El discurso de Samuel L. Jackson contra Argentina: “Es uno de los países más racistas”

El actor de Hollywood instó a no apoyar a la Selección en el Mundial 2026.

El discurso de Samuel L. Jackson contra Argentina: “Es uno de los países más racistas”

Lo que comenzó como una serie de comentarios aislados en plataformas digitales terminó por escalar hasta una de las figuras más influyentes del cine mundial. En las últimas horas, Samuel L. Jackson sacudió la previa de la final de la Copa del Mundo 2026 con un mensaje directo contra nuestro país, calificándolo como “el país más racista del mundo” y pidiendo explícitamente a la comunidad negra que no aliente al conjunto albiceleste. Lejos de tratarse de un hecho aislado, este episodio forma parte de una serie de debates que han cobrado fuerza en las redes sociales y que reproduce prejuicios sobre la historia argentina.

El actor, reconocido por su extensa trayectoria en Hollywood, utilizó su alcance para difundir un comunicado que caló hondo: “Querida comunidad negra: Por favor, no animen ni apoyen a Argentina para que gane la Copa Mundial de la FIFA. Históricamente, Argentina ha sido uno de los países más racistas del mundo, si no el más racista”. Jackson incluso acompañó su postura con una imagen generada por inteligencia artificial para reforzar su mensaje, cerrando con un contundente «Te escuchamos fuerte y claro». Sin embargo, este discurso parece ignorar la complejidad de una identidad nacional que tiene raíces africanas que han sido sistemáticamente invisibilizadas.

El origen afro de la Argentina

Para entender por qué este tipo de ataques resultan injustos con el pasado del país, es necesario mirar los datos que la historia oficial muchas veces intentó omitir. El Censo de 1778 arrojó que el 46% de la población argentina tenía origen africano. Aquella cifra revela que la base de nuestra sociedad se forjó con una presencia negra masiva, cuya influencia persiste hoy en el lenguaje, la música y hasta en lo que comemos.

El mito de una Argentina forjada exclusivamente por inmigrantes blancos europeos es un relato que, afortunadamente, se está empezando a derribar. En nuestra historia podemos distinguir tres grandes momentos de migración africana: el primero, entre 1777 y 1812, cuando ingresaron más de 72 mil esclavos al puerto de Buenos Aires y Montevideo, cuyos descendientes forman lo que se conoce como los afroargentinos de tronco colonial. Luego, una segunda oleada de ciudadanos libres provenientes de Cabo Verde llegó escapando de la colonización portuguesa y el hambre, estableciéndose en zonas portuarias como Ensenada y Dock Sud. Finalmente, en los años 90, arribaron las nuevas migraciones, principalmente de Senegal, Mali y Mauritania.

Es paradójico que se tilde al país como el más racista desde el desconocimiento, cuando palabras que usamos cotidianamente como “mina”, “tarima”, “milonga” o “marote” tienen un origen estrictamente africano. Incluso elementos tan identitarios como las achuras, fundamentales en nuestra gastronomía, fueron un alimento rescatado por las mujeres africanas en el siglo XIX. Lo mismo ocurre con el tango, género al que históricamente se le quitó su pertenencia y raíz africana para «blanquearlo» ante el mundo.

A pesar de estos aportes, las organizaciones que nuclean a afrodescendientes estiman que hoy viven en el país alrededor de 2 millones de personas de ese origen, aunque las cifras oficiales del Censo 2010 apenas registraron a 149.493 personas que se reconocen como tales. Esta brecha entre la realidad y la estadística oficial alimenta los discursos externos que ven una supuesta «limpieza étnica» donde hubo, en realidad, un proceso complejo de mestizaje e invisibilización cultural.

El debate por la identidad y las palabras

La polémica desatada por Jackson también pone sobre la mesa el uso del lenguaje. Mientras que en Estados Unidos el término «negro» tiene una carga histórica y política muy específica, en Argentina la palabra es polisémica y depende del contexto. Por otro lado, voces como la de Nengumbi Celestin Sukamao sostienen que el concepto de raza es científicamente falso y socialmente peligroso. Para él, al nombrar a alguien simplemente como «el negro», se hace desaparecer su identidad individual y nacional. Esta construcción cultural de razas inferiores es la que, según especialistas, se debe combatir mediante una reescritura de la historia que valore la presencia afrodescendiente como constitutiva del país.

La reacción en redes y el peso de la desinformación

Las declaraciones del actor no tardaron en generar repudio. Muchos seguidores argentinos manifestaron su decepción al ver cómo una figura de su calibre se dejaba llevar por operaciones de odio e información falsa. Mensajes como «No puedo creer que alguien tan inteligente y talentoso como tú se enamoró de la desinformación» se multiplicaron en sus perfiles, marcando el dolor de una sociedad que se siente incomprendida por el mundo.

Curiosamente, poco antes de esta controversia, se había viralizado otra reflexión de Jackson sobre el bienestar, donde afirmaba que “quienes dicen que el dinero no compra la felicidad nunca lo han tenido”. Hoy, esa búsqueda de «felicidad» o éxito deportivo en el Mundial se ve empañada por un debate racial que, si bien es necesario dar puertas adentro para reconocer nuestras raíces, está siendo utilizado desde afuera de forma estigmatizante.

Entre los comentarios de la publicación que hizo sobre la Copa del Mundo predominan las críticas y el rechazo hacia el artista:

En definitiva, los debates que circularon en redes sociales han tocado una fibra sensible. Argentina no niega sus deudas pendientes en materia de discriminación, pero la acusación de Jackson ignora que este suelo fue, y sigue siendo, el hogar de miles de afrodescendientes que pelearon en nuestros ejércitos —como la capitana María Remedios del Valle— y que construyeron los cimientos de nuestra cultura. Luchar contra el racismo también implica reconocer la historia propia y no permitir que relatos simplistas borren el pasado de un país que es mucho más diverso de lo que las redes sociales pretenden mostrar.

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