Austria y Argentina, unidas por el grupo y por ¿la milanesa?

Mientras la Selección Argentina se prepara para enfrentar a Austria en el Mundial 2026, una de las comidas más populares de las mesas argentinas vuelve a poner el foco sobre un antiguo vínculo gastronómico entre ambos países.

El Wiener Schnitzel, una fina milanesa de ternera empanada y frita, es uno de los platos más emblemáticos de Austria.

El Wiener Schnitzel, una fina milanesa de ternera empanada y frita, es uno de los platos más emblemáticos de Austria.

La milanesa ocupa un lugar privilegiado en la gastronomía argentina. Está presente en bodegones, restaurantes, comedores escolares y hogares de todo el país. Sin embargo, detrás de este clásico cotidiano existe una historia que cruza continentes y que conecta a Argentina con Austria, el rival que la Selección enfrenta en una nueva fecha del Mundial 2026.

El origen de esta preparación suele generar debates entre historiadores gastronómicos. Aunque Italia reclama la autoría de la cotoletta alla milanese, una de las teorías más difundidas sostiene que el Wiener Schnitzel, plato emblemático de Austria, habría surgido a partir de una receta similar conocida en el norte italiano durante el siglo XIX.

Viena, la capital de Austria, es una ciudad mundialmente famosa por su rica herencia imperial, su legado como capital de la música clásica y su alta calidad de vida. Combina una arquitectura impresionante con una vida cultural vibrante, todo ello a orillas del río Danubio

Lo cierto es que el Wiener Schnitzel se convirtió en uno de los símbolos culinarios de Austria y guarda numerosas similitudes con la milanesa que hoy consumen millones de argentinos.

El Wiener Schnitzel, orgullo de Viena

Traducido literalmente como «escalope vienés», el Wiener Schnitzel consiste en una fina lámina de carne empanada y frita hasta lograr una textura crujiente y dorada.

La receta tradicional austríaca se prepara con carne de ternera, mientras que en Argentina predominan las versiones de nalga, cuadrada, peceto o pollo. Otra diferencia importante es que en Austria suele servirse acompañada por ensalada de papas, pepinos encurtidos o una rodaja de limón, mientras que en Argentina las papas fritas son casi inseparables del plato.

Pese a estas diferencias, ambos comparten la misma esencia: carne empanada, frita y servida como una comida simple, accesible y reconfortante.

Cómo llegó a Argentina

Las grandes corrientes migratorias europeas que arribaron al país entre fines del siglo XIX y principios del XX trajeron consigo costumbres, recetas y tradiciones culinarias que fueron adaptándose a los ingredientes locales.

Entre italianos, españoles, alemanes y austríacos, las preparaciones a base de carne empanada encontraron terreno fértil en una sociedad donde la carne vacuna era abundante y relativamente accesible.

Con el tiempo, la milanesa dejó de ser una receta importada para transformarse en un símbolo de identidad gastronómica nacional. La creatividad argentina sumó variantes que hoy son parte del patrimonio culinario popular: milanesa napolitana, a caballo, fugazzeta, rellena o acompañada con puré, ensaladas y papas fritas.

Actualmente, la oferta gastronómica específicamente austríaca no tiene una presencia extendida en Córdoba. Sin embargo, varios de los sabores característicos de ese país pueden encontrarse en establecimientos que trabajan con tradiciones culinarias alemanas y centroeuropeas.

En la ciudad de Córdoba, espacios como Checa, en Nueva Córdoba, y Bäckerhaus, en barrio General Paz, ofrecen preparaciones inspiradas en la gastronomía de Europa Central, donde no faltan las milanesas al estilo vienés, salchichas artesanales, strudels y otras recetas vinculadas a la tradición austríaca y alemana.

Para quienes buscan una experiencia más cercana a los sabores tradicionales, Villa General Belgrano continúa siendo uno de los principales destinos gastronómicos de la provincia. La localidad, reconocida por su herencia centroeuropea, cuenta con una amplia oferta de restaurantes, casas de té y cervecerías donde pueden encontrarse platos y postres inspirados en las cocinas austríaca y alemana.

La presencia de la gastronomía austríaca en Argentina también se expresa a través de experiencias culturales que buscan acercar las tradiciones del país europeo al público local. En San Isidro, provincia de Buenos Aires, Austria restaurante organiza periódicamente eventos temáticos que combinan cocina típica, música en vivo y propuestas vinculadas a la cultura austríaca. Una de ellas es la «Experiencia Austriaca», una cena especial que invita a recorrer los sabores del país a través de platos tradicionales y espectáculos musicales. En el marco del Mundial, el establecimiento también promovió encuentros para seguir los partidos en pantalla gigante, reforzando el vínculo entre gastronomía, cultura y deporte.

Mucho más que milanesas

La gastronomía austríaca ofrece una amplia variedad de platos que reflejan influencias centroeuropeas, húngaras, checas e italianas.

Entre las especialidades más reconocidas se encuentran el goulash austríaco, las salchichas wurst, el tafelspitz —un tradicional plato de carne hervida— y los postres que hicieron famosa a Viena en todo el mundo.

La Sachertorte, una torta de chocolate creada en el siglo XIX, y el Apfelstrudel, elaborado con manzanas y masa fina, son dos de los dulces más representativos del país.

Un partido que también se juega en la mesa

Los Mundiales suelen ser una oportunidad para conocer culturas a través del deporte. En esta ocasión, el cruce entre Argentina y Austria permite descubrir una curiosa conexión gastronómica que atraviesa generaciones.

Mientras la pelota rueda en la cancha, miles de argentinos probablemente seguirán el partido con una milanesa en el plato, sin imaginar que uno de los alimentos más queridos del país comparte raíces con una de las recetas más emblemáticas de Austria.

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