Ángel Rossi llamó a acompañar a las personas con adicciones «sin juzgar y con presencia»

El Arzobispo cinco ejes impulsados por el Pontífice para abordar las adicciones y destacó el trabajo de quienes acompañan a personas con consumos problemáticos.

Ángel Rossi llamó a acompañar a las personas con adicciones "sin juzgar y con presencia"

Ángel Rossi instó a reemplazar la prohibición por la educación para enfrentar las adicciones

Mientras participa en Roma del segundo consistorio convocado por el papa León XIV, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, envió un videomensaje a los participantes del 2° Congreso Arquidiocesano de Adicciones, que se desarrolla en la capital cordobesa con la organización de la Universidad Católica de Córdoba, la Pastoral de Adicciones Arquidiocesana, Cáritas Córdoba, la Familia Grande Hogar de Cristo y la Pastoral Nacional de Adicciones y Drogadependencia.

Al comenzar su mensaje, Rossi pidió disculpas por no poder asistir de manera presencial y explicó que su ausencia se debe a su participación en la reunión convocada por el Sumo Pontífice. «De corazón allí estaré y ahí estoy», expresó. El cardenal estructuró su intervención en torno a cinco lineamientos que, según explicó, el papa León XIV propone para abordar las adicciones y que, afirmó, «no hacen más que reforzar o confirmar» el trabajo que ya realizan quienes integran la pastoral.

El primer eje fue la educación para la libertad. «No basta con prohibir, hay que educar», sostuvo Rossi, al señalar que el desafío es ayudar a los jóvenes a descubrir el valor de la vida y elegir el bien en un contexto donde «casi diría que todo está permitido». En ese sentido, remarcó que la educación debe formar la conciencia y favorecer una libertad interior, entendida no como ausencia de normas sino como la capacidad de elegir responsablemente.

El segundo punto estuvo centrado en el acompañamiento con presencia y escucha. Para Rossi, el tratamiento de las adicciones «no comienza con la moralización sino con la presencia», mediante un acompañamiento atento, solidario y sin juicios. «Cada uno de los jóvenes clama por ayuda, por un sentido a su vida. A veces no lo hace directamente, pero ustedes saben muy bien que en el fondo de cada uno de ellos hay un clamor», afirmó.

Como tercer aspecto, el arzobispo hizo referencia a la necesidad de fortalecer la autoestima. «Sin raíces fuertes cualquier viento nos arrastra», señaló, al advertir que la baja autoestima y la inestabilidad emocional constituyen un terreno propicio para distintos tipos de adicciones. En esa línea, sostuvo que el desafío consiste en ayudar a que los jóvenes «se sientan necesarios, se sientan amados, independientemente del número de ‘me gusta’ que tengan».

El cuarto eje planteado por Rossi fue llenar el vacío con bondad, mediante la creación de espacios de desarrollo, trabajo, deporte, educación y espiritualidad que ofrezcan alternativas concretas. «La cura definitiva para la adicción no reside en la soledad, sino en las relaciones«, afirmó, al destacar la importancia de construir comunidades que prioricen la solidaridad por encima del individualismo.

Finalmente, el cardenal hizo hincapié en el fundamento espiritual como parte del proceso de recuperación. Citando al papa León XIV, aseguró que «ninguna terapia será eficaz si carece de un fundamento espiritual» y remarcó que «todo ser humano, incluso el más esclavizado, es capaz de transformarse». «Tenemos que ayudarlos, tenemos que creer que pueden cambiar. Si no, sería irracional; estaríamos traicionándolos a ellos y a nosotros mismos«, expresó.

En el tramo final de su mensaje, Rossi renovó el agradecimiento a quienes trabajan en el acompañamiento de personas con consumos problemáticos y retomó un concepto que ya había planteado en la edición anterior del congreso: la vocación de ser «sanadores» y «hombres y mujeres que cuidan de los dolientes».

Antes de despedirse, el arzobispo reconoció que la tarea suele estar atravesada por dificultades, recaídas y resultados que muchas veces no son los esperados, pero alentó a los participantes a perseverar. «En cada uno de nuestros jóvenes va el corazón. Uno solo de ellos ya merece, ya vale todo lo que se hace», concluyó.

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