no necesariamente concluyente. Que una serie sea vista por muchas personas nos dice que consiguió llamar la atención; no necesariamente que consiguió satisfacerlas.

Y esa diferencia importa porque todos conocemos la experiencia de elegir una película o una serie por su argumento, empezar a verla con expectativas y descubrir más adelante que la idea inicial era bastante mejor que la forma en que fue desarrollada. También ocurre lo contrario: producciones que no parecían demasiado atractivas terminan convirtiéndose en descubrimientos gracias a la recomendación de alguien.

De allí que quizás sea más útil mirar qué sucede alrededor de una serie que limitarse a observar el número que aparece en una lista. ¿La gente habla de ella? ¿La recomienda? ¿Discute sus personajes? ¿Cuenta que la terminó? ¿Dice que le gustó? Son datos menos precisos que una cifra de reproducciones, pero pueden decir mucho más sobre la experiencia de verla.

En ese sentido, la recomendación de un amigo, de un compañero de trabajo o incluso de alguien cuyo criterio cinematográfico conocemos puede tener un valor particular. No garantiza que la serie nos vaya a gustar, pero ofrece algo que el ranking no tiene.

Las plataformas, en cambio, presentan el éxito como una cifra. Y es lógico que lo hagan. Es una forma sencilla de ordenar un catálogo enorme y de orientar a quienes no saben qué elegir. Pero el espectador también puede aprender a leer esos datos con cierta distancia.

Lo más visto responde a una pregunta concreta: qué vio más gente. Lo más recomendado responde a otra: qué quiso compartir alguien con los demás. Y no siempre las respuestas coinciden.

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