“Ya no hay arte”: el vacío que Salma Nair hizo canción

En conversación con Hoy Día Córdoba, la cantautora revela su faceta más íntima antes de abrir los shows de No Te Va a Gustar. Entre su labor con Los Caligaris y su próximo EP, la artista atraviesa una etapa donde el aparente bloqueo creativo se transformó en canciones.

“Ya no hay arte”: el vacío que Salma Nair hizo canción

Con tan solo 24 años, Salma forma parte de Los Caligaris, es sesionista y al mismo tiempo desarrolla su proyecto solista.

Salma Nair, un nombre para anotar, pareciera que —sin ánimos de mufar— comenzará a resonar cada vez más. Y es que, con una dulzura que traspasa la charla y una vocación inquebrantable, la artista cordobesa se prepara para uno de los momentos más importantes de su carrera: este viernes y sábado será telonera de No Te Va a Gustar en Plaza de la Música. “¡Todavía me está cayendo la ficha de todo esto! Quería compartirlo con ustedes. Me emociona y me pone contenta”, expresó recientemente sobre esta oportunidad.

A pesar del título que llevará su próximo proyecto, la actualidad de Salma parece ir en dirección opuesta. La artista atraviesa un momento de intensa actividad creativa y se encuentra ultimando los detalles de su segundo EP, «Ya no hay arte», producido por Osvaldo Brizuela y cuyo lanzamiento está previsto para agosto. 

Este nuevo material propone un giro narrativo fundamental: el paso definitivo al español. Tras un inicio con temas en inglés en su EP Dear Blue (2022), la compositora decidió dejar de «esconderse» tras el idioma. “Al principio no lo quería aceptar, pero después me terminé dando cuenta de que era una cuestión de no querer hacerme cargo de todo de lo que estaba sintiendo y no quería que la gente se enterara”, confiesa con la honestidad que caracteriza su presente artístico.

De niña dibujó su propio escenario

Marcada por una sensibilidad melancólica y una búsqueda mucho más introspectiva, la faceta solista de Salma parece ubicarse en las antípodas del universo festivo y explosivo de Los Caligaris. Para conocer un poco más a esa otra versión de la artista cordobesa, la conversación retrocede inevitablemente hacia los primeros recuerdos que la conectaron con la música. O, mejor dicho, hacia ese momento en el que entendió que quería atravesar su vida arriba de un escenario.

A sus seis años y ante la consigna de dibujar qué quería ser de grande, Salma no dudó: “Con ayuda de mi papá hice el dibujo en el cual estaba parada con un pie en el micrófono, tocando la guitarra y cantando. Es lo que estoy haciendo ahora”. Aquella niña que pasaba horas imaginando escenarios hoy encontró en el piano, la batería y la percusión nuevas formas de expandir su universo musical, construyendo una identidad artística propia que convive con sus distintos proyectos musicales.

Esa vocación la llevó a habitar mundos paralelos. Por un lado, su destacada labor como música sesionista, donde ha aportado guitarras y coros para artistas como Ben Ferrero y diversos proyectos de colegas locales. Por otro lado, su rol de guitarrista y corista en Los Caligaris, formación que le ha permitido pisar escenarios como el Luna Park y recorrer México, Estados Unidos, Colombia y Chile. Aunque disfruta la efervescencia de la banda, Salma reconoce su esencia: “Yo personalmente me identifico más con el indie, pero, en esto de que tenemos diferentes facetas también me amoldo a lo que hacemos con la banda y me resulta muy divertido en el momento en que estoy ahí”.

Salma Nair sobre el escenario junto a Los Caligaris.

«Ya no hay arte»

El título de su próximo material, «Ya no hay arte», paradójicamente nació de un vacío. La artista relata que atravesó un periodo de bloqueos donde sentía que no tenía nada más que decir. “Fue más una cuestión personal de sentir que un poco me había apagado. Estaba un poco perdida con bloqueos creativos (…) yo venía con esta sensación de, ‘No hay arte, ya no tengo nada más que decir, no tengo nada más que dar, no sé cómo hacerlo’”, explica. Y agrega “de pronto hiciste un EP, o sea, que algo había.”

Acompañada por Brizuela, logró transformar esa angustia en un hilo conductor que aborda la tristeza, la ansiedad y las adicciones cotidianas. Para ella, este disco es un proceso que le permitió avanzar. “El EP es como una catarsis para mí. Es haber podido poner en palabras. Creo que es algo muy importante porque si no los sentimientos quedan ahí en el aire y hacen mucho ruido mental”, señala.

Su método de composición conserva un romanticismo analógico. Salma escribe de forma epistolar, dirigiendo cartas a destinatarios anónimos -que casi siempre involucran a su futura yo- que luego se transforman en canciones. “Escribo como para un anónimo y cuento las cosas que van pasando en el día a día. Después me pasa que al tiempo leo de vuelta esas cartas y encuentro frases que me llaman la atención (…) y de ahí empiezo a armar como el rompecabezas de la canción”, describe sobre su proceso creativo.

De cara a lo que resta del año, la vecina de Barrio Providencia —con pasado en Marqués de Sobremonte y Alberdi— planea una preescucha íntima y acústica de su nuevo material, buscando alejarse de la frialdad de lo digital con una estética «hecha a mano»,. Incluso, dejó abierta la puerta a colaboraciones futuras, lanzando una invitación pública durante la entrevista a Paz Carrara.

Con la mirada puesta en las noches de este fin de semana junto a los uruguayos de NTVG, Salma Nair demuestra que aquella niña, de manera muy certera, se dibujaba en su futuro.

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